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Otras
vestidas de hombre (Capítulo IV)
4.1 A manera de
reflexión
Vestirse de hombre no ha
sido una vocación
estridente para un grupo
de mujeres que
decidieron desafiar el
poder patriarcal
ejercido por ellos.
Según la estudiosa
estadounidense Alison
Lurie, en su libro
The language of clothes,
la verdadera causa la
debemos buscar en el
significado que ha
tenido el vestido
masculino como icono de
poder en el referente
externo del dominio
físico y social
otorgados a los varones.
(Lurie, 1981)
Por eso, a la acción
transgresora de
Enriqueta Favez, de
vestirse de hombre para
ejercer la Medicina en
Cuba, y casarse como
tal, se le puede sumar
la de muchas mujeres
que, igualmente vestidas
de hombre, lo hicieron
por diferentes causas en
disímiles lugares y
momentos históricos.
Algunas de ellas por
medio de la vestimenta
masculina, retaron el
poder político de los
hombres desde posiciones
independentistas, como
Martina Pierra de Poo,
en Cuba, o Tonina
Marinello, en Italia.
Otras se enfrentaron al
poder monárquico, como
la reina Cristina de
Suecia y los oficiales
del ejército inglés,
James Barry y John
Taylor, nombres asumidos
por dos mujeres
británicas.
También fueron
desafiantes las
actitudes de la
escritora George Sand y
la arqueóloga Madame
Dieulafoy, que
cuestionaron espacios
públicos diseñados para
ellas por la sociedad.
Asimismo, personalidades
menos célebres, pero con
un accionar beligerante,
como Murray Hall, Tony
Leesa y Sandor Vay,
lucharon por su libre
opción sexual fuera de
la normativa
heterosexista.
Esta relación de mujeres
transgresoras tiene como
historia final a la
anarquista boricua Luisa
Capetillo, quien por
motivos distintos a
Favez, pero con el mismo
espíritu de defender el
derecho de las mujeres a
figurar en el espacio
público, fue expulsada
de La Habana en 1915,
porque “iba por la calle
vistiendo prenda
masculina”.
Las mujeres que
vistieron de hombre
tuvieron que asumir un
costo que, en muchos
casos, arruinó su vida
personal. A pesar de
ello, como ejemplo
social, incentivaron a
que muchas otras se
unieran para lograr
sociedades donde la
equidad significara algo
más que la vestimenta.
4.2 Una mujer hombre
público
Según cuenta el Post
de Nueva Orleans, el
1ro. de agosto de 1851,
el patriota venezolano
Narciso López recibió la
noticia auténtica de que
“una perfecta señora,
una amante colosal de la
independencia, Doña
Martina Pierra de
Agüero, se había lanzado
a la lid con los
patriotas, vestida con
el arreo de un soldado y
montada en un espléndido
corcel. Participaba de
los peligros y las
fatigas de la guerra”.
(La Crónica,
1851, p. 5)
Martina fue una mujer
que desde muy joven
escribió poesía y
también fue actriz. En
1851, resultó prisionera
y sancionada al
destierro de su ciudad
natal, Puerto Príncipe
(Camagüey). Su poema “A
la muerte de Joaquín
Agüero”, alcanzó gran
popularidad entre los
cubanos independentistas
durante el siglo XIX.
4.3 Mujeres que pasan
por hombres
El caso de Murray Hall1
Hace pocas semanas ha
muerto en Nueva York uno
de los políticos más
bulliciosos de la famosa
organización democrática
conocida con el nombre
de Tammany Hall2,
que tanta influencia
electoral ejerce en los
EE.UU. El difunto
llevaba mangoneando en
política más de 25 años
y se llamaba Murray Hall2.
Al ir a amortajarlo se
descubrió que era una
mujer.
No solo era un gran
muñidor electoral, sino
que hacía todas las
cosas de los hombres:
fumaba, mascaba tabaco,
bebía, juraba como un
carretero, bailaba y
corría como los hombres;
conocía el boxeo y reñía
con frecuencia, y hasta
buscaba quimeras cuando
la molestaban. Para
engañar mejor, llevaba
siempre lo mismo en
verano que en invierno,
un abrigo muy largo y
muy ancho. Dirigía una
agencia de colocaciones
de las más acreditadas
de Nueva York, y a la
sombra de ella durante
mucho tiempo tuvo otra
agencia de apuestas
mutuas. Manejaba tan
bien sus negocios, que a
su muerte se ha visto
que poseía arriba 40 mil
dólares.
Lo único que podía haber
hecho sospechar su sexo
era su voz aguda; muchas
veces ocurrió que
estando en algún
despacho de bebidas, al
levantar la voz se
volvía alguno de los
concurrentes creyendo
que se trataba de una
mujer: en tal caso
Murray Hall miraba al
curioso con una fijeza y
expresión tan mala, que
los hombres más
atrevidos acababan por
apartar la vista y no
volverse a ocupar de
aquel individuo que
tenía una voz tan
extraña y una manera tan
amenazadora de mirar.
Lo más extraordinario
del caso es que Murray
Hall estuvo casado una
porción de años.
Conquistó a una muchacha
muy bonita y de muy
buena familia,
haciéndola creer que era
inmensamente rico. Lo
que pasó entre ellos
después de la boda es
cosa que no se sabrá
nunca, porque la pobre
mujer guardó un silencio
absoluto, aun con su
familia, hasta que murió
hace algunos años,
créese que de tristeza.
El dominio de Murray
Hall sobre su mujer era
tan absoluto, que se
apoderó por completo de
la fortuna de ella.
Más aún, se sabe que
Murray Hall enviaba
periódicamente
cantidades de dinero a
California y se sospecha
que esas remesas eran
para otra mujer con
quien se había casado en
primeras nupcias.
Tan extraño individuo, o
individua, debió adoptar
el traje masculino allá
por los años 1849, y
después de haber sido
madre, según afirman los
médicos. Por aquel
entonces marchó a
California a buscar oro,
e hizo la vida ruda de
los mineros.
En Nueva York, después
de viudo, hizo una vida
muy disipada; por las
noches lo veían en los
bares, con muchachas que
casi siempre eran
bonitas; después de
convidarlas a beber o a
comer, se iba con ellas
diciendo que las llevaba
al teatro. (Alrededor
del mundo, 1901,
pp.172-173)
El caso de James Barry3
En el ejército inglés se
recuerda todavía un
famoso doctor James
Barry, que durante 50
años estuvo desempeñando
el cargo de médico
militar en una porción
de guarniciones, incluso
en las de Malta y en el
cabo de Buena Esperanza.
Jamás sospechó nadie que
aquel doctor tan querido
de todo el mundo era una
mujer. Estando en el
cabo de Buena Esperanza
tuvo un desafío con un
oficial que le llamó
“mujer”. (Alrededor
del mundo, 1901,
pp.172-173)
El caso de Charles
Wilson4
Hoy en 1901 vive todavía
en Londres una mujer de
65 años, recogida en un
asilo, que durante 48
años pasó por hombre y
ejercía el oficio de
pintor decorador. Se
hacía llamar Charles
Wilson, y no se hubiera
descubierto nunca su
sexo á no ser por una
caída de un andamio, que
la dejó inútil y la
obligó a ir a un asilo.
(Alrededor del
mundo, 1901,
pp.172-173)
El caso de Tony Leesa5
Es un rasgo
característico de las
mujeres que se hacen
pasar por hombres, la
facilidad asombrosa que
poseen para que las
mujeres se enamoren de
ellas. Por cierto que
una de las más célebres
de esta clase, Tony
Leesa, trabajaba en una
gran fábrica de Jonkers,
donde traía revueltas y
enamoradas de ella,
creyéndole él, a todas
las operarias, hasta que
un día sucumbió ella
también al amor, y
habiéndose enamorado de
un hombre volvió a
vestirse como mujer, y
se casó con él con gran
sorpresa y desesperación
de los centenares de
enamoradas que la Tony
tenía. (Alrededor del
mundo, 1901,
pp.172-173)
El caso de John Taylor
Otro hecho del siglo
XIX, y también
relacionado con la
armada inglesa, fue el
de la travesti Mary A.
Talbot, quien sirvió
muchos años en la Marina
de Gran Bretaña, bajo el
nombre de John Taylor. (Lurie,
1981)
El caso de Sandor Vay6
Entre los hechos
históricos de este
género, hay algunos tan
notables como el de la
condesa Sarolta Vay, una
muchacha austríaca que,
vestida de hombre, se
hacía llamar Sandor Vay,
usaba su título de
conde, publicó poemas y
llegó á alcanzar tanto
favor en la sociedad de
Pesth, que conquistó a
una muchacha rica y se
casó con ella, y antes
que se hubiera
descubierto su engaño,
había disipado la mayor
parte de la fortuna de
su “esposa”. (Alrededor
del mundo, 1901,
pp.172-173)
4.3.1 Escritoras,
arqueólogas, reinas y
revolucionarias también
se vistieron de hombre
Una escritora
La célebre escritora
feminista que firmaba
con el seudónimo de
George Sand vistió de
hombre. Su verdadero
nombre fue Amandine-Aurore-Lucille
Dupin, baronesa Dudevant.
Luego de divorciarse de
su esposo, Aurore,
comenzó a preferir el
uso de vestimentas
masculinas y fumar
cigarrillos, aunque para
ciertas reuniones
sociales continuaba
vistiéndose con prendas
femeninas.
La ropa masculina le
permitió circular más
libremente en París, y
obtuvo de esta forma, un
acceso a lugares que de
otra manera hubieran
estado negados para una
mujer de su clase
social. Aunque como
consecuencia de estos
actos, ella perdió una
parte de los privilegios
que obtuvo al
convertirse en baronesa.
(Duby
y Perrot, 1992)
Una arqueóloga7
La exploradora Madame
Dieulafoy fue una de las
pocas mujeres a quienes
el gobierno francés, por
decreto especial, la
autorizó para vestir de
hombre desde el siglo
XIX. Su verdadero nombre
era Jeanne Henriette
Rachel y se le deben
importantes hallazgos
arqueológicos de la
etapa romana en España.
(Alrededor del mundo,
1901, pp.172-173)
Una reina
La reina Cristina de
Suecia fue educada como
si fuera un niño, y su
padre le hizo llevar
siempre ropa masculina
desde su nacimiento,
porque estaba
desesperado por no tener
hijo varón.
Como mujer soltera, se
esperaba de ella que
llevara una vida más
recluida y dedicada a
causas piadosas, pero en
su lugar, Cristina
continuó con una vida
activa, que le fue
permitida por su estatus
social. Además, Cristina
prefería vestir cómoda,
por lo que no era raro
que usara ropas
masculinas, sobre todo
cuando viajaba.
(Lesbian
News,
1999, p. 52)
Una garibaldina
Una italiana, Tonina
Marinello, formó parte
en todas las campañas de
Giuseppe Garibaldi,
haciéndose pasar por
hermano del hombre que
era su marido. Para
estos menesteres bélicos
siempre fue vestida de
hombre. Era tan
valiente, que se decía
que nada la arredraba, y
era reconocida en muchas
canciones populares
italianas como la que
decía: “era bella, era
rubia, pequeña como un
ave pero con un corazón
de león y soldado”. (Scena
Illustrata, 1912)
4.4 Luisa Capetillo y su
historia8
El caso de la mujer con
traje masculino en la
corte correccional
En la mañana de ayer se
vio ante el juez
correccional del segundo
distrito, licenciado
García Sola, el caso de
Luisa Capetillo9,
propagandista de las
ideas anarquistas que
hace unos dos años llegó
de Puerto Rico y que fue
detenida en la noche del
sábado por el vigilante
No. 32, M. Rodríguez al
ir por la calle de
Neptuno vistiendo el
traje masculino.
El vigilante, expresó el
señor juez, que había
detenido a Luisa por su
indumentaria masculina,
se le antojó una nota de
escándalo, pues iba
llamando con su
excéntrico capricho la
atención de los
transeúntes, algunos de
los cuales, se
detuvieron
escandalizados formando
grupo tras la anarquista
borinqueña.
— ¿Usted qué tiene que
alegar a lo dicho por el
señor vigilante?,
preguntó el señor juez a
Luisa.
—Pues, sencillamente,
que iba por la calle de
Neptuno y Consulado
vestida con saco y
pantalón y sin dar lugar
a escándalo de ninguna
clase, cuando me
sorprendió el
requerimiento de este
pudoroso vigilante. Yo
siempre uso pantalones,
señor Juez (y alzándose
un poco el vestido
mostró unos pantalones
abombachados, de color
blanco, que le llegaban
casi al tobillo) y en la
noche de “autos” en vez
de llevarlos por dentro
los llevaba a semejanza
de los hombres y en uso
de un perfecto y
libérrimo derecho, por
fuera.
— ¿Con que usted siempre
usa pantalones?
—Sí, señor; siempre ya
en una forma o en otra.
Con la misma
indumentaria con que iba
vestida en la noche del
sábado me he pasado en
Puerto Rico, México y
los EE.UU. y nunca fui
molestada. El pantalón
es el traje más
higiénico y más
cómodo...
—Más cómodo sería ir sin
ropa.
—Pero no más higiénico.
—Bueno, está usted
absuelta.
Al término de este
diálogo, Luisa Capetillo
se dirigió al señor Juez
para pedirle que
reprendiese al vigilante
Rodríguez por haberla
detenido y molestado en
su sentir
inopinadamente.
El licenciado García
Sola, molesto por esta
indicación se dirigió a
los vigilantes de
servicio en aquel lugar
en esta forma:
—Saquen a esa mujer que
ha faltado al juzgado.
Luisa se retira absuelta
—pues cada uno puede
vestirse como le dé la
gana, mientras no ofenda
la moral pública—, y un
sordo rumor del pueblo
que da carácter a estas
sesiones de las cortes
correccionales quedó
durante algún tiempo
flotando en el espacio.
(El Mundo, 1915,
p.14)
Luisa en nuestra
redacción
Desde el juicio, Luisa
visitó nuestra
redacción. Nos pidió que
rectificáramos los
conceptos que sobre su
ocurrencia de vestir el
traje masculino
expusiera un estimado
colega de la mañana.
—Yo me vestí con saco y
pantalón no para llamar
la atención como dice
dicho periódico —nos
dijo Luisa— sino que lo
hice con otro objeto,
con el de averiguar sin
ser advertida, algo que
personalmente me
interesaba e inquietaba.
Y a pesar de ser
anarquista, tengo mis
sentimientos, mi corazón
más o menos sensible,
mis afectos personales y
mis caprichos amorosos.
Un empeño de
investigación policiaca
relacionado con este
último extremo fue el
motivo de lo que se ha
juzgado, una caprichosa
ocurrencia mía.
— ¿Celos acaso?
—Sí, celos.
— ¿Volverá usted a
vestirse de hombre? —preguntámosle.
Mi espíritu inquieto
nunca pendiente de las
ocurrencias del mañana,
sino de la lucha del
presente, para el
mejoramiento del futuro,
nunca predice lo que
hacer. No sé si se me
ocurra o me sea
necesario vestirme de
hombre otra vez. Pero si
por alguna circunstancia
se me antojara vestir
una indumentaria, cuyo
uso nadie tiene derecho
a monopolizar, me la
pondré y tan campante. (El
Heraldo de Cuba,
1915)
Vestida de hombre
La conocida Luisa
Capetillo, propagandista
portorriqueña, vecina de
O´Relly 24, fue llevada
a la tercera Estación
anoche a las 10:00 p.m.,
por el vigilante 32, M.
Rodríguez. La Capetillo
fue acusada de
escándalo, pues iba por
la calle vistiendo
prendas del sexo
masculino. Ella declaró
que iba vestida así por
creer que al ir vestida
con esa indumentaria, no
ofende nada ni a nadie y
que no es cierto que se
aglomerara público, ni
hubiera escándalo. (El
Mundo, 1915, p. 14)
Luisa Capetillo,
protagonista de una
película cómica
El Mundo
publicó el domingo la
noticia de que un
vigilante de la Tercera
Estación había arrestado
a la joven portorriqueña
Luisa Capetillo por
discurrir por la ciudad
con traje masculino.
La Capetillo, cuando el
Teniente de la Carpeta
le interrogó acerca del
porqué de su
excentricidad, contestó
sonriendo:
—Amparada en la
Constitución me he
comprado este trajecito
de hombre, que está más
en concordancia con mis
ideas avanzadas que “una
saya de percal planchá”,
por ejemplo.
—Es que...
—Nada, hijo mío, estoy
en mi perfecto derecho
de vestirme como me dé
la gana.
—La moral, señorita...
—Buena, gracias, esa
distinguida señora no se
enojará conmigo, pues ya
lo ve usted; el pantalón
es ancho como a la moda
y el saco, ancho
también.
Y Luisa Capetillo con un
gesto eminentemente
femenino, se colocó
frente al Teniente en la
misma posición que un
alistado, lo haría al
pasar el Jefe del
Ejército.
Una mirada del Teniente
fue la revelación de que
la joven le había
convencido; pero como el
cargo es incompatible
con la conciencia, tosió
una vez, dos y tres y
dijo enfrentándose con
la peligrosa anarquista,
— pues Luisa Capetillo
tiene además de sus
excentricidades, la
pretensión de creerse
que la tomamos en serio
de cómo anarquista dijo:
—Allá el Juez
Correccional que se la
entienda con usted, so
marimacho.
A la media hora, Luisa
se paseaba por la ciudad
llamando la atención y
recibiendo
felicitaciones de sus
amigos y admiradores,
que esperaban ver de un
momento a otro a muchas
señoras y señoritas
también en traje
masculino.
La adopción del traje ha
constituido la nota de
actualidad palpitante y
en otro país que no
fuera el nuestro, en los
EE.UU. pongo el caso, ya
a estas horas a esa
joven le habrían hecho
ofertas para exhibirse
en cualquier teatro de a
medio la entrada, en la
seguridad de que
obtendría un éxito
colosalmente
significativo.
Porque sin duda de
ningún género el rasgo
de la Capetillo es de
esos que le “zumba el
mango”.
No ha tenido precedente
y recordará el lector lo
que se comentó en La
Habana hace años, la
moda de la
falda-pantalón,
importada de París,
Francia.
Nosotros teníamos una
amiga que le dio grandes
disgustos a su esposo.
Ella era tan bajita que
la llamaban tinajón con
patas. Pues bien, un día
se presentó ante su
esposo con una
falda–pantalón y al
verla aquel díjole,
confundiéndola con una
maromera:
—Señora, usted se ha
equivocado de casa, aquí
no es donde vive
Pubillones.
—No me conoces; soy yo,
tu “Cheíta”.
La voz de su mujer le
sacó del error y
cogiendo el reloj de gas
que se había desprendido
de detrás de la puerta,
se lo tiró
violentamente.
—Impúdica ¡Quítese usted
esos pantalones, que
quizá de quien sean!
— ¡Es la falda de moda,
y con ella puesta voy
ahora mismo al Hospital
de Emergencias para que
me pongan un esparadrapo
en el chichón que me has
hecho con el reloj de
gas; para confundirte,
groserote!
Hubo necesidad de avisar
a la madre de la señora
a fin de que la
convenciera de que
estaba a punto menos que
en calzoncillos y solo
así volvió a presentarse
ante la familia vestida
con decencia.
El numeroso público que
estaba en la corte
correccional del segundo
Distrito, quedó
defraudado en sus
esperanzas, pues Luisa
Capetillo se presentó
ayer en traje ordinario.
Lo único masculino que
tenía era la mirada. El
vigilante acusador “no
las tenía todas consigo”
y S.S. el Juez que no le
gusta ni el ruido de un
cohete, mandó al
Secretario Ferrádanes a
que tropezara con la
acusada para ver si esta
llevaba oculta algunas
de las bombas de
dinamita que la han
hecho tan popular entre
nosotros. Después de oír
las descargas de Luisa,
el Juez distó su
absolución. (El Mundo,
1915)
Citas y Notas:
1- Trascripción
hecha de
Mujeres que pasan por
hombres,
Alrededor del Mundo,
pp. 172-173, Madrid,
febrero, 1901.
2-
Se llegó a saber que su
verdadero nombre era
Mary Anderson y se creía
que había nacido en
Irlanda.
3-
Trascripción hecha
de Mujeres
que pasan por hombres,
Alrededor del Mundo,
pp. 172-173, Madrid,
febrero, 1901.
4- Ibídem.
5- Ibídem.
6-
Ibídem.
7- Ibídem.
8- A partir de
este acápite todas son
trascripciones de
periódicos cubanos como:
Información policíaca.
Vestida de hombre,
El Mundo, p .14,
La Habana, 25 de julio,
1915; El caso de la
mujer con traje
masculino en la corte
correccional, El
Heraldo de Cuba, La
Habana, 27 de julio,
1915; e Información
policíaca. Luisa
Capetillo, protagonista
de una película cómica,
El Mundo, La
Habana, 27 de julio,
1915.
9-
Luisa Capetillo fue una
de las principales
dirigentes del
movimiento feminista y
de la clase obrera en
Puerto Rico. Una copla
popular guarda el
recuerdo sobre su modo
de vestir “Doña Luisa
Capetillo, con razón o
sin razón, ha armado
tremendo lío con su
falda pantalón”. Ver la
obra de Yamila Azize:
La mujer en la lucha,
p. 77, Editorial
Cultural, San Juan,
1985. Otros comentarios
sobre el suceso que
narramos se pueden ver
en Julio Ramos: Amor
y anarquía. Los escritos
de Luisa Capetillo,
pp. 11-17, Ediciones
Huracán, San Juan, 1992.
Les agradezco a Yamila y
Julio por haberme
obsequiado sus libros
durante una visita a la
Universidad de Río
Piedras (Puerto Rico),
en abril de 1995.
Referencias
bibliográficas
Azize, Yamila: La
mujer en la lucha,
p. 77, Editorial
Cultural, San Juan,
1985.
El caso de la mujer con
traje masculino en la
corte correccional,
El Heraldo de Cuba,
La Habana, 27 de julio,
1915.
Duby, George y Perrot,
Michelle: Historia de
las mujeres. El siglo
XIX. La ruptura política
y los nuevos modelos
sociales, t.7,
Taurus Ediciones,
Madrid, 1992.
Garibaldina Tonina
Marinello,
Scena Illustrata,
n.XVI, Roma, 1912.
Información policíaca.
Vestida de hombre,
El Mundo, p. 14,
La Habana, 25 de julio,
1915.
Información policíaca.
Luisa Capetillo,
protagonista de una
película cómica,
El Mundo, La
Habana, 27 de julio,
1915.
Lurie, Alison: The
language of clothes,
Vintage, Nueva York,
1981.
Mujeres que pasan por
hombres,
Alrededor del Mundo,
pp. 172-173, Madrid,
febrero, 1901.
Queen Christina of
Sweden,
Lesbian News,
Vol. 24, Issue 10, p.
52, mayo, 1999.
Ramos, Julio: Amor y
anarquía. Los escritos
de Luisa Capetillo,
pp. 11-17, Ediciones
Huracán, San Juan, 1992.
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