La Habana. Año X.
9 al 15 de JULIO de 2011

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ADOLFO SÁNCHEZ VÁZQUEZ, 1915-2011

A (contra) tiempo

La Jiribilla • La Habana

Cuando este 8 de julio los medios de izquierda referían en sus portadas la muerte del autor de La filosofía de la praxis como un suceso de dolorosa significación para el pensamiento progresista latinoamericano, otro diario, más hacia el “centro”, optaba apenas por preguntar: ¿Quién era Adolfo Sánchez Vázquez? Y salía del paso: escritor, filósofo y profesor emérito de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de México, adoptó una versión abierta, renovadora y crítica del marxismo.      

Pocas acotaciones de ese calibre pueden dar cuenta, no obstante, de la fortuna mayor que este hombre de 95 años legara a varias generaciones de pensadores críticos: junto con la autenticidad de su producción filosófica, trasciende el valor ético, político y humanista de su producción teórica y vital. Por esta última, quizá menos referenciada, le conferimos los cubanos el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad de La Habana.     

El poeta y ensayista mexicano, presidente de la Asociación Filosófica de México, miembro del Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República y Premio Nacional de Filosofía, Historia y Ciencias Sociales de su país, estuvo siempre vinculado a los ámbitos culturales de Cuba. Tanto Casa de las Américas como el Centro Wifredo Lam le tuvieron entre sus colaboradores. Sus textos aparecieron en la revista Casa y fue uno de los ponentes en el Coloquio Internacional dedicado a la obra de Lam, en la primera Bienal de La Habana (1984): aquella que contaba con los artistas del Sur y sus obras, ajenas hasta entonces de los circuitos hegemónicos de circulación de la producción artística (y de ideas) a nivel mundial.         

Para muchos intelectuales y artistas de la Isla, su libro sobre las ideas estéticas de Marx, publicado aquí tempranamente, constituyó una de las fuentes preliminares de su formación en el pensamiento sociológico marxista dedicado al campo de lo artístico y literario. El pintor Manuel López Oliva, ante la noticia de su muerte, compartió con La Jiribilla su admiración por “ese saber crítico tan abarcador, por su capacidad de ser preciso y por un amable tono personal de dialogar con profundidad, permitir el encuentro en lid de las ideas, no querer imponer lo que debía explicar, y mantenerse cauto y sensible en cada paso de la filosofía, la cultura y la vida”.

Sus criterios sobre la prevalencia en nuestro tiempo de la dicotomía “izquierda-derecha”, tanto en el árido terreno de la política como en el no menos complejo de la moral; la necesidad de la autocrítica; la relación entre teoría y práctica; sus contribuciones al desarrollo de una estética a partir del marxismo, se unen a su poco difundida producción literaria y a su ejercicio pleno del magisterio, especialmente en la Universidad Autónoma de México —como refirió su hijo al pronunciar las palabras de despedida ante la capilla de cremación, “su alma mater y plataforma de desarrollo intelectual”—, donde habrán de ser esparcidas parte de sus cenizas.         

Entre una cifra incalculable de libros, artículos, ensayos y entrevistas concedidas a lo largo de su casi centenaria existencia, destacan El pulso ardiendo, Las ideas estéticas de Marx, La filosofía de la Praxis, Estética y marxismo, Recuerdos y reflexiones del exilio, Poesía y De la estética de la recepción a una estética de la participación. En Cuba, la Editorial de Ciencias Sociales publicó recientemente el volumen A tiempo y (des)tiempo, un conjunto de ensayos que abarcan desde la tradición filosófica occidental hasta la reflexión más aguda sobre problemas contemporáneos. El texto, junto con sus acercamientos al sistema de medios de comunicación en nuestros días, constituye para los universitarios cubanos una lectura imprescindible.  

En abril de 2010 se presentó su último libro, publicado por la UNAM: Incursiones literarias, el cual ofrece una idea más clara de la diversidad de intereses creativos del filósofo y poeta. En él, Sánchez Vázquez se cuestiona la decadencia del héroe, la novela picaresca y la utopía de don Quijote, hasta las ideas de escritores como Octavio Paz, José Revueltas, Garcilaso, Sor Juana, Federico García Lorca, Miguel Hernández, Pablo Neruda, León Felipe y Dámaso Alonso, además de Marx, Engels y Lenin.     

¿Quién era, por tanto, Adolfo Sánchez Vázquez y por qué su fallecimiento causa una profunda herida entre las filas del pensamiento de izquierda? Ha muerto el filósofo que —aun en la introspección de sus últimos días— acertó en proyectar lo mejor de la tradición hacia lo mejor de su presente. El catedrático que supo advertir, a tiempo, que “la vida de una universidad tiene que ser sustancialmente ejercicio del pensamiento; pero de un pensamiento que no se conciba a sí mismo como un fin en sí sino como pensamiento para la comunidad en sus diversos niveles (estatal, nacional y universal)”. Quien convenció a un grupo de estudiantes vestidos con camisetas de Bob Marley, aretes y peinados rastas, que el marxismo, “lejos de haber caducado, es válido” y necesario “como alternativa ante la barbarie”.  

Alguna vez terminó un ensayo con estas palabras: “lo importante no es estar aquí o allá, sino cómo se está, ser congruente con los valores y los ideales por los que un día fui arrojado de mi patria al exilio”. Permanece ahora entre sus alumnos de la UNAM y, en su otra parte, junto a su esposa también fallecida. Así le despidió un alumno y quizá no haya mejor respuesta a la pregunta que, a medias tintas, cree haber contestado El Universal: “Gran pensador del siglo XX, en ti no pasará el tiempo”.        

 
 
 
 
   
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ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.