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“Tengo varios guiones en
procesos distintos de
terminación. Quisiera
hacer mi primer
largometraje lo antes
posible, pero no veo
mucha voluntad de que
eso suceda. No creo que
sea nada personal. Quizá
hay demasiados cineastas
para pocos presupuestos.
Aún así, anuncio que
haré cine, con o sin el
apoyo de las
instituciones. Hacer
cine es mi vida y solo
la muerte me lo
impediría. Lo demás se
lo dejo a la Historia”,
me respondió
Ian Padrón
cuando lo entrevisté
hace unos pocos años, a
raíz de su polémico y
buen documental Fuera
de liga.
Claro, antes
de esa pieza
(2004)
multipremiada en
Cuba y en el
extranjero (Premio
a la mejor película 3er.
Festival Anual de Cine
National Baseball Hall
of Fame and Museum,
Cooperstown, New York;
Mejor documental de Cuba
en el 2008 Asociación
Cubana de la Prensa
Cinematográfica; Gran
Premio Caracol para obra
no dramatizada, Concurso
Caracol UNEAC; Premio
Catedral de SIGNIS para
Cine, Concurso Caracol
UNEAC, 2008; Mención de
Honor, Festival
SPORTCINE de Milán,
Italia, 2008; y
Selección oficial
Festival Internacional
de Cine de Gotemburgo,
Suecia, entre otras
distinciones) Ian había
desandado un fructífero
camino como guionista de
historietas primero, de
animados después en
videoclips, con una
buena cantidad de
Premios Lucas y también
lo había hecho en otros
documentales: Eso que
anda y
Luis Carbonell:
después de tanto tiempo,
aplaudidos por la
crítica y el público.
Y al fin le tocó la hora
de la ficción: impulsado
por La Colmenita, con la
colaboración del ICAIC y
el ICRT (Instituto
Cubano de Radio y
Televisión) llegó la
posibilidad de llevar al
celuloide
Habanastation. La
propuesta para realizar
la cinta, Ian la había
hecho en el año 2000 al
ICAIC luego de que esa
institución librara una
convocatoria: tres
cortos para hacer un
filme. No fue
seleccionado, sino su
primer largometraje
habría formado parte de
la película Tres
veces dos.
Pero como a Carlos
Alberto Cremata, Tin, el
director de La
Colmenita, todo o casi
todo se le da bien,
quiso hacer cine con sus
muchachos y logró aunar
fuerzas. Un día, la
productora Vilma
Montesinos, del ICRT,
llamó a Ian para hacer
Habanastation. El
sí fue rotundo y buscó
al guionista Felipe
Espinet para que lo
ayudara.
El casting para
los dos niños
protagonistas habaneros
que viven en Habanas
distintas, y otros que
trabajan en papeles
secundarios, lo hizo,
por supuesto en La
Colmenita y ahí están
robándose el show
todo el tiempo, como
unos verdaderos
consagrados. Acerca de
la forma en que los
descubrió Ian dijo:
“Como diríamos en buen
cubano, fue ‘un jamón’.
A Ernesto Escalona y
Andy Fornaris los
encontré relativamente
fácil”.
Si bien fueron
responsables a la hora
de montar sus
personajes, no se puede
olvidar que han tenido
una escuela
extraordinaria: la
singular compañía
dirigida por Tin, y tal
hecho contribuyó a dotar
a esos adolescentes de
ciertos conocimientos
que solo lo ofrecen la
escena.
El resto del elenco
Blanca Rosa Blanco, Luis
Alberto García, Miriam
Socarrás, Raúl Pomares, Evert Álvarez, Omar
Franco, Rigoberto
Ferrera y Herón Vega,
más la debutante Claudia
Alvariño, contribuyen a
crear una atmósfera que
por momentos es risueña
y en otros
melodramática. Y sí,
creo que esa es la
virtud más grande de
Habanastation, hacer
reír y emocionar casi
hasta las lágrimas. A
propósito, inicialmente
el filme se llamaba
Pleiesteichon, como
decimos nosotros a
Playstation, ese
video-juego tan
globalizado, pero la
marca no aceptó que se
utilizara su nombre.
Para Ian fueron vitales
Hoari Chiang, como
director asistente;
Javier Figueroa,
sonidista, y
Alejandro
Pérez que hizo la
fotografía. A este trío
de mosqueteros se unió
René Baños, director de
la agrupación Vocal Samplig y la banda
Nacional Electrónica que
se encargaron de la
banda sonora.
Aplausos merece el
barrio de Zamora, en la
localidad de Marianao
que también es
protagonista del filme y
al que Ian llevó hecho
arte sus calles
desbaratas, casas en mal
estado; pero también la
alegría, solidaridad, el
baile, los papalotes y
todo ese espíritu cubano
que reina en nuestro
país.
Si el nivel de actuación
está bien en términos
generales, la fotografía
funciona de forma
acertada y la música se
inserta en el desarrollo
dramático del filme.
Habanastation
viene a llenar un
espacio en la
cinematografía nacional
de los últimos tiempos.
A pesar de la crisis
global, el cine es
entretenimiento, risa,
optimismo, rescate de
los mejores sentimientos
que no han estado
presente en la gran
mayoría de los filmes
recién exhibidos,
algunos muy buenos pero
lo único que logran es
deprimir al espectador.
Invitado por Michael
Moore, Ian se estrenará
internacionalmente con
Habanastation en
el Festival de Cine
Traverse City, en
Minessota, EE.UU. En
Cuba su debut ha sido
apoteósico: desde el
primer día en el cine
Chaplin hasta en otras
salas capitalinas como
el Yara y el multicine
Infanta, donde las
personas esperan hasta
dos horas antes de la
proyección de la cinta.
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Foto: Karen
Forteza y Curtis
Martin |
En una entrevista
reciente Ian dijo:
“Sinceramente me
conformo con llenar los
cines y las salas de
video, con emocionar al
público que asista a
verla. Mi premio mayor
será sentirme como
cuando era un niño y
veía la obra de mi padre
Juan Padrón en los cines
y todo el mundo se la
pasaba bien con sus
películas. De él he
heredado el respeto
hacia el público y su
rigor a la hora de
contar una historia”.
Ese gran deseo lo ha
conseguido este tercer
Padrón cineasta. Juan y
Ernesto tuvieron sus
momentos, ahora al hijo
y sobrino le toca
disfrutar de este
aplauso casi unánime por
un filme en apariencias
sencillo, pero tan bien
realizado que nos hace
sentir mejores cuando
salimos del cine porque
la emoción se ha
adueñado de nosotros.
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