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Nunca pensé que un
barrio hiciera tanto
honor a su nombre. La
Habana toda era una
tarde con nubes de polvo
y calor este domingo que
recién termina. Muchos
nos fuimos hasta El
Fanguito, a la orilla
del Almendares, a mitad
de camino, justo donde
las calles y su polvo
convergen.
Sin embargo, puntual
como el trovador llegó
también la lluvia,
aparecieron los
paraguas, las
sombrillas, los colores
y apareció además la luz
en la voz y la dulzura
de Omara, quien
compartió con los
vecinos la alegría de
cantar bajo el aguacero
feliz que jamás pudo
calmar el temblor con
que a mi lado un bello
anciano acompañaba sus
lágrimas cuando
entonaban “20 años”.
Cada quien guarda su
poco de amor y Silvio se
encargó esta tarde noche
de multiplicarlo.
Para los que comenzamos
a teñir canas, fue un
concierto ligado a
nuestro lado izquierdo,
recuerdos de
Escalinatas, Festivales
de Varadero, San Antonio
de los Baños, Parque
Almendares. Fue
revisitar la juventud
volátil, las ganas de
haber visto nacer
canciones. Nunca
olvidaremos el
privilegio de ver el dúo
inédito de Omara y
Silvio susurrándonos
“Demasiado”. Será
imposible a partir de
ahora imaginar “La Era…”
a menos que sea a esas
dos voces tan ligadas
precisamente desde el
parto de aquella
canción.
Siempre existirá el
deseo de repetir.
Tenemos motivos varios
para dar gracias. Su
pueblo reconoce, intuye
y jamás se equivoca,
sabe que Omara y Silvio
son dos de sus grandes,
que son arropados por
multitudes, que
revientan los estadios,
teatros, salas con
nombre. Esta vez los
camerinos fueron
humildísimas casas de
familias y los carteles
con que los recibieron
decían GRACIAS en todos
los idiomas. Llevarán
con ellos esa certeza de
sentirlos sus artistas,
suyos para siempre, los
que vinieron a
cantarles, no con
escenografía fastuosa,
sino con la única
posible: su bandera.
Jamás olvidarán, estoy
segura, el coro alado y
mojado que supo de
memoria “Lágrimas
Negras” y “Te doy una
canción”.
El polvo de este domingo
sucumbió bajo el
aguacero feliz. Haciendo
honor a su nombre El
Fanguito se llenó de
fango y, sin embargo,
terminamos todos
evocando la alegría y
teniendo la certeza de
que este Fanguito nos
devolvió más limpios y
mejores a la noche del
domingo. |