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Con nosotros, en
momentos en que hay que
hablar de la cultura y
de las proyecciones del
pensamiento en nuestro
país, el Doctor Alfredo
Guevara, un joven
permanente entre los
jóvenes y siempre
proyectando hacia el
futuro nuestro
pensamiento; el querido
ministro, Abel Prieto,
que ha llevado esta
bandera de la cultura
durante tantos años; el
Doctor
Roberto Fernández
Retamar, que también ha
sido para todos nosotros
un maestro durante
muchos años y esperamos
que siga siéndolo. A
todos los demás, no
quiero obviar nombres
importantes, pero los
incluyo en estas
palabras de bienvenida.
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La Biblioteca Nacional
fue escogida hace 50
años para un encuentro
que tendría una
trascendencia que estoy
seguro de que en aquel
momento no se valoraba
como resultó
posteriormente. Era un
encuentro para discutir
sobre la cultura, para
discutir los problemas
que había hace 50 años.
Lo mejor de aquel
momento —trato de
recordar— fue la enorme
cantidad de propuestas,
de ideas que estaban en
el debate entre todos,
la proporción de
proyectos personales y a
veces aún no totalmente
colectivos que se
estaban debatiendo en
aquel momento. Creo que
si las “Palabras a los
intelectuales” tuvieron
tal profundidad, fue por
la profundidad del
debate que entonces se
suscitó.
Cincuenta años después,
en el mes de febrero, en
la reunión a que hacía
referencia Morlote,
Retamar pidió un poco
este encuentro y hacía
una referencia que
quiero traer aquí: decía
que los más jóvenes de
los asistentes entonces
eran
Miguel Barnet, con
24 años, y él, con 29.
Hablamos de jóvenes que
estaban en la década de
los años 20. Hacía la
observación, en aquel
momento, sobre la
importancia que tenían
los jóvenes que están
hoy en esa década de la
vida.
La idea de este
intercambio la veo no
solo como un
recordatorio de esas
“Palabras a los
intelectuales”, sino
como un reto para los
jóvenes de hoy, que
—como decía Morlote y lo
acompaño en esa idea—
son jóvenes de ideas,
jóvenes de pensamiento,
los jóvenes que tienen
que proponer el futuro
de nuestro país en el
debate actual y en el
momento actual, uno de
los más difíciles de la
historia de la
humanidad.
En aquel encuentro con
Fidel, justamente lo que
él recalcaba era este
momento que estamos
viviendo, un momento en
el que el pensamiento
tiene retos como nunca
antes los ha tenido; un
momento en el que se
está debatiendo el
futuro mismo de la
historia de la
humanidad, y nosotros,
en particular, estamos
debatiendo el futuro
mismo de nuestra
Revolución, de nuestro
proyecto social y
político. Cuando digo
proyecto me refiero a la
idea de cambio, de
desarrollo y a la
necesidad de pensar en
cómo hacerlo. Creo que
ese es el reto que
nuestro gobierno,
nuestro Partido, está
asumiendo en estos
momentos. Y nunca pudo
ser mejor esta reunión
que nos convoca el
recuerdo de hace 50
años, para pensar hoy
con la misma osadía con
que pensaron y pensó
Fidel en aquel momento.
Creo que lo que tenemos
en estos momentos
delante, en el día de
hoy, es una reflexión no
solo de lo que pasó,
sino la incidencia de lo
que pasó en lo que debe
pasar, en lo que debemos
hacer, en lo que debemos
pensar, en lo que
debemos promover, lanzar
hacia el futuro como
garantía de un proyecto
que todavía está en
germen, que todavía se
está pensando y que
todavía requerirá
cambios, que es lo único
que estaba en las
“Palabras a los
intelectuales”.
Siempre les he temido a
las frases fuera de
contexto. De ese
discurso, todo el mundo
repite solo una frase,
pero el contexto en que
fue dicha esta frase es
muy importante y estoy
seguro de que los
panelistas —la
Biblioteca y todos los
que estamos aquí nos
sentimos honrados con un
panel de este calibre—
van a profundizar más en
el contenido de este
discurso. Pero yo lo
estaba leyendo otra vez
y, cuando uno lee
periódicamente,
encuentra nuevas cosas.
No porque haya nuevas
cosas en los textos,
sino porque uno adquiere
una madurez y ve otras
cosas que no vio antes.
Diría que es un discurso
de una validez hoy, como
en aquel entonces. Es un
discurso que reta a
pensar, reta a crear,
reta a crecer, que es la
palabra que en el fondo
estaba en ese discurso.
Quiero, a nombre de la
Biblioteca Nacional, a
nombre de los que con
tanto cuidado estamos
tratando de preservar el
patrimonio de nuestro
país —este lugar que
para nosotros es el
templo de nuestra
cultura, la catedral de
la cultura cubana—
darles la bienvenida y
sentir el orgullo que
pueden sentir todos los
bibliotecarios de esta
institución, porque en
este lugar haya nacido
un pensamiento, un
proyecto como el que se
debatió en aquellos
días. Y el orgullo sería
mayor si hoy también
naciera una propuesta de
pensamiento —no quiero
decir en el día—, pero
sí que seamos capaces de
acoger de nuevo el reto
y lanzarlo con todas las
fuerzas que se requiere
en estos momentos.
Muchas gracias.
Palabras de bienvenida
del Director de la
Biblioteca Nacional José
Martí a los
participantes en la
conmemoración por los 50
años de “Palabras a los
intelectuales”, el 30 de
junio de 2011. |