El Otro
Nosotros, los
sobrevivientes,
¿a quiénes debemos
la sobrevida?
¿quién se murió por
mí en la ergástula,
quién recibió la
bala mía,
la para mí, en su
corazón?
¿sobre qué muerto
estoy yo vivo,
sus huesos quedando
en los míos,
los ojos que le
arrancaron, viendo
por la mirada de mi
cara,
y la mano que no es
su mano,
que no es ya tampoco
la mía,
escribiendo palabras
rotas
donde él no está, en
la sobrevida?
Solo existe
Solo existe de veras quien dialoga,
Y rostro a rostro
con el gran aire,
En jadeo con las
cosas totales,
Les va sacando
voces, letras
Que con dura piedra
negaban.
Solo es quien
agrietó la luz
Y le vio la terrible
cara dorada,
Le vio el hueso a la
mañana,
El polvo fijo al
árbol, al
Que va riendo, su
quemadura.
Pero pesa como
definitivo hierro,
Siendo, ese de vista
verdadera
Que ve las
alcándaras del aire,
El delicadísimo
halcón de la tarde
Cayendo sobre oscura
presa.
Epitafio de un
invasor
Agradecido a Edgar
Lee Masters
Tu bisabuelo cabalgó
por Texas,
Violó mexicanas
trigueñas y robó
caballos
Hasta que se casó
con Mary Stonehill y
fundó un hogar
De muebles de roble
y Go Bless our
Home.
Tu abuelo desembarcó
en Santiago de Cuba,
Vio hundirse la
Escuadra Española, y
llevó al hogar
El vaho del ron y
una oscura nostalgia
de mulatas.
Tu padre, hombre de
paz,
Solo pagó el sueldo
de doce muchachos en
Guatemala.
Fiel a los tuyos,
Te dispusiste a
invadir Cuba, en el
otoño de 1962.
Hoy sirves de abono
a las ceibas.
Palacio cotidiano
Yo decía que el
mundo era una
estrella ardiente,
laberinto de plata,
cerrazón con
diamante:
y ahora descubro el
júbilo de la
estancia minúscula,
la vida emocionada
del vaso entre mis
labios,
más cristalino y
claro si el sol se
apoya y canta
en sus paredes
límpidas. Ahora veo
el dorado
temblor que se
levanta del pedazo
de pan,
y el crujido
caliente de su piel.
Y me es fácil
entrar en el palacio
cotidiano, manual,
de las enredaderas
del patio, donde un
príncipe
de silencio y de
sombra calladamente
ordena.
Y es que a esta
vivienda que va
horadando el tiempo
—la cual es más
hogar mientras es
más profunda—
tú trajiste la
primavera de tu
beso;
trajiste tus
sonrisas, como una
fina lluvia
vista entre los
cristales; trajiste
ese calor
dulce, para el
reposo, para el
sueño posible.
Y supe que era bello
el mundo aun fuera
de ese
centro de
perfección: el
amoroso palio
del rocío, y el
vidrio que calza y
rompe el aire.
Yo sentí levantarse
un pueblo de pureza
allí donde vivían
ayer muebles y
hierros.
Como quien abandona
las lanzas y destina
sus manos a los
árboles, que se
vuelven viviendas,
mis ojos, amarrados
a relámpagos de oro,
dejo caer ahora
sobre la pobre mesa,
sobre la luz medida
que ha inundado mi
casa,
sobre el silencio y
la quietud que la
acompañan:
y miran cómo sale un
sereno color,
una vida armoniosa y
honda de sus
cuerpos.
Roberto Fernández
Retamar: Poeta,
ensayista e
investigador cubano.
Exponente de lo más
avanzado del
pensamiento
intelectual cubano.
Alcanza en 1954 el
Doctorado en
Filosofía y Letras
de la Universidad de
La Habana. En 1956
estudia Letras en
Londres y en París
con el lingüista
André Martinet. En
1986, alcanza el
Doctorado en
Ciencias Filológicas
y es Profesor
Honorario de la
Universidad Mayor de
San Marcos, Lima,
Perú. Desde 1995 es
Miembro de la
Academia Cubana de
la Lengua. Ha
colaborado y
dirigido importantes
publicaciones
cubanas tales como:
la Nueva Revista
Cubana, de la
cual fue director
entre 1959-1960. Es
fundador de la
Revista Unión,
director de la
Revista Casa de
las Américas y
Premio Nacional de
Literatura, 1989.
Obtuvo el Premio
Nacional de Poesía
por su libro
Patrias, en
1951, el Premio
Latinoamericano de
Poesía Rubén Darío,
el Premio
Internacional de
Poesía Nikola
Vaptsarov de
Bulgaria, el Premio
Internacional de
Poesía Pérez Bonalde,
de Argentina, el
Premio de la Crítica
Literaria por
Aquí, en
1996 y la Medalla
oficial de las Artes
y las Letras,
otorgada en Francia,
en 1998. Entre su
numerosa obra
literaria se cuenta,
en poesía, Elegía
como un himno
(1950); Patrias
(1952); Vuelta de
la antigua esperanza
(1959); Buena
suerte viviendo
(1967); Juana y
otros temas
personales
(1981); Aquí
(1995). Entre sus
estudios y ensayos
sociohistóricos de
mayor relevancia se
encuentran: Idea
de la estilística
(1958); Ensayo de
otro mundo
(1967); Caliban
(1971) e
Introducción a Martí
(1978). Actualmente
es Presidente de la
Casa de las
Américas.