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Les cantó a Mercedes, a Alfonsa, a Adriana, a
Aurora, a Dora, a Rosa,
a Yoya, a Julia, a
Carmela, a Gela, a
Graciela… También a la
coqueta, a la sitiera, a
la prieta suya, pero,
sin duda, de entre todas
las mujeres fue a
Longina y a Cecilia, la
Santa, a quienes más
amó.
El compositor y
guitarrista Manuel
Corona Raimundo nació en
Caibarién, en la antigua
provincia de Las Villas,
el 17 de junio de 1880.
Con el primer dinero que
ganó como tabaquero,
siendo un adolescente,
le dijo a su madre que
se compraría una
guitarra. Con esta
misma, años después,
trabajó como guitarrista
y compositor en una
agrupación sonera de los
barrios de La Habana y
participó en la
fundación de uno de los
primeros sextetos
habaneros de son,
factores que le
permitieron adquirir
conocimientos
imprescindibles para su
obra musical.
Conocedor del espíritu
trovadoresco que vivía
Santiago de Cuba, viajó
en 1902 a esa ciudad.
Allí, en plena calle
frente al hotel Colón,
aquel joven impresionó
con sus acordes a tres
distinguidos músicos.
Con su guitarra en la
mano tocó y cantó
algunos boleros propios.
Entre ellos la pieza
“Doble inconciencia”,
que inauguró su
producción musical en
1890.
A partir de ese momento
fue reconocido su
talento por los
trovadores santiagueros
José (Pepe) Sánchez,
Manuel Delgado Garbey y
José (Pepe) Bandera
Herrera.
El propio Corona
reconoció tiempo
después: “Yo componía
por natural inspiración,
porque me salían las
canciones”. Como
guitarrista integró
varios sextetos de son
de La Habana. Asimismo
grabó sones con la
actriz y cantante
Hortensia Valerón.
Fue dueño de una
particular técnica
guitarrística. Al
respecto, Vicente
González-Rubiera (Guyún)
expresó en 1986: “Era
del todo anárquica.
Pulsaba todas las
cuerdas con el dedo
índice de la mano
derecha, violando así lo
preescrito para la
disciplina de esta mano.
No obstante haber
violado la técnica de la
mano derecha, pulsaba
con precisión y
seguridad sus arpegios y
acordes. Asimismo
resultaba sorprendente
la limpieza y volumen de
sonido que brotaba de su
guitarra. Concluyendo,
su técnica guitarrística
era exclusivamente
personal”1.
Cantaba como voz prima
con mayor frecuencia.
Cuando hacía de segunda,
empleaba correctamente
la armonía, a la vez que
su timbre era brillante
en esa tesitura.
Radamés Giro en su
Diccionario
enciclopédico de la
música cubana
argumenta que Manuel
Corona debe ser
considerado como uno de
los cinco grandes de la
trova raíz o trova
tradicional junto con
Patricio Ballagas, Sindo
Garay, Rosendo Ruiz
Suárez y Alberto
Villalón, porque:
“sobresale por sus
melodías muy bien
hilvanadas y ricamente
armonizadas, y por el
segundo que hacía; eso
se da en aquellos
creadores que nacen con
esa vena armónica, los
acordes de tres y cuatro
sonoridades, en las que
al cantar primo y
segundo, hay que escoger
dos nada más. Entonces,
el buen armonista, al
hacer el segundo, busca
las notas más
significativas e
importantes de la
armonía, que puede ser
de cuatro sonidos o
acordes, y él busca,
entre las cuatro, la
mejor para ponerla en la
segunda voz que armoniza
al primo. Esto puede
apreciarse en una de sus
canciones más profundas:
‘Santa Cecilia’”2.
En 1908 escribió
“Mercedes”, la canción
con la que alcanzó
popularidad. Le siguió
el tema “Sancti
Spíritus”. Con
“No es Mercedes” dio
inicio a una de sus
características como
compositor y que, a su
vez, fue adaptada por
otros; así contestó
canciones de otros
trovadores: cuando
escuchó la canción
“Merceditas”, de Sindo
Garay, Corona le
respondió con “Última
palabra a Mercedes”.
“Longina” es su obra más
conocida. Mientras,
“Santa Cecilia” devino
pieza clásica del
cancionero cubano. En
ella el trovador
recurrió a un lenguaje
establecido por la
tradición literaria. En
otras canciones ―algunas
guarachas, sones e
inclusive boleros― la
vigorosa presencia de
modos de expresión
popular patentiza la
originalidad del arte
poético del trovador.
“Por tu simbólico nombre
de Cecilia
Tan supremo que es genio
musical,
Por tu simpático rostro
de africana, canelado
Do se admiran
Los matices de un
vergel,
Y por tu talle de
arabesca diosa indiana
Que es modelo de
escultura del imperio
terrenal,
Ha surgido del alma y de
la lira
Del bardo que te canta,
como homenaje fiel,
Este cantar cadente,
este arpegio armonioso
A la linda Cecilia,
bella y feliz mujer.
Las lánguidas miradas de
tus profundos ojos,
Que dicen los misterios
del reino celestial,
Y el sencillo detalle de
amor provocativo
De tus ebúrneos senos y
de tu cuerpo gentil,
Yo no sé qué provoca el
conjunto armonioso,
Tu belleza imperiosa, tu
virtud femenil,
Que me siento encantado
y la mente inspirada
De afecto y de ilusión,
por ti, Santa Cecilia,
La más primorosa mujer
virginal.”
La presencia del estilo
trovadoresco de Ballagas
se evidencia con
claridad en “Longina”
y “Santa
Cecilia”. Los dúos de
Tata Villegas y Pancho
Majagua, Floro y Miguel,
Nano y Bienvenido León,
Adolfo Colombo y Juan de
la Cruz, Adolfo Colombo
y Regino López (con
Alberto Villalón como
guitarrista), Hermano
Enrizo, Ana María García
y René Allué, las
Hermanas Martí y las
Hermanas Junco, fueron
de los célebres
intérpretes cubanos que
cantaron sus obras. Pero
fue en la voz y el
estilo de María Teresa
Vera en dúo con Rafael
Zequeira primero, y con
Lorenzo Hierrezuelo
después, donde estas
alcanzaron rotunda
popularidad.
El bardo villaclareño
enriqueció la música
popular cubana con el
cultivo de otros géneros
como la guaracha
costumbrista. Para
Odilio Urfé: “Las tres
guarachas, escritas en
compás de 2/4 ―todavía
hasta ese momento se
escribían
mayoritariamente en 6/8―
inspiraron sus
correspondientes
danzones”4.
Corona fue el primer
trovador que asimiló el
son oriental una vez que
el danzón “El bombín de
Barreto”, de José Urfé,
lo integró a este género
como parte final. En su
visita a Santiago de
Cuba conoció el
cadencioso estilo
músico-danzario del son
oriental y fue tan de su
gusto que lo incorporó a
sus futuras
composiciones.
Entre las obras de
Corona están los boleros
“Adriana”, “Alfonsina”,
“Amor eterno”, “Así lo
quiso Dios”, “Aurora”,
“Ave viajera”,
“Disipación”, “Doble
inconciencia”, “Dora”,
“Fuga de amor”, “La
coqueta”, “La sitiera”,
“Las flores del Edén”,
“Mi pecho y mi alma”,
“No tienes corazón”,
“Prieta mía”, “Rosa
mía”, “Yoya” y “Tú y
yo”.
Escribió varias
canciones como “Tortura
del alma”
(bolero-capricho),
“Una mirada”
(canción a dos letras),
“Animada”,
“Contrapunto”, “La
Alfonsa”
(canción-bolero), “Extracto
de timidez”, “Guitarra
mía”, “Julia”,
“Pasionaria de mi vida”,
“Recuerdo a Caibarién”
(clave), y “Reverso de
Mercedes”. Criollas:
“Carmela”,
“Contestación a Gela
amada”, “Graciela”,
“Mercedes”. “Acelera,
Ñico, acelera”, “El
servicio obligatorio”,
“La choricera”, “Récord
de amor en un año”, se
titulan sus guarachas.
En la canción patriótica
“Pobre Cuba”,
Manuel Corona se dolió
por la realidad que
vivía su patria por la
ocupación militar
yanqui:
“¡Pobre Cuba,
patriotas cubanos, pobre
nación!
Los guerreros que
sucumbieron su tiempo
perdieron
De Maceo y Martí de
recuerdo queda el nombre
Pues todo lo ha
destruido la ambición de
algunos
Hombres sin compasión
[…].
Si los mártires
vivieran, vivieran
arrepentidos
Y avergonzados, al ver
que la tiranía
Y la explotación es lo
que impera
Hoy día en esta pobre
nación.”
El legado artístico de
Manuel Corona quedó
resumido por el propio
Urfé de la siguiente
manera:
1. “Entre 1900 y 1920
Corona realizó su
producción más fecunda y
genéricamente variada.
2. “Por la amplia gama
genérica que cultivó:
canciones, claves,
bambucos, criollas,
habaneras, guaracha-son,
sones, boleros, rumbas,
valses, romanzas,
preludios (líricos),
plegarias, tangos
(década de 1920),
blues y cuatro
danzones.
3. “Fue el trovador de
la canción que más
canciones le inspiraron
las mujeres, con un
total de 80. Pero
compuso también decenas
de canciones exaltando
las virtudes personales
de amigos, niños,
médicos, enfermeras, así
como de carácter
patriótico, sátira
política y crítica
social.
4. “Hizo de las
contestaciones una
especialidad en la que
ningún trovador lo
igualó.
5. “Si su estro musical
ha sido evaluado como de
calidad superior, por la
más docta musicóloga
cubana, el poético
espera por la atención
de nuestros
especialistas. Corona
es, entre los grandes de
la trova de la canción
cubana clásica, el que
más textos poéticos
escribió originalmente
para sus canciones.”5
Murió el 9 de enero de
1950 de hambre y frío,
en la más extrema
pobreza, mientras dormía
en la trastienda del bar
Jaruquito, en Marianao,
La Habana. La vida
bohemia y la fama no le
proporcionaron riquezas.
Los conductores de
ómnibus de la ruta 32,
de la capital
cubana, organizaron una
colecta y con el dinero
obtenido pagaron para
velar sus restos en la
funeraria San José. La
Sociedad de Trovadores
llevó su cadáver para la
sede de esa institución.
Al día siguiente fue su
entierro en el
cementerio Colón. La
despedida de duelo
estuvo a cargo del
reconocido músico
Gonzalo Roig.
Los caibarienenses
decidieron trasladar sus
cenizas al cementerio de
la ciudad que lo vio
nacer. Querían tener
cerca la última morada
del trovador
villaclareño para
homenajearlo como
merecía. El 14 de
septiembre de 1968 sus
restos fueron velados
nuevamente en La Habana.
Al día siguiente el
cortejo fúnebre recibió
honores del pueblo y de
trovadores de todo el
país. La Academia de
Música de Caibarién
recibió a Corona con
cantos de piezas
antológicas de la trova
tradicional, muchas de
ellas las compuestas por
él.
Un desfile popular
encabezado por canciones
y ofrendas florales de
los trovadores y
admiradores de obra
trasladó sus restos al
cementerio local, en la
mañana del 16. En un
pequeño osario, sobre el
regazo de una hermosa
joven escogida por su
nombre, Longina, como el
de la canción que lo
inmortalizó, llegó
Manuel Corona a la
bóveda más antigua de la
necrópolis.
Notas:
1.Vicente
González-Rubiera (Guyún):
“Manuel Corona Raimundo”
Testimonio, 1986.
5. Odilio Urfé: “Cuerdas
de Corona”, en
Bohemia, La Habana.
No. 43, 23 de octubre de
1987, pp. 15-18
Bibliografía:
Calderón González,
Jorge: “Manuel Corona,
trascender en el
tiempo”, en
Revolución y Cultura,
No. 92, La Habana, abril
de 1980, pp. 10-14
González-Rubiera,
Vicente (Guyún): “Manuel
Corona Raimundo”,
Testimonio, 1986
(Archivo de Radamés
Giro).
Fernández, Olga: “Manuel
Corona: autor de
réplicas”, en
Revolución y Cultura,
No. 2, La Habana,
febrero de 1980, pp.
56-57
Giro, Radamés:
Diccionario
enciclopédico de la
música cubana, T. 1,
Ed. Letras Cubanas, La
Habana, 2002.
Mateo Palmer, Margarita:
Del bardo que te
canta, Ed. Letras
Cubanas, La Habana,
1988.
Martínez, Ezequiel:
“Sindo, Corona y
Cardona”, en Juventud
Rebelde, La Habana,
6 de abril de 1966, p.
6.
Urfé, Odilio: “Cuerdas
de Corona”, en
Bohemia, No. 43, La
Habana, 23 de octubre de
1987. pp. 15-18 |