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Con la première absoluta
con público el 12 de
agosto, en el Cine
Chaplin, el preestreno
del 13 al 17 de agosto
en la misma sala, y el
estreno nacional a
partir del 18 de agosto,
se anuncian los primeros
encuentros con el
público de la
superproducción
bélico-histórica cubana
Sumbe, segunda
entrega de una trilogía
audiovisual que acomete
el ICAIC para repasar
las páginas del
internacionalismo cubano
en África. La primera
entrega de la trilogía
fue Kangamba, la
tercera está en
proyecto, y tiene como
título de trabajo
Cuito-Cuanavale.
El director y guionista
de Sumbe, Eduardo
Moya, declaró en rueda
de prensa que “todo el
tiempo predominó un
excelente espíritu de
trabajo, algo
fundamental para llevar
a cabo un proyecto de
esta magnitud, pues
nunca me había
enfrentado a algo de
esta escala, a tareas
tan difíciles como
dirigir a 50 actores, y
todos son protagonistas
en algún momento, pues
aquí el verdadero papel
principal lo tiene la
masa, la masa
combatiente que nunca
retrocedió ante un
enemigo superior en
armamentos. La
estructura coral del
filme fue resultado de
la información
suministrada por los
excombatientes, pero la
película termina siendo
un reflejo pálido de los
acontecimientos
ocurridos en Sumbe.
Estoy muy satisfecho con
el trabajo y la
creatividad de mucha
gente aplicada a esta
obra, que no es una
película más. Es
resultado del trabajo en
común y del sacrificio y
del valor de mucha
gente”.
El director de
producción, Humberto
Hernández, subrayó el
hecho de que muy pocas
veces el ICAIC se ha
enfrentado a semejante
cantidad de actores y a
cientos de extras en una
producción colmada
además de dificultades
técnicas, pues hubo que
construir muchísima
escenografía y
reproducir en Cuba
decenas de locaciones
angolanas, lo cual
conllevó la petición de
innumerables permisos de
rodaje, muchísimos
ensayos, y que toda la
pirotecnia estuviera
lista a tiempo.
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Construida a la manera
del reportaje, que todo
el tiempo aclara el
espacio y tiempo en que
están ocurriendo las
acciones, Sumbe
describe básicamente los
acontecimientos en torno
al 25 de marzo de 1984,
cuando un reducido grupo
de obreros, maestros,
médicos, técnicos y
asesores cubanos, con
escaso armamento y
parque, se unen a los
angolanos para defender
la ciudad de Sumbe
—capital de la provincia
de Kuanza Sur, ubicada
en el litoral cerca de
Luanda— del ataque de
las fuerzas elites de la
UNITA con el objetivo
principal de causar un
impacto internacional y
capturar prisioneros
extranjeros entre los
colaboradores de varios
países que allí se
encontraban. La película
da cuenta de la
resistencia cubana, y de
cómo lograron no solo
detener el avance de la
UNITA, sino derrotarlos
y hacerlos retroceder.
El coronel Juan A.
Castillo Vázquez, asesor
de Sumbe, el
filme, y por supuesto
uno de los líderes de la
batalla, también aclaró
que el trabajo de
investigación para
realizar la película fue
minucioso y detallado,
lo cual le permitió
alcanzar una visión más
de conjunto respecto a
la participación de
mucha gente en aquella
batalla que duró 30
horas, y que en algún
momento se relacionó con
la necesidad de revertir
una situación
desesperada: la UNITA el
75 por ciento de la
ciudad y solo el 25
restante permanecía en
manos de cubanos y
angolanos. También se
aclaró que los
documentos de la UNITA
también describen la
batalla de Sumbe de una
manera muy cercana,
aunque con el punto de
vista contrario, a lo
que se muestra en la
película.
En los papeles
principales de Sumbe
hay un grupo de
respetados intérpretes:
Ramos Da Cruz está
interpretado por Roberto
Perdomo; Ortega es
Fernando Hechavarría; el
coronel Carrillo lo hace
Jorge Martínez; René de
la Cruz interpreta a
Pinilla; el brigadier
Chendababa lo hace Alden
Knight, y a Poveda, uno
de los muertos en la
batalla, lo interpreta
Enrique Bueno. En el
equipo artístico y
técnico destacan la
dirección de Arte de
José Manuel Villa y la
música de José María
Vitier.
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Laureado con el Premio
Nacional de Televisión,
Eduardo Moya ha
realizado la mayor parte
de su obra audiovisual
en ese medio. Marcaron
pautas las series de
estilo épico, o bélico,
Algo más que soñar,
Los comandos del
silencio y Rebelión,
y también dirigió series
de corte histórico y de
aventuras como El
gran Almirante, Por el
rastro de los
libertadores y En
la retaguardia del
enemigo, entre
otras. Dentro de la
televisión ha
incursionado también en
los géneros deportivos,
informativos, musicales,
educacionales y
dramáticos como el
teleteatro, para el cual
aportó Sacco y
Vanzetti, El hombre que
nunca morirá, El último
visitante, Vamos a comer
perdices, La indagación
y Las brujas de
Salem.
Respecto a su regreso a
un género que ha
manejado en varias
ocasiones, Moya aclaró
que “al drama bélico
suele permearlo la
concepción de que la
guerra es un
espectáculo, pero para
mí la guerra no es
hermosa, pues solo
provoca dolor, muerte,
tragedia. Solo que si la
libramos es para
ganarla”.
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