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Me cuentan que cuando
Pedrito Junco recorría
en su caballo blanco las
calles de Pinar del Río,
su ciudad natal, volvía
loca a las mujeres. No
me extraña. Alto y
atlético, elegante,
excelente pianista, con
una envidiable voz de
barítono, sus canciones
eran fiel reflejo de la
pasión que lo consumía.
“Esta noche, sin
quererlo, se me juntaron
tres novias: Marta, Rosa
y Silena”. Así escribió
en su diario en 1939
—cuatro años antes de su
muerte—, el joven autor
de “Nosotros”.
En su vida —como
dijo Luis Sexto— hubo
más mujeres que años.
Falleció a los 23, dos
meses después del
estreno de su célebre
bolero, y alejado de la
mujer que lo inspiró.
Tal vez por ello germinó
la leyenda y más de una
fémina aseguró con
vanidad mal disimulada,
ser la musa de la
sempiterna melodía,
testimonio de un
verdadero amor,
inalcanzable por la
proximidad de la
muerte.
Misterio develado
Durante medio siglo fue
un misterio a quién
dedicó su famoso bolero,
tan famoso que bien
pudiera creerse el
primero y único del
fecundo creador. Que si
fue a una mexicana
casada, a una trapecista
de circo, a una dama del
medio cultural, y hasta
a una monja, incluso
algunos negaron de plano
su existencia. Decían
era una imaginación del
artista. Pero el anónimo
no duraría eternamente.
En 1997, la periodista
Sissi Arencibia dio a
conocer el nombre de
María Victoria Mora
Morales, y narró la
historia de amor
imposible —crónica de
una muerte anunciada,
como la llaman algunos—
entretejida en
“Nosotros”. Años
después, uno de los
amigos del compositor
pinareño, Amado Martínez
Malo, profundizó en la
trama en su libro
Pedro Junco: viaje a la
memoria: “Aunque
amores sí tuvo muchos,
yo solo le conocí a
Pedrito una novia, María
Victoria”.
Oriunda de San Juan y
Martínez, de una familia
también acomodada, la
muchacha llegó un día a
Pinar del Río donde fue
internada en el colegio
Inmaculado Corazón de
Jesús hasta que terminó
el octavo grado.
“Pedrito la conoció en
la apertura del curso
escolar del Instituto de
Segunda Enseñanza, donde
ella había matriculado”.
Bastó el primer
encuentro para que
naciera aquel “romance
tan divino”, que apenas
duró dos años.
Amor inalcanzable
Difícil me resulta, lo
confieso, imaginar ahora
como una anciana de
cabellos blancos y el
rostro surcado de
arrugas, —y cierto que
lo es, se sabe que en el
año 2000 vivía en Nueva
York junto a sus dos
hijos— a esta joven
ideal, tal como la
describen los que la
conocieron: alta y
hermosa, de cabellos
negros y largos, ojos
expresivos, rostro dulce
y, por demás, talentosa,
a quien parecen estar
dedicadas también —al
decir de Ciro Bianchi
Ross— otras de las
partituras de Junco como
“Tu mirar”, “Soy como
soy”, “Te espero”,
“Estoy triste”, “Cuando
hablo contigo”, “Una
más” y “Yo te dije”.
Pero ya desde 1942 se
sospechaba que el
admirado músico padecía
de tuberculosis,
enfermedad considerada
entonces incurable. Al
parecer la familia de la
hermosa sanjuanera se
oponía al noviazgo por
esta razón. Sin embargo,
todavía hoy se discute
cuál fue la verdadera
causa de la temprana
muerte del autor de
“Nosotros”.
Aseguran sus amigos que
Pedrito nunca mostró el
genotipo del tísico.
Tenía la piel rosada,
los labios rojos, un
aspecto sano, buena
dentadura. Nadaba mucho.
Hacía pesas. De todas
formas, fue una dolencia
pulmonar la que lo llevó
a la tumba, se cree una
congestión mal cuidada,
lo que resulta muy
posible, dado su rechazo
al reposo y su
predilección por las
mujeres, la música y la
vida noctámbula.
Cuentan, como para
alimentar el mito, que
recluido en una clínica
de La Habana, Pedrito
Junco falleció el 25 de
abril de 1943, mientras
escuchaba por la radio
junto a su cama, su
canción “Soy como soy”,
interpretada por
René Cabel, “El tenor de
las Antillas”.
Su entierro en Pinar del
Río fue todo un
acontecimiento difícil
de olvidar. El féretro,
cubierto con la bandera
cubana, fue llevado en
andas por las calles.
Desde los balcones, las
mujeres lanzaban flores
a su paso, y un coro
gigante interpretaba
“Nosotros”, el bolero
que todavía hoy recorre
el mundo en decenas de
versiones y cantantes.
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Nosotros
Autor: Pedro
Junco
Atiéndeme,
quiero decirte
algo
que quizá no
esperes
doloroso tal
vez.
Escúchame,
que aunque me
duela el alma
yo necesito
hablarte
y así lo haré.
Nosotros,
que fuimos tan
sinceros,
que desde que
nos vimos
amándonos
estamos.
Nosotros,
que del amor
hicimos
un sol
maravilloso,
romance tan
divino.
Nosotros,
que nos queremos
tanto
debemos
separarnos
no me preguntes
más
no es falta de
cariño
te quiero con el
alma,
te juro que te
adoro
y en nombre de
este amor y por
tu bien
te digo adiós.
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