La Habana. Año X.
2 al 8 de JULIO de 2011

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Las ideas de Fidel eran las más democráticas
Miguel Barnet • La Habana

“Palabras a los intelectuales” tuvo una importancia extraordinaria. En primer lugar, el impacto que tuvo en alguien de 20 años, como yo, que vi a Fidel de cerca durante tres días. Recuerdo a aquel gigante, joven, con aquella lucidez, que pudo debatir e incorporarse a un discurso tan diverso.

Fue una época tremenda, una época de grandes debates. Acababa de triunfar la Revolución, era el Año de la Alfabetización, había mucha efervescencia revolucionaria pero quedaban todavía rezagos de batistato. La situación era compleja y muy polémica. Nunca como en aquel momento hubo tanta discusión, tantas tendencias en una especie de caldo de cultivo. Para mí, fue impresionante escuchar los debates de los religiosos, las preocupaciones de los católicos, particularmente, de los que le temían al realismo socialista y su posible implementación en Cuba, los que propugnaban su tendencia estética con una fuerza desmesurada.

Había expectativa, dudas; pero aquel hombre joven que era Fidel, seguramente mucho más joven que todos los que estaban allí, habló con una lucidez y, sobre todo, con un lenguaje nuevo para nosotros. Recuerdo los programas anteriores a la Revolución, donde los intelectuales iban con un lenguaje a veces rebuscado, retórico; pero Fidel llegó con un lenguaje llano, coloquial y directo. Planteó cosas muy importantes que están vigentes hoy. Por ejemplo, no el compromiso solo del escritor con su realidad y con la Revolución, particularmente, sino la presencia del escritor y el artista en la sociedad. Eso se ha desarrollado con creces, con gran amplitud: en el trabajo comunitario, escuelas de instructores de arte, centros de enseñanza artística y el Instituto Superior de Arte como colofón. Para mí fue inolvidable, como hecho histórico.

Creo que las “Palabras a los intelectuales” tienen mucha vigencia, sobre todo porque Fidel demostró con su inteligencia y su carisma que era necesario ese diálogo. Después tuvo una continuidad en los Consejos nacionales y en los Congresos de la UNEAC, donde casi siempre estuvo presente. De hecho, lo extrañamos allí ahora, aunque siempre sabemos que sus ideas y su presencia están vivas en nosotros. Ese diálogo que él inició, ese encuentro de un líder político de tal envergadura con una masa tan heterogénea, es muy necesario. Nosotros añoramos eso. Sabemos que nuestros dirigentes tienen muchas tareas, pero necesitamos ese diálogo, porque la UNEAC es un vehículo para que otros organismos nos consulten sobre el desarrollo de nuestra política cultural. No es que tengamos la última palabra, esa solo la tiene el diálogo inteligente. Y eso fue, precisamente, lo que se produjo aquel día de 1961.

Los jóvenes deberían interpretar de esas palabras que las ideas de Fidel eran las más abiertas, más democráticas, cargadas de gran humanismo y sobre todo que el arte, la cultura, surgen de las masas, de la riqueza y del legado que la historia nos ha dado. Ese legado lo han creado los pueblos. La cultura es una sola, por muy diversa que sea, y tiene su origen en las raíces del pueblo. Creo que los jóvenes deberían leer las “Palabras a los intelectuales” y percatarse de que ―como en La historia me absolverá― Fidel ha cumplido con creces lo que prometió. Gozamos de una riqueza, de una libertad formal absoluta en nuestro arte, en nuestra literatura y en todas las expresiones de la cultura.

El peligro mayor que se derivó de una tergiversación de las “Palabras a los intelectuales”, que traza la estrategia de la política cultural cubana y de la política cultural en general, es una interpretación reducida, burocrática y dogmática de la política cultural de nuestro país. Creo que no solo hay que ver la política cultural cubana en la libertad de expresiones, en la libertad formal, sino en la cantidad de instituciones y en todo lo que la cultura cubana ha generado gracias a los canales que se han abierto a la expresión cultural. Quien malinterprete eso, de forma reduccionista, oportunista o burocrática, se equivoca, como se equivocaron muchos durante el período de los años 70. Quien se equivoca en estrategia cultural, se equivoca en política. 
 

Estas declaraciones son parte de una entrevista concedida al programa Hurón Azul, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

 
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.