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Al momento de escribir
esta entrevista, uno de
los poemas más hermosos
de Nicolás Guillén, me
ronda, sobrevolando las
ideas sobre cada palabra
que brota de las teclas:
“Pálida, fina, esbelta
(…) Cintura de abierta
madera. Es joven, apenas
vuela…”. Y no por vano
empeño evoco al poeta.
Guitarra se
titula ese texto, y
vendría, “ojos de
inagotable mulata”, de
seguro trayendo sus
cantares, siempre una
mujer a hechizarse de su
música. Mujer y
guitarra, darían
entonces nombre sonoro a
esta entrevista, aunque
con un último y poco
común añadido. El
apellido, sería
eléctrica.
A Leidy Laura Valdés
Suárez le hice una
pregunta que creo jamás
había hecho a ninguna
entrevistada, y es
cuánto mide. Esta joven
artista, oriunda de
Melena del Sur, graduada
del Instituto Superior
de Arte en la
especialidad de Laúd,
tiene 1 metro y 74
centímetros de altura;
sin duda, una talla poco
común entre las cubanas.
Pero no es su estatura
el blanco de nuestras
preguntas, sino su
aparición en los
escenarios, energizando
la escena desde los
acordes de su guitarra
eléctrica. Al momento de
esta entrevista,
comparte su trabajo en
el grupo del trovador
Gerardo Alfonso, entre
otros proyectos. Por lo
poco habitual de la
imagen, cabe la
interrogante:
¿Cómo llega una mujer a
dedicarse a este
instrumento?
Me gusta mucho la música
popular, me gusta mucho
la música anglosajona, y
me gusta mucho la
guitarra eléctrica. Es
un instrumento que me
gustó desde siempre,
fuera clásica o popular,
y nunca la dejé de
tocar. En la escuela,
siempre estaba detrás de
los muchachos para
estudiarme las escalas
dóricas, las modales, en
fin, las que son del
jazz y esas cosas. Se
usan muchas otras, pero
esas son las
fundamentales. Ellos se
ponían en una esquina a
tocar y allá iba yo a
tocar con ellos. Claro,
que uno empieza siempre
haciendo lo que no tiene
que hacer, te imaginas.
Pero luego se aprende,
se va uno superando más.
Curiosamente, los
instrumentos que estudió
esta muchacha, en
talleres y luego a lo
largo de los demás
niveles de enseñanza,
fueron de inicio el tres
y fundamentalmente el
laúd, del cual concluyó
estudios superiores.
¿Influye saber tocar el
laúd al encarar la
guitarra eléctrica?
La técnica del laúd me
ayuda mucho. Pensé que
iba a ser un obstáculo
porque en realidad se
toca de modo muy
diferente. El laúd es
más fuerte para tocar,
más duro, las cuerdas
están más tensas…
Entonces, la técnica del
laúd es completamente
fuerte, sea para arriba
o para abajo y es hasta
más seco el sonido. La
guitarra eléctrica tiene
las cuerdas más suaves,
es más dulce y una frase
que hagas bien hecha
suena de maravilla. En
el laúd también, pero
tienes que hacerlo con
más fuerza. Incluso toco
la guitarra eléctrica
mejor, con más
comodidad, gracias al
laúd, y hasta me pasa en
la guitarra acústica.
Claro, ese es mi caso,
no es que sea una regla
para todos; uso muchas
técnicas del laúd en la
guitarra eléctrica y me
funciona. En realidad no
lo sabía, me salió
porque es mi
instrumento: Soy
laudista.
Por supuesto, todo
conocimiento requiere
aprendizajes. Sin
embargo, no tengo
noticias de escuelas, al
menos en nuestro país,
para estudiar la
guitarra eléctrica.
Leidy Laura me comenta
al respecto.
Quien me da clases, un
señor llamado Yaco, es
un gran músico, y me
abrió las puertas a la
guitarra eléctrica. Un
amigo me da las señas de
este señor, que imparte
clases de este
instrumento. Y me fui a
verlo, el mismo día que
hablé con él por
teléfono. Imagínate que
no se lo esperaba. Pues,
llego, lo veo haciendo
cosas, tocando, y me
fijo en lo que hace.
Entonces me da la
guitarra, bueno, vamos,
toca algo. Y toqué más o
menos lo que le había
visto. Entonces me dice,
pero tú sabes guitarra
eléctrica; pues no, no
sé, solo hice lo que te
acabo de ver hacer. Así
que me insistió en que
tenía que dar clases con
él todos los días. Y me
interesa mucho porque
quiere hacer cosas
conmigo, grabar discos,
en fin.
Otro tema es que no hay
muchos ejemplos por
seguir cuando se es
mujer y se escoge este
instrumento. Laura se
ríe, “me gusta mucho
Jimi Hendrix, aunque,
bueno, ese no es un
ejemplo, es EL ejemplo.
Y en el caso de alguna
mujer guitarrista, ¿hay
alguna figura que sirva
de referencia o de
guía?
Aquí no he visto muchas
otras mujeres tocando la
guitarra eléctrica. A lo
mejor les gusta, pero no
se han enfrentado a esa
labor de ser guitarrista
popular porque las
mujeres más bien se
asocian a la guitarra
clásica. En mí surgió
todo lo contrario.
Y en el otro bando,
asómate machismo: ¿Cómo
reacciona la grey
masculina, entre público
y músicos, ante esta
“invasión” a predios
hasta ahora no muy
comunes a las mujeres?
¿Habrá algún soplo de
discriminación?
Los hombres se
impresionan cuando me
ven tocar. No te lo
puedo explicar. Qué te
puedo decir, creo que
nunca me imaginé que
pudiera tener tanta
aceptación tocando la
guitarra. Pero nunca me
he sentido discriminada
por ser mujer, y es algo
que tampoco voy a
aceptar. Si me pasa, yo
voy a ser más grande que
eso; yo voy a demostrar
más que cualquier límite
que puedan intentar
ponerme por ser mujer.
En el caso de los
guitarristas, en
general, no me han visto
mucho aún porque yo soy
laudista. También
compongo algo, pero
todavía no me atrevo a
mostrar nada. En este
país hay muy buenos
músicos y yo quiero,
cuando vaya a enseñar
algo de mi obra, hacerlo
para que digan, mira,
eso que tienes ahí es un
buen material.
Sin duda, son la
constancia y la voluntad
las que signan los
futuros posibles de esta
muchacha. Sin embargo, a
pesar de ejemplos y
caminos, es su propio
espejo quien dicta los
acordes, vida adelante.
Ojalá y llegue bastante
lejos, ojalá que sí. No
creo ser pretenciosa, ni
autosuficiente. Me di
cuenta un día, me gusta
la guitarra popular y
creo que puedo llegar
lejos aunque aquí haya
muchos buenos
guitarristas. Sé que
todavía no me conoce
nadie, que estoy casi en
pañales. Pero hay que
ponerle empeño y
disposición. Quiero
tocar como yo misma,
como la mejor Laura
posible.
Así, pues, de regreso a
Guillén, que inevitable
no ha dejado “de aletear
sones y coplas” por toda
la página, ponemos la
nota final al solo de
preguntas y respuestas.
Sobre esta muchacha y
sus eléctricos empeños
sonoros, como buena
profecía de sus andares,
podría repetirse también
aquí el último verso de
aquella ya mentada obra
del poeta: “Cuidado:
Sueña”. |