|
La historia de la décima
en Cuba como expresión
viva de la cultura
campesina y la identidad
nacional fundamenta su
inclusión en la lista
representativa del
patrimonio cultural e
inmaterial de la
humanidad, una propuesta
en curso, que evalúa la
Oficina de la UNESCO en
París.
Luis Paz, director del
Centro Iberoamericano de
la Décima y el Verso
Improvisado, conocido
como Papillo en los
guateques y canturías
cubanas y uno de los
promotores de esta
iniciativa, argumenta
por qué el repentismo
merece este
reconocimiento.
“Creemos que la décima
como raíz del pueblo y
exponente genuino de su
identidad debe ser
considerada un
patrimonio cultural e
inmaterial. En Cuba,
estamos hablando de la
estrofa nacional; pero
en realidad es un
denominador común para
los improvisadores de la
región, más allá de los
códigos y matices
lingüísticos de cada
país.
“Existen algunas
variantes como en
México, que hacen la
décima en decasílabo, en
Chile utilizan la copla,
pero esencialmente
usamos la misma estrofa
en toda Iberoamérica, la
diferencia principal
está en cómo se canta y
el acompañamiento
musical.”
¿Cómo catalogar entonces
al repentista, como un
poeta que canta o un
músico que hace versos?
Es un complejo, todo
está vinculado, la
décima no es solamente
improvisada, es también
cantada. De ahí la
necesidad de cantarla
bien, lo que significa
en nuestro caso, contar
con un buen
acompañamiento. El
músico juega un papel
importante, de hecho el
laúd que está junto con
el improvisador es otro
poeta encima del
escenario. Siempre lo
vemos así, en el momento
en el que al versador no
le aparece la idea, es
el laúd quien lo apoya,
quien le da la mano,
quien lo invita a seguir
adelante, el camino es
un poco más largo, pero
igual se encuentra la
maravilla.
En el caso de la décima
improvisada sorprende la
agilidad de los
repentistas, ¿se trata
exclusivamente de un
talento natural o es el
resultado del ejercicio?
Se ejercita,
independientemente de
que tiene que existir el
toque natural, como
decimos nosotros, pero
la práctica es quien te
da después la habilidad
y la fluidez a la hora
de improvisar. También
es importante perder el
miedo al error, ese es
un obstáculo que te vas
creando y eres tú contra
ti mismo luchando,
pensando más en el error
que en las cosas
maravillosas que puedes
decir a través de la
décima. Cuando aprendes
a superar ese miedo, a
concebirte como un ser
humano que puede fallar
y eso no repercute en
que posteriormente pueda
venir una décima de gran
calidad, será mucho más
fluida la décima,
encontrarás ideas más
lindas que decir y
podrás lograr un hilo
comunicativo
incalculable con el
público.
¿Cómo evalúa el estado
actual del repentismo en
Cuba?
En estos momentos en
Cuba, la décima vive un
buen momento, no diría
que de plenitud como en
las décadas de los 40 y
los 50 del siglo pasado,
la llamada época de oro
del repentismo cubano.
Pero establecer
similitudes entre
diferentes etapas
siempre es difícil,
porque las expresiones
se ajustan a cada
contexto, a las
situaciones propias de
cada momento, pero sí ha
alcanzado un gran auge
con la incorporación de
nuevos elementos, de
recursos literarios en
la improvisación a
través del genio dejado
por el Indio Naborí y
muchos otros que lo
acompañaron en su
generación como Gustavo
Tacoronte, Francisco
Riverón, Rigoberto Rizo,
todos grandiosos
exponentes de un vuelo
poético gigantesco.
¿Cuáles son las
principales acciones que
realiza el movimiento
repentista cubano para
perpetuarse?
En estos momentos
estamos trabajando
fundamentalmente con el
proyecto de talleres
especializados de
repentismo infantil para
garantizar que la
tradición llegue a las
futuras generaciones.
Toda vez que los
espacios naturales en
que esta transmisión
tenía lugar a través del
método mimético
tradicional
“oyendo-viendo, aprendes
a hacer”, ahora a través
de los talleres y de la
metodología creada por
Alexis Díaz-Pimienta
estamos procurando una
vía para la permanencia
de esta expresión
poético-musical.
Tenemos altos y bajos en
el desarrollo,
obstáculos que vencer;
pero es la principal
acción que mantenemos
ahora. Contamos con un
movimiento infantil y
otro movimiento juvenil
de repentismo. Muchos de
los jóvenes
participantes en los
eventos competitivos
proceden de esos
talleres tanto varones,
como hembras, que es
otro de los logros,
conseguir que la
presencia femenina en la
tradición se realce, sea
numerosa y además de muy
buena calidad.
Un espacio para la
confrontación de esos
talentos es la Jornada
Cucalambeana, fiesta
campesina que por 44
años ha rescatado la
décima desde un carácter
competitivo, teórico y
de celebración popular…
El papel de la Jornada
Cucalambeana no
solamente es el rescate
de la décima, de la
improvisación o de la
música campesina, sino
de todo el complejo de
tradiciones rurales, de
los juegos de cintas, el
palo encebado, carreras
en saco para los niños,
carreras con obstáculos
en caballo. Todos esos
juegos campesinos la
Jornada de cierta manera
los ha rescatado.
También debemos hacernos
un llamado a retomar ese
camino, a buscar la
esencia de la fiesta
campesina con todos
estos elementos que la
enriquecen y que son
además portadores de
elementos de la
identidad del campesino
y, en definitiva, del
pueblo cubano.
|