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“Palabras a los
intelectuales” tuvo una
importancia
extraordinaria. En
primer lugar, el impacto
que tuvo en alguien de
20 años, como yo, que vi
a Fidel de cerca durante
tres días. Recuerdo a
aquel gigante, joven,
con aquella lucidez, que
pudo debatir e
incorporarse a un
discurso tan diverso.
Fue una época tremenda,
una época de grandes
debates. Acababa de
triunfar la Revolución,
era el Año de la
Alfabetización, había
mucha efervescencia
revolucionaria pero
quedaban todavía rezagos
de batistato. La
situación era compleja y
muy polémica. Nunca como
en aquel momento hubo
tanta discusión, tantas
tendencias en una
especie de caldo de
cultivo. Para mí, fue
impresionante escuchar
los debates de los
religiosos, las
preocupaciones de los
católicos,
particularmente, de los
que le temían al
realismo socialista y su
posible implementación
en Cuba, los que
propugnaban su tendencia
estética con una fuerza
desmesurada.
Había expectativa,
dudas; pero aquel hombre
joven que era Fidel,
seguramente mucho más
joven que todos los que
estaban allí, habló con
una lucidez y, sobre
todo, con un lenguaje
nuevo para nosotros.
Recuerdo los programas
anteriores a la
Revolución, donde los
intelectuales iban con
un lenguaje a veces
rebuscado, retórico;
pero Fidel llegó con un
lenguaje llano,
coloquial y directo.
Planteó cosas muy
importantes que están
vigentes hoy. Por
ejemplo, no el
compromiso solo del
escritor con su realidad
y con la Revolución,
particularmente, sino la
presencia del escritor y
el artista en la
sociedad. Eso se ha
desarrollado con creces,
con gran amplitud: en el
trabajo comunitario,
escuelas de instructores
de arte, centros de
enseñanza artística y el
Instituto Superior de
Arte como colofón. Para
mí fue inolvidable, como
hecho histórico.
Creo que las “Palabras a
los intelectuales”
tienen mucha vigencia,
sobre todo porque Fidel
demostró con su
inteligencia y su
carisma que era
necesario ese diálogo.
Después tuvo una
continuidad en los
Consejos nacionales y en
los Congresos de la
UNEAC, donde casi
siempre estuvo presente.
De hecho, lo extrañamos
allí ahora, aunque
siempre sabemos que sus
ideas y su presencia
están vivas en nosotros.
Ese diálogo que él
inició, ese encuentro de
un líder político de tal
envergadura con una masa
tan heterogénea, es muy
necesario. Nosotros
añoramos eso. Sabemos
que nuestros dirigentes
tienen muchas tareas,
pero necesitamos ese
diálogo, porque la UNEAC
es un vehículo para que
otros organismos nos
consulten sobre el
desarrollo de nuestra
política cultural. No es
que tengamos la última
palabra, esa solo la
tiene el diálogo
inteligente. Y eso fue,
precisamente, lo que se
produjo aquel día de
1961.
Los jóvenes deberían
interpretar de esas
palabras que las ideas
de Fidel eran las más
abiertas, más
democráticas, cargadas
de gran humanismo y
sobre todo que el arte,
la cultura, surgen de
las masas, de la riqueza
y del legado que la
historia nos ha dado.
Ese legado lo han creado
los pueblos. La cultura
es una sola, por muy
diversa que sea, y tiene
su origen en las raíces
del pueblo. Creo que los
jóvenes deberían leer
las “Palabras a los
intelectuales” y
percatarse de que ―como
en La historia me
absolverá― Fidel ha
cumplido con creces lo
que prometió. Gozamos de
una riqueza, de una
libertad formal absoluta
en nuestro arte, en
nuestra literatura y en
todas las expresiones de
la cultura.
El peligro mayor que se
derivó de una
tergiversación de las
“Palabras a los
intelectuales”, que
traza la estrategia de
la política cultural
cubana y de la política
cultural en general, es
una interpretación
reducida, burocrática y
dogmática de la política
cultural de nuestro
país. Creo que no solo
hay que ver la política
cultural cubana en la
libertad de expresiones,
en la libertad formal,
sino en la cantidad de
instituciones y en todo
lo que la cultura cubana
ha generado gracias a
los canales que se han
abierto a la expresión
cultural. Quien
malinterprete eso, de
forma reduccionista,
oportunista o
burocrática, se
equivoca, como se
equivocaron muchos
durante el período de
los años 70. Quien se
equivoca en estrategia
cultural, se equivoca en
política.
Estas declaraciones son
parte de una entrevista
concedida al programa
Hurón Azul, de la Unión
de Escritores y Artistas
de Cuba (UNEAC). |