La Habana. Año X.
30 de JULIO al 5
de AGOSTO de 2011

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Gatos Jelicales se adueñan del Anfiteatro de La Habana

Miguel Gerardo • La Habana

Fotos: Cortesía de Alfonso Menéndez

En la noche del 24 de julio, exactamente, cuando el tradicional cañonazo evocaba el  cierre  de  las  murallas  de  la  ciudad,  un grupo de inquietos gatos Jelicales se  adueñaba del proscenio del Anfiteatro de La Habana.

Pudiera parecer un empeño quimérico la decisión de representar el famoso musical Cats en un espacio abierto y en un escenario que poco contribuye al empleo de los sofisticados efectos escenográficos que un espectáculo de este género reclama.

Estrenado el 11 de mayo de 1981 en el New London Theatre de Londres y el 7 de octubre de 1982, en Broadway, Cats cuya génesis está en el libro de poemas infantiles del escritor inglés T. S. Eliot se ha convertido en el musical más representado de la historia con más de ocho mil presentaciones en Londres y más de siete mil en Nueva York.

Importantes compañías lo han llevado a las tablas, tal es el caso de la versión alemana estrenada el 24 de septiembre de 1983 en el teatro An Der Wien, en Viena, y la que en 1991, con la coparticipación de Televisa, se estrenara en versión en español, en el Teatro Silvia Pinal, de la Ciudad de México.

Traducida a más de 20 idiomas, e independientemente del criterio de la crítica especializada que la ha considerado una obra carente de una trama verdadera Cats, en su tercera década de existencia, puede considerarse, como un musical que ha gozado de plena aceptación en los más exigentes auditorios.

Bastarían estas referencias para tener percepción del riesgo que entrañaría la decisión de llevar a la escena una obra vista por más de 50 millones de espectadores. La versión que Alfonso Menéndez dirección general entrega al público cubano, da respuesta a la pregunta que al respecto él mismo formula en las notas al programa, y se destaca, como principal rasgo por el dinamismo que el cuerpo de baile del Anfiteatro de La Habana despliega en escena durante una hora y 20 minutos.

Ese elenco que dirige Menéndez, de menos de 20 bailarines asombrosamente, casi todos debutantes, mantiene la expectación del auditorio desde el mismo comienzo hasta el cierre del espectáculo. Significativa, en todo momento, es la paridad y plena sincronía coreográfica en cada cuadro. Integración, además, que permite suplir, sin lugar a la duda, la ausencia de los rutilantes elementos escénicos y tecnológicos habitualmente incorporados a las versiones teatrales y cinematográficas que se han realizado tras el estreno original de la obra.

El diseño escenográfico del propio Menéndez al igual que el de luces resuelto con ingenio, descansa exclusivamente en cuatro pasarelas metálicas a la vista en todo momento y que remedan el vertedero donde cada gato demuestra sus atributos seductores, sus pasiones  y habilidades.

Contribuye al empaste armónico el diseño de luces y la banda sonora que el cuerpo de baile ha aprehendido e incorporado convincentemente a su desempeño corporal, en un franco derroche de gestualidad sin excesos que deviene factor clave y que logra la credibilidad de cada uno de los gatos-personajes. No sería suficiente un buen montaje coreográfico sin este dominio escénico y organicidad que en todo momento el elenco evidencia.

El vestuario de José Luis González Fuentes resulta sobrio, elegante y funcional. Debe destacarse también el maquillaje de Rody Pérez y Jorge Aldama.

No deja de sorprender al público la solución para el cierre del espectáculo resuelta y adecuada al espacio de representación que el anfiteatro permite cuando Grizabella y Gatusalén deben elevarse a la luna llena, en medio de la noche que ya se despide y de la tribu Jelical que los despide. Ese factor sorpresa, sin duda, contribuye al efecto emocional de expectación, favorecido en todo momento por el atinado complemento de la banda sonora.

Si bien, como se ha dicho, el cuerpo de baile en pleno logra integración, se destacan en todo momento Yoelis Martínez (Protectormiau), Renato Galamba (Gigolotte), Ana León Moreno (Agriculfélina), Lázaro Yossiel Llaser Mora (Nefástulo) y Osniel González Díaz (Misifustófeles).

Cats estará en la cartelera del Anfiteatro de La Habana hasta el mes de diciembre en una entrega que como otro de los proyectos de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana señala una ruta cultural que vale la pena desandar, la ruta de los clásicos de un género que tradicionalmente ha gozado de gran aceptación en el público nacional: el teatro musical.

 
 
 
 
   
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.