La Habana. Año X.
30 de JULIO al 5
de AGOSTO de 2011

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Moneda Dura
Alma sin bolsillos
Joaquín Borges-Triana • La Habana

Es sabido que por mucho tiempo en el contexto cubano se asoció el pop a una manifestación musical sin demasiadas pretensiones. Craso error que, afortunadamente, ya ha sido rectificado, al menos entre las personas de mente abierta. Una de las agrupaciones que más ha hecho en años reciente por la reivindicación de dicho género, es sin discusión alguna Moneda Dura.

Por solo poner un ejemplo en tal sentido, piénsese en su fonograma titulado Alma sin bolsillos, propuesta de singular empaque tanto en el significado, como en el significante (o como se decía antes, contenido y forma) y que mucho tiene que ver con esa zona del arte contemporáneo cubano que persiste en mover ideas y actuar como factor dialógico con su correlato.

Si un trabajo previo de la agrupación, es decir, el CD titulado Callejero, estuvo marcado por un espíritu lúdicro y con ello hacía que el material se conectase fácilmente con las audiencias vinculadas al subsistema de “fiesta y pachanga”, Alma sin bolsillos recuperó la carga de transgresión e irreverencia que el grupo le impregnase a su primer disco, Cuando duerme La Habana o a piezas posteriores como “Romerillo”, y que cautivasen a quienes creemos que la música también sirve para transmitir un conjunto de opiniones sobre el entorno y un mensaje bien agudo en la reflexión.

Pero los valores del CD, producido por Alejo Stivel y en el que Nassiry Lugo comparte las funciones de productor asociado y con ello se estrena en otra etapa de su quehacer artístico, no están dados únicamente por lo picante de las letras. A lo meritorio del discurso textual, únese el hecho del acierto en el plano de la música. Quienes hayan seguido la historia de Moneda Dura desde su formación allá por 1997 y escuchen la grabación de Alma sin bolsillos, se darán cuenta de que esta es la alineación de mayor solidez musical que ha tenido el grupo en sus años de vida.

De tal suerte, en el fonograma, cuyo peso en los arreglos recae en Jorge Maletá y Alejandro Sánchez, encontramos sonoridades y armonías nunca antes utilizadas por la agrupación, sabio empleo de programaciones y loops, con timbres de cierto aire experimental y pasajes instrumentales que por momentos nos evocan determinadas atmósferas del mejor pop rock de todos los tiempos.

Entre los temas que, todavía hoy a varios años de su publicación, me siguen pareciendo de excelente factura, están “Tercer mundo”, “La primera piedra”, “Los ojos de Aitana”, “Mala leche” y sobre todo “Montoneros”, auténtica joya en la producción, en la que Nassiry también se estrenó como diseñador. Entre algunas de las piezas del disco que sonaron insistentemente por nuestros medios de comunicación y que el público ubicó entre sus favoritas estuvieron “Al sudeste”, “Háblame de amor” y “Yo soy el rey”.

Evocar en la actualidad el fonograma solo por lo que en su momento se promovió y se tornó popular, no me parece lo más acertado, porque ello no daría una imagen exacta de lo que fue y sigue siendo un CD como Alma sin bolsillos. Así pues, les invito a adentrarse por los 12 cortes de un álbum que, desde una mirada optimista y sin acritud, resulta un estupendo retrato de esa Cuba nuestra de los primeros años del siglo XXI que, para dicha y a veces (¿por qué no decirlo?) desdicha nuestra, hoy nos toca vivir. Como la propia banda diría en la portada sonora de la grabación:

Bienvenidos a esta fiesta,

donde todo está roto,

donde nadie despierta,

donde todo el mundo habla con la mitad de la lengua,

bienvenidos a esta fiesta.

Muévete, muévete,

que así se está mejor,

cállate, cállate,

no te pongas profundo,

ya la gente en la fiesta se siente muy bien,

qué le vamos a hacer,

somos el tercer mundo.

 
 
 
 
   
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.