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Es sabido que por mucho
tiempo en el contexto
cubano se asoció el pop
a una manifestación
musical sin demasiadas
pretensiones. Craso
error que,
afortunadamente, ya ha
sido rectificado, al
menos entre las personas
de mente abierta. Una de
las agrupaciones que más
ha hecho en años
reciente por la
reivindicación de dicho
género, es sin discusión
alguna Moneda Dura.
Por solo poner un
ejemplo en tal sentido,
piénsese en su fonograma
titulado
Alma sin bolsillos,
propuesta de singular
empaque tanto en el
significado, como en el
significante (o como se
decía antes, contenido y
forma) y que mucho tiene
que ver con esa zona del
arte contemporáneo
cubano que persiste en
mover ideas y actuar
como factor dialógico
con su correlato.
Si un trabajo previo de
la agrupación, es decir,
el CD titulado
Callejero, estuvo
marcado por un espíritu
lúdicro y con ello hacía
que el material se
conectase fácilmente con
las audiencias
vinculadas al subsistema
de “fiesta y pachanga”,
Alma sin bolsillos
recuperó la carga de
transgresión e
irreverencia que el
grupo le impregnase a su
primer disco, Cuando
duerme La Habana o a
piezas posteriores como
“Romerillo”, y que
cautivasen a quienes
creemos que la música
también sirve para
transmitir un conjunto
de opiniones sobre el
entorno y un mensaje
bien agudo en la
reflexión.
Pero los valores del CD,
producido por Alejo
Stivel y en el que
Nassiry Lugo comparte
las funciones de
productor asociado y con
ello se estrena en otra
etapa de su quehacer
artístico, no están
dados únicamente por lo
picante de las letras. A
lo meritorio del
discurso textual, únese
el hecho del acierto en
el plano de la música.
Quienes hayan seguido la
historia de Moneda Dura
desde su formación allá
por 1997 y escuchen la
grabación de Alma sin
bolsillos, se darán
cuenta de que esta es la
alineación de mayor
solidez musical que ha
tenido el grupo en sus
años de vida.
De tal suerte, en el
fonograma, cuyo peso en
los arreglos recae en
Jorge Maletá y Alejandro
Sánchez, encontramos
sonoridades y armonías
nunca antes utilizadas
por la agrupación, sabio
empleo de programaciones
y loops, con
timbres de cierto aire
experimental y pasajes
instrumentales que por
momentos nos evocan
determinadas atmósferas
del mejor pop rock de
todos los tiempos.
Entre los temas que,
todavía hoy a varios
años de su publicación,
me siguen pareciendo de
excelente factura, están
“Tercer mundo”, “La
primera piedra”, “Los
ojos de Aitana”, “Mala
leche” y sobre todo
“Montoneros”, auténtica
joya en la producción,
en la que Nassiry
también se estrenó como
diseñador. Entre algunas
de las piezas del disco
que sonaron
insistentemente por
nuestros medios de
comunicación y que el
público ubicó entre sus
favoritas estuvieron “Al
sudeste”, “Háblame de
amor” y “Yo soy el rey”.
Evocar en la actualidad
el fonograma solo por lo
que en su momento se
promovió y se tornó
popular, no me parece lo
más acertado, porque
ello no daría una imagen
exacta de lo que fue y
sigue siendo un CD como
Alma sin bolsillos.
Así pues, les invito a
adentrarse por los 12
cortes de un álbum que,
desde una mirada
optimista y sin acritud,
resulta un estupendo
retrato de esa Cuba
nuestra de los primeros
años del siglo XXI que,
para dicha y a veces
(¿por qué no decirlo?)
desdicha nuestra, hoy
nos toca vivir. Como la
propia banda diría en la
portada sonora de la
grabación:
Bienvenidos a esta
fiesta,
donde todo está roto,
donde nadie despierta,
donde todo el mundo
habla con la mitad de la
lengua,
bienvenidos a esta
fiesta.
Muévete, muévete,
que así se está mejor,
cállate, cállate,
no te pongas profundo,
ya la gente en la fiesta
se siente muy bien,
qué le vamos a hacer,
somos el tercer mundo. |