La Habana. Año X.
2 al 8 de JULIO de 2011

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Una decena de Siemprevivas

Cira Romero • La Habana

Cuba ha sido, a lo largo de su historia, un país donde sus más connotados intelectuales se han distinguido por una marcada vocación revistera. Recordemos, a grandes rasgos y solo a modo de ejemplos, del siglo xix, a Félix Varela con El Habanero (1824-1825); Domingo del Monte y su La Moda o Recreo Semanal del Bello Sexo (1829-1831); la Revista de La Habana (1853-1857), forjada por Rafael María de Mendive; la Revista Habanera (1861-1863), a cargo de Juan Clemente Zenea, con la colaboración de Enrique Piñeiro; José Martí con La Edad de Oro (1889) y Manuel Sanguily con su unipersonal Hojas Literarias (1893-1894), sin contar otras muchas de singular importancia, pero de vida efímera. En el siglo xx el fervor se mantiene: Cuba Contemporánea (1913-1927),  que nucleó a figuras como José Antonio Ramos, Alfonso Hernández Catá y Carlos Loveira, miembros de la llamada Primera Generación Republicana; Revista de Avance (1927-1930), con Carpentier, Marinello, Mañach y otros; Revista Cubana (1935-1957), fundada por José María Chacón y Calvo; Mediodía (1936-1939), que reunió a figuras como Nicolás Guillén y Carlos Rafael Rodríguez; Gaceta del Caribe (1944), cuyo comité editor estuvo integrado por José Antonio Portuondo y Mirta Aguirre, entre otros, y Orígenes (1944-1956), en manos de su fundador y director, José Lezama Lima, unido a la eficaz labor de promoción y financiera gestada por José Rodríguez Feo, alguien que aún requiere de valoración y estudio.

Tras el triunfo revolucionario, Casa de las Américas, La Gaceta de Cuba, Signos. En la expresión de los pueblos, Revolución y Cultura y otros muchos títulos más, buena parte de ellos surgidos fuera del área capitalina. A estos títulos ha venido a sumarse La Siempreviva, dirigida por el Premio Nacional de Literatura Reynaldo González, cuyo título retoma el de la fundada en 1838 por un hombre fundacional de la cultura cubana, Antonio Bachiller y Morales, aunque el adoptado por la que ahora acaba de reunir sus primeros diez números —el primero apareció en el año 2007— no intenta hacer resurgir la del xix. Al aparecer La Siempreviva del siglo xxi su director advirtió:

“Nace una revista literaria”, expresaba que “aparecía con el objetivo de participar en el ya nutrido diálogo de nuestros escritores y lectores. Evoca y rinde homenaje a un título del siglo xix, creación del gran bibliógrafo Antonio Bachiller y Morales, pero su vocación no es decimonónica. Se adscribe a una línea de la cultura cubana que si en aquella centuria alcanzó su definición augural, mantuvo una visión porvenirista. Estas páginas se ofrecen a una comprensión inclusiva y respetuosa de las diversidades, para un enriquecimiento que no enflaquezca el panorama con caprichos y conductivismos”.

Repasar esta decena de números nos permite acceder a un conjunto de trabajos y reseñas, muchos de ellos debidos a figuras establecidas de la cultura cubana —Antón Arrufat, Leonardo Acosta, Lisandro Otero, Luisa Campuzano, Ambrosio Fornet, Nara Araujo, Graziella Pogolotti, Miguel Barnet, Margarita Mateo, Marilyn Bobes, Francisco López Sacha, Carlos Espinosa, Antonio Orlando Rodríguez—, volver sobre “colaboradores” ya ausentes, pero siempre presentes: José Lezama Lima, Raúl Martínez o Calvert Casey— y acceder a firmas quizá menos conocidas, la mayoría de jóvenes profesores universitarios que en estos diez números han tenido un desempeño ejemplar: Leonardo Sarría, Ariel Camejo, Astrid Santana Fernández de Castro, Haydeé Arango, llevados a estas páginas por José Antonio Baujín, Decano de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, y a la vez su editor. Confió en ellos para tal desempeño, y no lo han defraudado. Debe subrayarse también la presencia de autores de otras latitudes: Meri Lao, italiana; Xosé María Álvarez Cáccamo, gallego; Jaime Mejía Duque, colombiano; Armand Mattelart, francés, los mexicanos Sergio Pitol y Paco Ignacio Taibo II, entre otros muchos que la han prestigiado.

Mención aparte merece el diseñador, Pepe Menéndez, joven también, pero de gran experiencia, cuya pericia artística ha mostrado a plenitud en estos números, verdadero regalo visual aún para los más exigentes.

Poesías, cuentos, fragmentos de novelas, ensayos, entrevistas, crónicas, reseñas en amplio abanico, recorren sus hermosas páginas, interesadas lo mismo en abordar un tema de actualidad dentro del amplio mundo literario universal e insular, que volver a nuestro pasado mediato. 

Una decena de Siemprevivas para la cultura cubana es, y seguirá siendo, para bien de todos, un gesto inaugural en pleno siglo xxi. Constituye un empeño bien cumplido de un pequeño grupo de entusiastas liderados por quien es un revistero nato, Reynaldo González, quien si bien se mira, y dado el caudal de su obra, no necesitaba aumentar su currículum con una empresa como esta, lo sabemos, que nos proporciona muchas alegrías, pero a él quizá un quebradero de cabeza. Pero ¡que para bien sea La Siempreviva! La presentación de cada uno de sus números es gozo, fiesta para quienes la gestan, y una entrega de amor a Cuba y a su cultura.
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.