|
Nunca pensé que mi
propuesta de una
antología visual a la
editorial Letras
Cubanas, tuviera un
recorrido tan ilustre
durante el decenio que
recientemente finalizó.
A la primera, dedicada a
José Martí, el icono de
mayor trayectoria de
nuestra cultura visual,
le siguió la de Ernesto
Che Guevara en 2006. Hoy
presentamos la tercera,
la del poeta y escritor
José Lezama Lima. Entre
las dos primeras y la de
Lezama, hay una
diferencia que, a mi
entender, es oportuno
destacar, tratándose ya
de una verdadera serie:
aquellas fueron
propuestas por mí a la
citada editorial; en
esta de hoy, el acto se
invirtió, fue la
editorial quien me la
propuso en diciembre de
2009, con vista al
centenario del natalicio
del escritor.
Como si fuera ayer,
recuerdo aquella mañana
en que, en el entresuelo
del Palacio del Segundo
Cabo, por entonces, sede
del Instituto Cubano del
Libro, se me hizo tal
propuesta. Por un
momento dudé; pero, acto
seguido, acepté. Tres
fueron las razones que
me asistieron. La
primera, se explica con
un refrán de gran
sabiduría campesina: al
perro huevero, aunque le
quemen el hocico. La
segunda, porque me dio
la oportunidad de hablar
sobre el Lezama que
conocí entre 1968 y
1972, cuando, llevado
por mi interés por la
literatura, entablé
amistad con él. Mientras
otros poetas que decían
escribir para el pueblo
por la claridad de sus
versos, se nos hacían
prácticamente
inalcanzables, el del
verso oscuro, nos abría
las puertas de Trocadero
162, exigiéndonos como
único requisito amar la
poesía.
 |
Todos éramos entonces
muy jóvenes, estudiantes
de Artes y Letras,
becados de la Escuela
Nacional de Arte,
egresados del primer y
segundo llamado del
Servicio Militar
Obligatorio o
simplemente hippies.
El hombre nuevo se
suponía que naciera de
nosotros. Nos impusieron
la gran tarea de hacer
de esta Isla una tierra
para la amabilidad, sin
embargo, como diría
Brecht, no siempre
fuimos amables con
nosotros mismos. La
tercera y última razón
por la que dije sí, fue
comprender que se me
daba la posibilidad de
ampliar desde el arte la
bibliografía referida a
la obra y vida de
Lezama, es decir, desde
la obra y la vida de
aquellos pintores,
fotógrafos, escultores,
caricaturistas y
diseñadores que, en
mayor o menor medida, se
vieron involucrados con
el hacer y decir del
escritor, ampliando la
visión y acción de su
protagonismo intelectual
más allá del texto
escrito.
Un número importante de
obras que ya son
representativas del
ámbito intelectual y
mediático de la Cuba del
pasado siglo, no habrían
sido posible sin ese
encadenamiento entre el
escritor y sus amigos
artistas, que floreció
durante esas estaciones
de la imagen, como gustó
datar las apariciones de
su emblemática
Orígenes. Esta
realidad gestada al
influjo de Lezama, no
tenía sentido que
concluyera con su
muerte. De ahí que nos
propusimos llevarla
hasta más allá de su
tiempo físico,
exponiendo casi todo lo
que desde entonces hasta
el 2010 se ha concebido
por parte de las nuevas
generaciones de
artistas, donde tampoco
faltan diseñadores,
caricaturistas,
cineastas y pintores. A
fin de cuentas, qué son
las antologías visuales
de Martí y Che, sino la
vida que nos entrega el
arte de aquellos grandes
que ya no están con
nosotros, pero cuyo
legado nunca ha perdido
esa capacidad de
servicio a la patria y a
la mejor cultura de
todos los tiempos. En
consecuencia, en esta
que hoy presentamos de
Lezama, junto con
nombres ya canónicos de
nuestra historia del
arte como Jorge Arche,
Mariano, Lozano o
Antonia Eiriz, están
otros como Chinolope,
Juan David, José Luis
Posada, Eladio Rivadulla
y Pedro de Oraá, a los
que les siguen con igual
entrega un número de
jóvenes que ya empiezan
a sentirse en el arte
contemporáneo cubano.
Sin embargo, como toda
Antología, prevalece una
selección. Esta, en
particular, ha tenido
como guía a Lezama, por
las razones antes
explicadas. Luego, no
están todos los
artistas, pero todos los
que están lo son. Ese es
el riesgo de toda
antología, poética o
visual, el cual asumo,
tal y como lo prescribe
la letra de un famoso
fado portugués: Todo lo
que es excesivo es muy
poco.
|
 |
Para quien la pintura
formó parte esencial de
la expresión poética de
lo cubano, ya era hora
de que las
manifestaciones más
recientes de nuestra
cultura visual también
contribuyeran a un mejor
conocimiento de su vida
y obra. “Solo lo difícil
es estimulante”,
escribió Lezama. Sea
esta, pues, la divisa
del nuevo empeño
estético-comunicativo
que opera desde el
inicio del presente
siglo en nuestro ámbito
artístico, y del cual es
la presente
Antología… una
muestra palpable. La
puerta de Trocadero 162
se presenta como el
primero de los umbrales
a flanquear por nuestros
artistas desde el año
del centenario del
poeta. Asentado ya en su
dominio conquistado,
cualquier tardanza que a
partir de ahora incurra
en su tiempo, no será ya
más una forma de olvido,
sino más bien un respiro
en el permanente acto de
admirarlo. Ser justos,
será otro modo de ser
cultos… Y libres.
Palabras en la
presentación del libro
Antología Visual.
José Lezama Lima en la
plástica y la gráfica
cubanas. Sábado 6 de
agosto de 2010. |