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Con el largometraje
Habanastation,
Carlos Otero debuta como
still man, que no
es más que el fotógrafo
encargado de tomar las
fotos fijas de una
película que, con el
tiempo, conforman la
memoria de lo que fueron
los días de filmación:
lo que pasó delante y
detrás de las cámaras.
En Cuba, por tradición,
han existido excelentes
still man; pero
en los últimos años,
lamentablemente, los
jóvenes realizadores
parecen no darle mucha
importancia a este
trabajo: un desliz que
no se ha permitido
Ian
Padrón, el director de
la película que se
exhibe por estos días en
todas las salas de cine
del país. Carlos Otero
en conversación
exclusiva con La
Jiribilla, define
así esta experiencia.
“Primero es un tremendo
orgullo haber trabajado
en una película cubana,
con un director joven y
talentoso y con un
equipo de lujo: jamás
pensé que iba a tener
esa oportunidad y,
además, nos divertimos
mucho. Se creó un gran
ambiente de
compañerismo, una
relación de amigos… la
pasamos requetebién,
sobre todo, en los
barrios más humildes.
“Estar en Zamora fue una
experiencia única. Allí
todo el mundo se puso en
función de la película y
abrían las puertas de
sus casas sin ningún
miramiento. A mí, por
ejemplo, me toca en mi
casa un fotógrafo
diciendo que quiere
retratar mi intimidad y,
probablemente, no lo
deje. Sin embargo, en
Zamora todo el mundo
brinda lo poco que
tiene. El último día de
filmación, los vecinos
se pusieron de acuerdo
y, con recursos propios,
nos hicieron una
caldosa… te hacen sentir
como en tu propia casa.
Eso no sucedió en otras
locaciones en que la
gente mantiene cierta
distancia. Cuando la
película se proyectó en
Zamora había que ver las
caras de las gentes y la
alegría de esas personas
por verse reflejados en
la pantalla grande. Fue
muy emocionante, y tomé
muchas fotos que
testimonian ese
momento.”
¿Algún método de
trabajo?
Tengo como método de
trabajo tomar muchas
fotos: hago casi una
película en movimiento a
partir de la foto fija,
es decir, hice muchas
fotos-secuencia. En
Habanastation puse
mi mayor empeño y
salieron ¡más de diez
mil fotos! Estuve en las
filmaciones casi todo el
tiempo. Creo que
exageré.
En el cine Chaplin puede
verse una exposición de
unas 30 fotos tomadas
por ti…
Ian Parón es un director
que le da mucha
importancia al trabajo
de la foto fija y he
tenido la suerte de
colaborar en la mayoría
de sus videoclips; es un
creador que se interesa
por conservar la memoria
de lo que sucede.
¿Satisfecho?
Satisfecho uno nunca
está y quisiera, si hay
una próxima, tomar
mejores fotos, de más
calidad. Es mi reto.
¿Cómo se hizo la
selección?
Decidimos que, teniendo
en cuenta el espacio, la
exposición debería tener
unas 30 fotografías,
pero la última selección
llegó a 146. Después de
discutir intensamente,
logramos hacer la
curaduría; pero se
quedaron fuera muy
buenas imágenes que
podían haber estado
incluidas. En materia de
arte, discriminar es
complicado, pero hay que
hacerlo.
¿Cómo ha sido tu
formación?
Está bastante lejos del
cine. Estudié Ingeniería
en hidrogeología en
Rusia donde me gradué en
1987. Siendo alumno de
ese Instituto, un
fotógrafo de gran
experiencia nos impartió
un curso de fotografía.
Quedé enamorado de la
fuerza de la imagen y a
partir de ahí no me he
podido separar de la
cámara.
Cuando regresé a Cuba
empecé a trabajar en el
sector del turismo como
fotógrafo de cabaret y
de distintos centros
recreativos. Después
comencé en la fotografía
submarina que es en la
que he tenido más éxito
y a la que le he
dedicado más tiempo.
Gracias a esa
especialidad hice mi
primer trabajo con Ian
—realicé las filmaciones
subacuáticas del
videoclip “Sigo
cayendo”, del dúo Buena
Fe que se efectuaron en
el Complejo de piscinas
Baraguá, al este de La
Habana.
¿Qué te aportó el
trabajo en el mundo del
espectáculo?
Ojo y rapidez porque
tienes que tomar una
instantánea a alguien
que está en el cabaret e
imprimirla rápidamente.
Trabajé mucho la figura
humana y paralelo a eso
comencé a tomar fotos a
los espectáculos con
intereses más artísticos
e intenté experimentar
con las luces, que a
veces son muy fuertes y
otras muy tenues, y hay
que trabajar con alta
sensibilidad. Adquirí un
poco de experiencia.
Llegas al mundo del arte
a partir del mundo de la
ciencia…
Así es. La hidrogeología
me dio el amor al
entorno, a la
naturaleza, me permitió
tener una mirada
distinta y conocer otros
lugares. Hoy en día
continúo haciendo mucha
foto de naturaleza. En
Cuba —auspiciado por la
Federación Cubana de
Actividades
Subacuáticas— se han
efectuado tres
campeonatos nacionales
de fotografía submarina
y he resultado campeón
en cada uno de ellos.
Mi labor como fotógrafo
submarino la inicié en
Cayo Largo; allí
trabajaba en un Photo
Service y tenía que
retratar a los turistas.
Para mí bucear siempre
fue un sueño y ese
trabajo me permitió
llevar la cámara debajo
del agua. Ese,
lógicamente, no era el
trabajo que más me
gustaba porque quería
tomar mis propias
imágenes y así empecé a
hacer fotos submarinas
bastante serias. En 2005
se realizó en Islas
Medas, España, un
Campeonato Mundial y fui
en representación de
Cuba, junto con un
asistente. Me fue muy
mal, sobre todo porque
no estaba preparado para
una competencia de esa
categoría y mi
equipamiento no era el
mejor, pero al final,
siempre tuve la
corazonada de que algo
iba a obtener ¡y gané en
experiencia!
¿Proyectos?
Hice recientemente una
exposición sobre
dormitorios —sin las
personas— que se exhibió
en la Fototeca de Cuba,
en la Plaza Vieja de La
Habana colonial, y en
estos momentos está
recorriendo varias
ciudades europeas. La
idea es que los
dormitorios cuenten la
historia de sus
habitantes y van desde
los que habitan una
cueva hasta una mansión.
Esta exposición ha
tenido muy buena acogida
y, seguramente, va a
continuar porque siempre
aparecerán dormitorios
interesantes.
También estoy trabajando
en otra muestra, en
México, sobre el cuidado
del medio ambiente en
Cuba. Fue un concurso
convocado por una
brasileña, gran
defensora de la
ecología, y quien ha
hecho muchos
documentales y
exposiciones en todo el
mundo. Ella organizó un
proyecto llamado
“Caminata por el
ambiente” y obtuve el
primer lugar con una
fotografía submarina,
pero no fue una imagen a
un pez ni mucho menos
porque yo he ido
cambiando mi concepción:
no me interesa tanto
hacer fotos de animales
hermosos, sino que la
parte fea me sirva como
instrumento para hacer
llamados de atención.
Concebí una foto
bastante conceptual en
la que aparecía un
hombre desnudo halando,
en el fondo del mar,
unos garapachos de
tortugas. “Caminata por
el ambiente” me sirvió
para ser invitado, junto
con otros fotógrafos
cubanos, a este nuevo
proyecto.
Aunque continuaré con la
foto de tema
medioambientalista,
quisiera seguir formando
parte del equipo de
trabajo de Ian Padrón y
¡ojalá me tenga en
cuenta para su próxima
película! |