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Los festivales
internacionales de
títeres, son esa
oportunidad única de
entrar en contacto
directo con el universo
mágico y misterioso de
los muñecos. Colores,
ritmos y lenguajes
convergen durante varios
días en esos eventos,
los cuales, no están
solamente pensados para
los pequeños. Si algo
ha dañado
intensamente al género
titiritero, ha sido esa
ubicación en el terreno
limitado del ribete
“para niños”. Este
oficio nunca fue
privativo del ámbito
infantil, sino que se
desarrolló desde tiempos
pasados en plazas,
parques y tabernas, para
todo público. Por tanto,
un buen teatro de
figuras es lo mismo para
niños que
para mayores, y siempre
deberá ser arte,
diversión, pensamiento.
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En el Festival
de Títeres de
Tlaxcala |
El Festival
Internacional de Títeres
Rosete Aranda, del
Estado de Tlaxcala, en
México, se empeña, hace
26 años, en dignificar y
promocionar esta antigua
manifestación. Razones
les sobran a los
tlaxclatecas, pues en el
pueblo maravilloso de
Huamantla, nació en el
siglo XIX, la Compañía
de Autómatas de los
Hermanos Rosete Aranda.
Fabricantes de títeres
de hilos bellamente
diseñados, que recreaban
cuentos, leyendas y
costumbres populares
mexicanas, actuando en
carpas itinerantes, que
entre los años 1835 y
1961, recorrieron con
éxito todo el país.
La edición de julio de
2011 contó con
agrupaciones teatrales
de Argentina, Canadá,
Cuba, Ecuador, España,
Guatemala, Taiwán y
México. Como principal
distinción,
tuvo las extensiones del
festival hacia los
municipios ubicados
fuera de la capital del
estado. Teatro de Las
Estaciones, con su
espectáculo La niña
que riega la albahaca y
el príncipe preguntón,
basado en un cuento
popular andaluz,
recogido por Federico
García Lorca, en 1923, y
estrenado por el grupo,
en 1996, se unió a esta
idea del festival y
desanduvo con su montaje
por los poblados de
Zacatelco, Apetatitlán,
Xiloxochtla, Huamantla,
Calpulalpan y la
capitalina Tlaxcala.
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Función en
Apetatitlán |
Fue una experiencia
inolvidable. Tantos años
de festival han
ido conformando un
público sensible,
conocedor y agradecido.
Cierto que en esos
lugares distantes, no
todos los espacios
escénicos fueron los
idóneos, pero los deseos
de tener una función con
titiriteros nacionales o
internacionales
suplieron cualquier
dificultad. La sonrisa
de chicos y adultos
fueron el mejor premio
para los que allí
acudimos, como si los
Rosete Aranda hubieran
esparcido su polvo
prodigioso sobre el
territorio mexicano.
Algunos colegas nos
preguntaban si el
público conocía a
Lorca, pues sus
reacciones se
producían a tiempo con
la metáfora y el duende
de los textos del poeta
granadino. Creo que sí,
que los nacidos en
tierra azteca tienen una
predisposición natural
hacia todo lo que
proviene del arte de los
retablos. Su cultura
está hecha de objetos
artesanales, con una
policromía cercana a la
esencia de los muñecos,
lo mismo pasa con sus
vestuarios
tradicionales, bordados
por la mano del hombre o
tejidos con los hilos
del corazón. Todo está
dispuesto en ese
país para creer en la
vida de objetos y
elementos, es una
cultura cercana al rito
de la creación humana, a
la huella indeleble de
la existencia de hombres
y dioses, juntos en el
mundo.
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En Huamantla |
Otro de los sitios
visitados en el festival
fue el Museo Nacional
del Títere Mexicano (MUNATI).
Un lugar fundado hace ya
tiempo, en el
pueblo hechizado de
Huamantla. El espacio
reverdece ahora
laureles con la ayuda
del gobierno del estado
tlaxcalteca. Posee
salones bien equipados
tecnológicamente,
que fungen
como depósitos de las
colecciones y donaciones
de títeres nacionales y
de allende los mares. A
su nuevo director,
Armando Rosete, nieto
del titiritero Francisco
Rosete, el Teatro de Las
Estaciones, de Matanzas,
entregó una réplica de
Pelusín del Monte y
Pérez del Corcho, títere
nacional cubano, creado
por Dora Alonso y Pepe
Camejo, en 1956, y ahora
reproducido por la
galería El Retablo bajo
la dirección plástica de
Zenén Calero. Fue allí
también, la entrega del
Premio Rosete Aranda al
vasco Miguel Arreche,
codirector del Festival
Internacional de Títeres
de Tolosa y del Centro
Internacional de Títeres
de Tolosa (TOPIC), con
una amplia biografía de
trabajo en pro de la
consolidación del género
titiritero a nivel
mundial.
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Con Armando
Rosete en
Huamantla |
Hacia los estados de
Hidalgo y Morelos nos
movimos los titiriteros
de otros países llegados
a Tlaxcala. Todos
esparcimos
felices nuestro estilo
de hacer en los lugares
más recónditos de esa
geografía. Partíamos
desde la bella ciudad de
Pachuca o desde la
paradisíaca Cuernavaca.
El lenguaje de los
títeres en México
se convierte en uno
solo, sin distinciones
de idiomas ni de
razas. Una lengua que
solo cree en el accionar
de las manos y los
brazos que van en pos de
la mirada tierna de los
niños del país de Benito
Juárez y Emiliano
Zapata. Lo que ocurre
después es el asombro
eterno de sus pequeños y
mayores ante el retablo.
En México, país hermano
—país
de los títeres, de los
quetzales, las mazorcas
de maíz o elotes, como
ellos le llaman al grano
amarillo e
imprescindible,
de ranas, salamandras,
serpientes, soles y
estrellas— todo
se anima en paredes,
vasijas o tejidos, desde
tiempos inmemoriales,
con una magia que nadie
sabe de dónde vino, ni
hacia dónde va. |