La Habana. Año X.
2 al 8 de JULIO de 2011

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         Manuel Corona

El cantor de las mujeres

Ariel Lemes • La Habana

Les cantó a Mercedes, a Alfonsa, a Adriana, a Aurora, a Dora, a Rosa, a Yoya, a Julia, a Carmela, a Gela, a Graciela… También a la coqueta, a la sitiera, a la prieta suya, pero, sin duda, de entre todas las mujeres fue a Longina y a Cecilia, la Santa, a quienes más amó.  

El compositor y guitarrista Manuel Corona Raimundo nació en Caibarién, en la antigua provincia de Las Villas, el 17 de junio de 1880. 

Con el primer dinero que ganó como tabaquero, siendo un adolescente, le dijo a su madre que se compraría una guitarra. Con esta misma, años después, trabajó como guitarrista y compositor en una agrupación sonera de los barrios de La Habana y participó en la fundación de uno de los primeros sextetos habaneros de son, factores que le permitieron adquirir conocimientos imprescindibles para su obra musical.

 

Conocedor del espíritu trovadoresco que vivía Santiago de Cuba, viajó en 1902 a esa ciudad. Allí, en plena calle frente al hotel Colón, aquel joven impresionó con sus acordes a tres distinguidos músicos. Con su guitarra en la mano tocó y cantó algunos boleros propios. Entre ellos la pieza “Doble inconciencia”, que inauguró su producción musical en 1890.

 

A partir de ese momento fue reconocido su talento por los trovadores santiagueros José (Pepe) Sánchez, Manuel Delgado Garbey y José (Pepe) Bandera Herrera. 

El propio Corona reconoció tiempo después: “Yo componía por natural inspiración, porque me salían las canciones”. Como guitarrista integró varios sextetos de son de La Habana. Asimismo grabó sones con la actriz y cantante Hortensia Valerón. 

Fue dueño de una particular técnica guitarrística. Al respecto, Vicente González-Rubiera (Guyún) expresó en 1986: “Era del todo anárquica. Pulsaba todas las cuerdas con el dedo índice de la mano derecha, violando así lo preescrito para la disciplina de esta mano. No obstante haber violado la técnica de la mano derecha, pulsaba con precisión y seguridad sus arpegios y acordes. Asimismo resultaba sorprendente la limpieza y volumen de sonido que brotaba de su guitarra. Concluyendo, su técnica guitarrística era exclusivamente personal”1.  

Cantaba como voz prima con mayor frecuencia. Cuando hacía de segunda, empleaba correctamente la armonía, a la vez que su timbre era brillante en esa tesitura.  

Radamés Giro en su Diccionario enciclopédico de la música cubana argumenta que Manuel Corona debe ser considerado como uno de los cinco grandes de la trova raíz o trova tradicional junto con Patricio Ballagas, Sindo Garay, Rosendo Ruiz Suárez y Alberto Villalón, porque: “sobresale por sus melodías muy bien hilvanadas y ricamente armonizadas, y por el segundo que hacía; eso se da en aquellos creadores que nacen con esa vena armónica, los acordes de tres y cuatro sonoridades, en las que al cantar primo y segundo, hay que escoger dos nada más. Entonces, el buen armonista, al hacer el segundo, busca las notas más significativas e importantes de la armonía, que puede ser de cuatro sonidos o acordes, y él busca, entre las cuatro, la mejor para ponerla en la segunda voz que armoniza al primo. Esto puede apreciarse en una de sus canciones más profundas: ‘Santa Cecilia’”2

En 1908 escribió “Mercedes”, la canción con la que alcanzó popularidad. Le siguió el tema “Sancti Spíritus”. Con “No es Mercedes” dio inicio a una de sus características como compositor y que, a su vez, fue adaptada por otros; así contestó canciones de otros trovadores: cuando escuchó la canción “Merceditas”, de Sindo Garay, Corona le respondió con “Última palabra a Mercedes”.  

“Longina” es su obra más conocida. Mientras, “Santa Cecilia” devino pieza clásica del cancionero cubano. En ella el trovador recurrió a un lenguaje establecido por la tradición literaria. En otras canciones ―algunas guarachas, sones e inclusive boleros― la vigorosa presencia de modos de expresión popular patentiza la originalidad del arte poético del trovador. 
 

“Por tu simbólico nombre de Cecilia

Tan supremo que es genio musical,

Por tu simpático rostro de africana, canelado

Do se admiran

Los matices de un vergel,

Y por tu talle de arabesca diosa indiana

Que es modelo de escultura del imperio terrenal,

Ha surgido del alma y de la lira

Del bardo que te canta, como homenaje fiel,

Este cantar cadente, este arpegio armonioso

A la linda Cecilia, bella y feliz mujer.

Las lánguidas miradas de tus profundos ojos,

Que dicen los misterios del reino celestial,

Y el sencillo detalle de amor provocativo

De tus ebúrneos senos y de tu cuerpo gentil,

Yo no sé qué provoca el conjunto armonioso,

Tu belleza imperiosa, tu virtud femenil,

Que me siento encantado y la mente inspirada

De afecto y de ilusión, por ti, Santa Cecilia,

La más primorosa mujer virginal.”  
 

Giro afirma que “Desde el punto de vista musical en esta canción podemos apreciar la figuración melódica, las progresiones, elementos técnicos que fueron manejados por Corona, por intuición, sin perder en ningún momento la sintaxis musical; la armonía es justa y acertada tanto en los acordes tonales, como en los extratonales, por lo que sus resoluciones son correctas. Sin embargo, los procesos modulatorios, que pocas veces utilizaba, eran discretos. Intuitivamente conocía los límites de los límites de la seguridad tonal. En las canciones ―genéricamente consideradas― de Corona, escritas especialmente entre 1910 y 1920, mucho se hace sentir la influencia del notable trovador camagüeyano Patricio Ballagas [...], sobre todo en aquellas que presentan o se desarrollan en el estilo compasillo…”3

La presencia del estilo trovadoresco de Ballagas se evidencia con claridad en “Longina” ySanta Cecilia”. Los dúos de Tata Villegas y Pancho Majagua, Floro y Miguel, Nano y Bienvenido León, Adolfo Colombo y Juan de la Cruz, Adolfo Colombo y Regino López (con Alberto Villalón como guitarrista), Hermano Enrizo, Ana María García y René Allué, las Hermanas Martí y las Hermanas Junco, fueron de los célebres intérpretes cubanos que cantaron sus obras. Pero fue en la voz y el estilo de María Teresa Vera en dúo con Rafael Zequeira primero, y con Lorenzo Hierrezuelo después, donde estas alcanzaron rotunda popularidad.  

El bardo villaclareño enriqueció la música popular cubana con el cultivo de otros géneros como la guaracha costumbrista. Para Odilio Urfé: “Las tres guarachas, escritas en compás de 2/4 ―todavía hasta ese momento se escribían mayoritariamente en 6/8― inspiraron sus correspondientes danzones”4

Corona fue el primer trovador que asimiló el son oriental una vez que el danzón “El bombín de Barreto”, de José Urfé, lo integró a este género como parte final. En su visita a Santiago de Cuba conoció el cadencioso estilo músico-danzario del son oriental y fue tan de su gusto que lo incorporó a sus futuras composiciones. 

Entre las obras de Corona están los boleros “Adriana”, “Alfonsina”, “Amor eterno”, “Así lo quiso Dios”, “Aurora”, “Ave viajera”, “Disipación”, “Doble inconciencia”, “Dora”, “Fuga de amor”, “La coqueta”, “La sitiera”, “Las flores del Edén”, “Mi pecho y mi alma”, “No tienes corazón”, “Prieta mía”, “Rosa mía”, “Yoya” y “Tú y yo”.  

Escribió varias canciones como “Tortura del alma” (bolero-capricho), “Una mirada” (canción a dos letras),Animada”, “Contrapunto”, “La Alfonsa” (canción-bolero),Extracto de timidez”, “Guitarra mía”, “Julia”, “Pasionaria de mi vida”, “Recuerdo a Caibarién” (clave), y “Reverso de Mercedes”. Criollas:Carmela”, “Contestación a Gela amada”, “Graciela”, “Mercedes”. “Acelera, Ñico, acelera”, “El servicio obligatorio”, “La choricera”, “Récord de amor en un año”, se titulan sus guarachas.  

En la canción patrióticaPobre Cuba”, Manuel Corona se dolió por la realidad que vivía su patria por la ocupación militar yanqui:
 

¡Pobre Cuba, patriotas cubanos, pobre nación!

Los guerreros que sucumbieron su tiempo perdieron

De Maceo y Martí de recuerdo queda el nombre

Pues todo lo ha destruido la ambición de algunos

Hombres sin compasión […].

Si los mártires vivieran, vivieran arrepentidos

Y avergonzados, al ver que la tiranía

Y la explotación es lo que impera

Hoy día en esta pobre nación.
 

El legado artístico de Manuel Corona quedó resumido por el propio Urfé de la siguiente manera:  

1. “Entre 1900 y 1920 Corona realizó su producción más fecunda y genéricamente variada. 

2. “Por la amplia gama genérica que cultivó: canciones, claves, bambucos, criollas, habaneras, guaracha-son, sones, boleros, rumbas, valses, romanzas, preludios (líricos), plegarias, tangos (década de 1920), blues y cuatro danzones. 

3. “Fue el trovador de la canción que más canciones le inspiraron las mujeres, con un total de 80. Pero compuso también decenas de canciones exaltando las virtudes personales de amigos, niños, médicos, enfermeras, así como de carácter patriótico, sátira política y crítica social. 

4. “Hizo de las contestaciones una especialidad en la que ningún trovador lo igualó. 

5. “Si su estro musical ha sido evaluado como de calidad superior, por la más docta musicóloga cubana, el poético espera por la atención de nuestros especialistas. Corona es, entre los grandes de la trova de la canción cubana clásica, el que más textos poéticos escribió originalmente para sus canciones.”5 

Murió el 9 de enero de 1950 de hambre y frío, en la más extrema pobreza, mientras dormía en la trastienda del bar Jaruquito, en Marianao, La Habana. La vida bohemia y la fama no le proporcionaron riquezas. Los conductores de ómnibus de la ruta 32, de la capital cubana, organizaron una colecta y con el dinero obtenido pagaron para velar sus restos en la funeraria San José. La Sociedad de Trovadores llevó su cadáver para la sede de esa institución. Al día siguiente fue su entierro en el cementerio Colón. La despedida de duelo estuvo a cargo del reconocido músico Gonzalo Roig.  

Los caibarienenses decidieron trasladar sus cenizas al cementerio de la ciudad que lo vio nacer. Querían tener cerca la última morada del trovador villaclareño para homenajearlo como merecía. El 14 de septiembre de 1968 sus restos fueron velados nuevamente en La Habana. Al día siguiente el cortejo fúnebre recibió honores del pueblo y de trovadores de todo el país. La Academia de Música de Caibarién recibió a Corona con cantos de piezas antológicas de la trova tradicional, muchas de ellas las compuestas por él.  

Un desfile popular encabezado por canciones y ofrendas florales de los trovadores y admiradores de obra trasladó sus restos al cementerio local, en la mañana del 16. En un pequeño osario, sobre el regazo de una hermosa joven escogida por su nombre, Longina, como el de la canción que lo inmortalizó, llegó Manuel Corona a la bóveda más antigua de la necrópolis.

 

Notas: 

1. Vicente González-Rubiera (Guyún): “Manuel Corona Raimundo” Testimonio, 1986.

2. Radamés Giro: Diccionario enciclopédico de la música cubana, T. 1, Ed. Letras Cubanas, La Habana, p. 259.

3. Ibídem, p. 257.

4. Ibídem, p. 258.

5. Odilio Urfé: “Cuerdas de Corona”, en Bohemia, La Habana. No. 43, 23 de octubre de 1987, pp. 15-18 


Bibliografía:
 

Calderón González, Jorge: “Manuel Corona, trascender en el tiempo”, en Revolución y Cultura, No. 92, La Habana, abril de 1980, pp. 10-14 

González-Rubiera, Vicente (Guyún): “Manuel Corona Raimundo”, Testimonio, 1986 (Archivo de Radamés Giro).  

Fernández, Olga: “Manuel Corona: autor de réplicas”, en Revolución y Cultura, No. 2, La Habana, febrero de 1980, pp. 56-57 

Giro, Radamés: Diccionario enciclopédico de la música cubana, T. 1, Ed. Letras Cubanas, La Habana, 2002. 

Mateo Palmer, Margarita: Del bardo que te canta, Ed. Letras Cubanas, La Habana, 1988. 

Martínez, Ezequiel: “Sindo, Corona y Cardona”, en Juventud Rebelde, La Habana, 6 de abril de 1966, p. 6. 

Urfé, Odilio: “Cuerdas de Corona”, en Bohemia, No. 43, La Habana, 23 de octubre de 1987. pp. 15-18

 
 
 
 
   
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