La Habana. Año X.
13 al 19 de AGOSTO de 2011

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México, el país de los títeres
Rubén Darío Salazar • La Habana

Los festivales internacionales de títeres, son esa oportunidad única de entrar en contacto directo con el universo mágico y misterioso de los muñecos. Colores, ritmos y lenguajes convergen durante varios días en esos eventos, los cuales, no están solamente pensados para los  pequeños. Si algo ha dañado intensamente al género titiritero, ha sido esa ubicación en el terreno limitado del ribete “para niños”. Este oficio nunca fue privativo del ámbito infantil, sino que se desarrolló desde tiempos pasados en plazas, parques y tabernas, para todo público. Por tanto, un buen teatro de figuras es lo mismo para niños que para mayores, y siempre deberá ser arte, diversión, pensamiento.


En el Festival de Títeres de Tlaxcala

El Festival Internacional de Títeres Rosete Aranda, del Estado de Tlaxcala, en México, se empeña, hace 26 años, en dignificar y promocionar esta antigua manifestación. Razones les sobran a los tlaxclatecas, pues en el pueblo maravilloso de Huamantla, nació en el siglo XIX, la Compañía de Autómatas de los Hermanos Rosete Aranda. Fabricantes de títeres de hilos bellamente diseñados, que recreaban cuentos, leyendas y costumbres populares mexicanas, actuando en carpas itinerantes, que entre los años 1835 y 1961, recorrieron con éxito todo el país.

La edición de julio de 2011 contó con agrupaciones teatrales de Argentina, Canadá, Cuba, Ecuador, España, Guatemala, Taiwán y México. Como principal distinción, tuvo las extensiones del festival hacia los municipios ubicados fuera de la capital del estado. Teatro de Las Estaciones, con su espectáculo La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón, basado en un cuento popular andaluz, recogido por Federico García Lorca, en 1923, y estrenado por el grupo, en 1996, se unió a esta idea del festival y desanduvo con su montaje por los poblados de Zacatelco, Apetatitlán, Xiloxochtla, Huamantla, Calpulalpan y la capitalina Tlaxcala.


Función en Apetatitlán

Fue una experiencia inolvidable. Tantos años de festival han ido conformando un público sensible, conocedor y agradecido. Cierto que en esos lugares distantes, no todos los espacios escénicos fueron los idóneos, pero los deseos de tener una función con titiriteros nacionales o internacionales suplieron cualquier dificultad. La sonrisa de chicos y adultos fueron el mejor premio para los que allí acudimos, como si los Rosete Aranda hubieran esparcido su polvo prodigioso sobre el territorio mexicano. Algunos colegas nos preguntaban si  el público conocía a Lorca, pues  sus reacciones se producían a tiempo con la metáfora y el duende de los textos del poeta granadino. Creo que sí, que los nacidos en tierra azteca tienen una predisposición natural hacia todo lo que proviene del arte de los retablos. Su cultura está hecha de objetos artesanales, con una policromía cercana a la esencia de los muñecos, lo mismo pasa con sus vestuarios tradicionales, bordados por la mano del hombre o tejidos con los hilos del corazón. Todo está dispuesto en ese país para creer en la vida de objetos y elementos, es una cultura cercana al rito de la creación humana, a la huella indeleble de la existencia de hombres y dioses, juntos en el mundo.


En Huamantla

Otro de los sitios visitados en el festival fue el Museo Nacional del Títere Mexicano (MUNATI). Un lugar fundado hace ya tiempo, en el pueblo hechizado de Huamantla. El espacio reverdece ahora laureles  con la ayuda del gobierno del estado tlaxcalteca. Posee salones bien equipados tecnológicamente, que fungen como depósitos de las colecciones y donaciones de títeres nacionales y de allende los mares. A su nuevo director, Armando Rosete, nieto del titiritero Francisco Rosete, el Teatro de Las Estaciones, de Matanzas, entregó una réplica de Pelusín del Monte y Pérez del Corcho, títere nacional cubano, creado por Dora Alonso y Pepe Camejo, en 1956, y ahora reproducido por la galería El Retablo bajo la dirección plástica de Zenén Calero. Fue allí también, la entrega del Premio Rosete Aranda al vasco Miguel Arreche, codirector del Festival Internacional de Títeres de Tolosa y del Centro Internacional de Títeres de Tolosa (TOPIC), con una amplia biografía de trabajo en pro de la consolidación del género titiritero a nivel mundial.


Con Armando Rosete en Huamantla

Hacia los estados de Hidalgo y Morelos nos movimos los titiriteros de otros países llegados a Tlaxcala. Todos esparcimos felices nuestro estilo de hacer en los lugares más recónditos de esa geografía.  Partíamos desde la bella ciudad de Pachuca o desde la paradisíaca Cuernavaca. El lenguaje de los títeres en México se convierte en uno solo, sin distinciones de idiomas ni de razas. Una lengua que solo cree en el accionar de las manos y los brazos que van en pos de la mirada tierna de los niños del país de Benito Juárez y Emiliano Zapata. Lo que ocurre después es  el asombro eterno de sus pequeños y mayores ante el retablo. En México, país hermano país de los títeres,  de los quetzales, las mazorcas de maíz o elotes, como ellos le llaman al grano amarillo e imprescindible, de ranas, salamandras, serpientes, soles y estrellas todo se anima en paredes, vasijas o tejidos, desde tiempos inmemoriales, con una magia que nadie sabe de dónde vino, ni hacia dónde va.

 
 
 
 
   
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.