La Habana. Año X.
9 al 15 de JULIO de 2011

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“Nosotros”, un bolero que recorre el mundo
Josefina Ortega • La Habana

Me cuentan que cuando Pedrito Junco recorría en su caballo blanco las calles de Pinar del Río, su ciudad natal, volvía loca a las mujeres. No me extraña. Alto y atlético, elegante, excelente pianista, con una envidiable voz de barítono, sus canciones eran fiel reflejo de la pasión que lo consumía.

“Esta noche, sin quererlo, se me juntaron tres novias: Marta, Rosa y Silena”. Así escribió en su diario en 1939 —cuatro años antes de su muerte—, el joven autor de “Nosotros”. En su vida —como dijo Luis Sexto— hubo más mujeres que años. Falleció a los 23, dos meses después del estreno de su célebre bolero, y alejado de la mujer que lo inspiró.

Tal vez por ello germinó la leyenda y más de una fémina aseguró con vanidad mal disimulada, ser la musa de la sempiterna melodía, testimonio de un verdadero amor, inalcanzable por la proximidad de la muerte. 

Misterio develado  

Durante medio siglo fue un misterio a quién dedicó su famoso bolero, tan famoso que bien pudiera creerse el primero y único del fecundo creador. Que si fue a una mexicana casada, a una trapecista de circo, a una dama del medio cultural, y hasta a una monja, incluso algunos negaron de plano su existencia. Decían era una imaginación del artista. Pero el anónimo no duraría eternamente.

En 1997, la periodista Sissi Arencibia dio a conocer el nombre de María Victoria Mora Morales, y narró la historia de amor imposible —crónica de una muerte anunciada, como la llaman algunos— entretejida en “Nosotros”. Años después, uno de los amigos del compositor pinareño, Amado Martínez Malo, profundizó en la trama en su libro Pedro Junco: viaje a la memoria: “Aunque amores sí tuvo muchos, yo solo le conocí a Pedrito una novia, María Victoria”.

Oriunda de San Juan y Martínez, de una familia también acomodada, la muchacha llegó un día a Pinar del Río donde fue internada en el colegio Inmaculado Corazón de Jesús hasta que terminó el octavo grado. “Pedrito la conoció en la apertura del curso escolar del Instituto de Segunda Enseñanza, donde ella había matriculado”. Bastó el primer encuentro para que naciera aquel “romance tan divino”, que apenas duró dos años.   

Amor inalcanzable  

Difícil me resulta, lo confieso, imaginar ahora como una anciana de cabellos blancos y el rostro surcado de arrugas, —y cierto que lo es, se sabe que en el año 2000 vivía en Nueva York junto a sus dos hijos— a esta joven ideal, tal como la describen los que la conocieron: alta y hermosa, de cabellos negros y largos, ojos expresivos, rostro dulce y, por demás, talentosa, a quien parecen estar dedicadas también —al decir de Ciro Bianchi Ross— otras de las partituras de Junco como “Tu mirar”, “Soy como soy”, “Te espero”, “Estoy triste”, “Cuando hablo contigo”, “Una más” y “Yo te dije”.

Pero ya desde 1942 se sospechaba que el admirado músico padecía de tuberculosis, enfermedad considerada entonces incurable. Al parecer la familia de la hermosa sanjuanera se oponía al noviazgo por esta razón. Sin embargo, todavía hoy se discute cuál fue la verdadera causa de la temprana muerte del autor de “Nosotros”.

Aseguran sus amigos que Pedrito nunca mostró el genotipo del tísico. Tenía la piel rosada, los labios rojos, un aspecto sano, buena dentadura. Nadaba mucho. Hacía pesas. De todas formas, fue una dolencia pulmonar la que lo llevó a la tumba, se cree una congestión mal cuidada, lo que resulta muy posible, dado su rechazo al reposo y su predilección por las mujeres, la música y la vida noctámbula.

Cuentan, como para alimentar el mito, que recluido en una clínica de La Habana, Pedrito Junco falleció el 25 de abril de 1943, mientras escuchaba por la radio junto a su cama, su canción “Soy como soy”, interpretada por René Cabel, “El tenor de las Antillas”.
 

Su entierro en Pinar del Río fue todo un acontecimiento difícil de olvidar. El féretro, cubierto con la bandera cubana, fue llevado en andas por las calles. Desde los balcones, las mujeres lanzaban flores a su paso, y un coro gigante interpretaba “Nosotros”, el bolero que todavía hoy recorre el mundo en decenas de versiones y cantantes.

 

Nosotros                                          

Autor: Pedro Junco  

Atiéndeme,

quiero decirte algo

que quizá no esperes

doloroso tal vez.

 

Escúchame,

que aunque me duela el alma

yo necesito hablarte

y así lo haré.

 

Nosotros,

que fuimos tan sinceros,

que desde que nos vimos

amándonos estamos.

 

Nosotros,

que del amor hicimos

un sol maravilloso,

romance tan divino.

 

Nosotros,

que nos queremos tanto

debemos separarnos

no me preguntes más

no es falta de cariño

te quiero con el alma,

te juro que te adoro

y en nombre de este amor y por tu bien

te digo adiós.

 

 
 
 
 
   
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.