La Habana. Año X.
13 al 19 de AGOSTO de 2011

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Fidel y Chávez en Puerto Ordaz, 2001
Es como volver a nacer
Luis Báez (La Habana, 1936)

Lunes 13 de agosto de 2001. Puerto Ordaz, Venezuela.

Doce de la noche. Los asistentes al espectáculo político-cultural que se celebra en las instalaciones del Club Macagua, a orillas del río Caroni se levantan de sus asientos. A una sola voz como si fuera un coro se escucha: “Felicidades, Fidel en tu día...”. Fidel Castro acaba de arribar a los 75 años.  

Fidel llegó el sábado 11 a las 12: 55 de la tarde al aeropuerto de Maiquetía en Venezuela, bajo un sol que parecía hecho de estaño. Al bajar de la escalerilla fue recibido con fuerte abrazo por el presidente Hugo Chávez. En el propio salón VIP de la terminal aérea ambos mandatarios, junto al director general de la FAO, Jacques Diof, firmaron un acuerdo de cooperación sur-sur tripartito, Venezuela, Cuba y la FAO, el cual permitirá disponer de 32 millones de dólares para brindar apoyo tecnológico a quienes trabajan y viven en el campo.

Poco tiempo después Fidel y Chávez abordaron otro avión que lo condujo al estado de Bolívar, ubicado a unos 460 kilómetros al sudeste de Caracas. Ese mismo día arrancó la celebración adelantada de su cumpleaños con una apretada agenda que incluyó una visita a la Casa de San Isidro, donde tras ofrendar la estatua del Libertador, realizaron un breve recorrido por esta residencia histórica, donde el Libertador escribió el Discurso del Congreso de Angostura, el 15 de febrero de 1819.

Seguidamente se trasladaron a la Plaza Bolívar, donde Fidel fue condecorado por Chávez con el Gran Collar de la Orden del Congreso de Angostura, una distinción en honor al pensamiento del líder independentista del siglo XIX, Simón Bolívar.

Fidel, quien vestía su tradicional uniforme verdeolivo al dirigirse a los micrófonos pidió excusas a los asistentes, pues tenía la voz debilitada por una ronquera.

“No tengo la voz muy clara hoy, no pienso pronunciar un discurso largo aquí, hay mucho calor”, dijo mientras caían gotas de sudor de su sofocado rostro. “Para que viva la Revolución Cubana tiene que vivir la Revolución Bolivariana”, manifestó Fidel a las personas que se aglomeraron en la plaza central de Ciudad Bolívar para homenajearlo.

El Presidente cubano atacó al imperialismo y la globalización neoliberal, a la que culpó de una elevada pobreza y opresión de los países del Tercer Mundo.

Asimismo, sugirió que si se hubiesen realizado los sueños bolivarianos de unidad, actualmente las naciones iberoamericanas no estarían sometidas al yugo de los EE.UU. ni existiría una propuesta hemisférica del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

“Trato de imaginarme a aquel hombre —Bolívar— que un 15 de febrero de 1819, a pocos metros de este sitio, hace 182 años se esforzaba por desentrañar los misterios de la Historia para llevar a cabo la tarea más difícil que jamás ha enfrentado el hombre en su breve y convulsionada historia, edificar bases estables, eficientes y duraderas para su propio gobierno”.

“Lo imagino, subrayó, acudiendo al arsenal de sus conocimientos históricos, hablar de Atenas y Esparta, de Solón y de Licurgo; meditar sobre las instituciones de la Antigua Roma, admirar su grandeza y sus méritos sin tardar en añadir casi de inmediato: ‘un gobierno cuya única inclinación era la conquista, no parecía destinado a cimentar la felicidad de una nación’.”

Más adelante se refirió a que si bien el Congreso de Angostura tenía por objetivo crear y proclamar una nueva constitución para la Tercera República de Venezuela, Bolívar en aquellos instantes no podía sustraerse a la idea de que surgía una nueva y decisiva etapa en la Historia del mundo, en la que nuestro hemisferio estaba llamado a jugar un gran papel. Vertió con crudeza muchos de sus más íntimos pensamientos políticos y sus inquietudes de eminente y previsor estadista. Habló allí como lo que siempre fue, un patriota latinoamericano. Comprendió como nadie la posibilidad y la necesidad de esa unión. Ya lo había dicho antes en la Proclama de Pamplona el 12 de noviembre de 1814: “Para nosotros la patria es la América”.

Meses más tarde, el 6 de septiembre de 1818, en su famosa Carta de Jamaica Bolívar escribió: “Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria, ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión”.

La grandeza del Libertador puede medirse por el valor, la tenacidad y la audacia con que intentó esa unión cuando un mensaje de Caracas a Lima podía tardar tres meses en llegar. Él comprendía las enormes dificultades. 

“Cumpliré mis 75 años en tierra del Libertador —Simón Bolívar— que es como volver a nacer”, apuntó.

“Yo no merezco el inmenso honor, yo no merezco el inmenso honor de la Orden que ustedes me han otorgado en la tarde de hoy, solo en nombre de un pueblo que con su lucha heroica frente al poderoso imperio está demostrando que los sueños de Bolívar y Martí son posibles, la recibo”. 

En su intervención Chávez se refirió a Fidel como el “muchacho” a “prueba de tempestades y a prueba de balas”, tal como lo describió en medio de un acto popular donde hizo coro con unas mil personas para cantarle a su “hermano” el cumpleaños feliz.  
Chávez, de 47 años, un exmilitar de orientación izquierdista que encabezó un fallido intento de golpe de Estado en 1992, aprovechó las alusiones revolucionarias de su colega cubano para instar a sus seguidores a defender el proceso de cambios políticos que inició su gobierno hace dos años y medio. “Sin pueblo no hay revolución”, expresó Chávez a sus simpatizantes en medio del acto popular.  
“Claro que merece Fidel la condecoración y el Collar de la Orden de Angostura. Fidel este mismísimo hombre que está aquí, este mismísimo soldado que está aquí, este mismísimo revolucionario que está aquí comandó el asalto al Cuartel Moncada que inició la Revolución Cubana y la liberación de Cuba; y fue a prisión y pasó varios años en prisión, y salió de prisión a continuar luchando y a organizar una expedición que volvió a Cuba al poco tiempo, una expedición de soñadores, de Quijotes, de revolucionarios, entre los cuales iba Ernesto Guevara, ejemplo de constancia, de lucha y de sacrificio. 
“Los hombres, los verdaderos hombres, los verdaderos luchadores no son los que luchan un día, no son los que luchan un año, son los que luchan toda la vida. ¡Esos son los indispensables! Hechos como la roca de Angostura a prueba de siglos, a prueba de huracanes, a prueba de tempestades, a prueba de balas incluso. Aquí está uno de esos hombres: Fidel Castro. 
“Fidel Castro tiene cara no solo para aparecer como aparece casi todos los días ante el noble pueblo de Cuba, sino tiene cara para aparecer ante los pueblos del mundo como baluarte de la dignidad de los pueblos que luchan por su libertad, por su felicidad, por su igualdad. Por eso es que por supuesto merece ese hermano no solo la condecoración y el Collar de la Orden de Angostura, sino que mereces también, como te hemos entregado, nuestro corazón, nuestro afecto, nuestro amor de hermanos, nuestro cariño sincero, nuestra fe, nuestra mano y nuestra alma.” 
Chávez concluyó sus palabras con una sugerencia: “¿le cantamos cumpleaños?, ¿qué quieren?, ¿le cantamos cumpleaños? Vamos, pues, vamos todos, a la cuenta de tres, pero todito, el cumpleaños completo”. Y todos los congregados al unísono entonaron felicidades. 

El domingo en horas de la mañana a modo de regalo anticipado del cumpleaños 75, el presidente Chávez le obsequió a Fidel una visita a una región selvática de Venezuela. Ambos mandatarios recorrieron el impresionante Parque Nacional Canaima, en el sudeste del país, una de las reservas ecológicas más sorprendentes del mundo que cuenta con una superficie del tamaño de Bélgica. Con tres millones de hectáreas, el Parque Canaima, ubicado en el sudeste venezolano y una de las zonas turísticas más atractivas del país, es también denominado el Escudo Guayanés. Esta maravilla de la naturaleza brinda al visitante hermosos paisajes, caudalosos ríos e impresionantes saltos de agua, como los de Guadaima, Golondrina, Ucaima y El Hacha. En su seno se encuentra la caída libre de agua más alta del mundo, el Salto Ángel, y grandes formaciones rocosas que se levantan de la selva entre mesetas, planicies, valles y ríos.

Esta tierra antigua y exótica inspiró al novelista británico Sir Arthur Conan Doyle a escribir su historia de ciencia ficción El mundo perdido. Publicada en 1912, relata una expedición hacia una remota meseta de la jungla sudamericana habitada por prehistóricas plantas y dinosaurios. La novela fue la base de varias películas en el pasado siglo, entre las que está el exitoso filme Parque Jurásico.

Fidel y Chávez visitaron una comunidad de indios pemón, donde unos niños les dieron collares de la buena suerte. Recorrieron la Laguna Canaima en una canoa y manejaron un vehículo todo terreno. Fidel expresó sorpresa por la pobreza de las comunidades indígenas, que le pidieron a Chávez ayuda financiera y proyectos de desarrollo auspiciados por el gobierno.

La visita del estadista cubano no solo se circunscribió a disfrutar de las maravillas que la naturaleza ha regalado a Venezuela, sino también dedicó tiempo al trabajo oficial. El primer punto de su agenda fue la firma de un acuerdo de cooperación entre Venezuela, Cuba y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y dirigido al desarrollo rural y la seguridad alimentaria en el país sudamericano. También suscribió un convenio de cooperación en materia turística y revisó un acuerdo bilateral suscrito el año pasado, mediante el cual Venezuela suministra a Cuba una importante cantidad de barriles diarios de petróleo, a cambio de servicios técnicos, académicos, médicos y deportivos.

En la noche, la cita era en el club Macagua. La invitación decía que sería una cena de estado, ofrecida por el Presidente de Venezuela a Fidel y a la delegación cultural que participó en la Jornada Cultural Cuba en Bolívar.

El mandatario venezolano se encargó de desmentir tal anuncio, pues, dijo, aquella no era una cena de estado, sino que era una cena de hermanos, de luchadores, de guerreros, de soñadores. Al arribar al club, Fidel y Chávez fueron de mesa en mesa saludando a los asistentes.

Al terminar de dar el reloj las 12 campanadas, Fidel se dirigió al micrófono donde dijo unas breves palabras. Agradeció el emotivo discurso que acababa de pronunciar el presidente Chávez en su honor con motivo de su cumpleaños. “Transmitámosle al mundo nuestro mensaje”, le pidió a Chávez.

“Yo he hecho mi tarea, subrayó, la que me corresponde. Dedicaré a ella lo que me queda de vida útil. Cuídate, que tú haces más falta que yo. Yo he dado lo que he podido y tú tienes el deber de dar lo que puedes dar”, lo instó Fidel en una prueba de confianza sin límites al que se ha convertido en un abanderado del comprimo bolivariano y al que varias veces calificó de hermano. También se refirió al esfuerzo de nuestro pueblo, de las desigualdades sociales en el mundo de hoy, de su afición por la lectura, de su teoría sobre el talento y el genio, y habló sobre la forma en que las personas jóvenes miran las cosas con cierta indolencia, no le prestan mucha atención y de repente, subrayó, descubren de una manera irrebatible que usted tiene 75 años y comienzan a decirle, con la mejor intención del mundo, que se cuide.

“Mientras Hugo hablaba, expresó, meditaba en que hay personas que tienen algunos privilegios y a mí nunca se me pudo ocurrir que iba a conocer el primero de enero del año 2000 en que nació un nuevo siglo y un nuevo milenio y que ese día se cumpliera el aniversario 42 de la Revolución. De qué sirve la vida, si uno tiene la sensación de que tienes que estar cuidándote y no poder hacer las cosas que has hecho siempre”, afirmó.

Al finalizar sus palabras, se dirigió a donde estaba el cake. Apagó cinco velitas, las cuales regaló a las hijas de Chávez. Cortó la torta de la que probó el merengue y preguntó, dónde estaban los regalos.

Chávez fue el primero en obsequiarle: “Fidel, este fue el fusil que mis manos de 17 años empuñaron hace tres décadas, con él al hombro me fui haciendo soldado y revolucionario, quiero regalártelo como un compromiso de lucha irrenunciable”, le dijo tan emocionado, como emocionado lo recibió nuestro Comandante en Jefe. Posteriormente en nombre del pueblo venezolano le entregó una estatua de Bolívar.

La periodista Nidia Díaz, describió la escena: “Los cubanos le hicimos varios regalos: un tapiz de cuero repujado, del artista matancero Félix Pérez Carrazana; una escultura en madera alegórica a la música que le fue entregada por los niños del Coro Diminuto; y una velada artística, iniciada por Omara Portuondo, con el clásico de Silvio Rodríguez, “La era está pariendo un corazón” y que fue seguida por la actuación de cada uno de los grupos que participaron en la jornada cultural Cuba en Bolívar y un breve documental con música compuesta para la ocasión por el maestro Frank Fernández. 

“Cubanos y venezolanos nos acercamos a felicitar al líder cubano. La cantautora Sara González se estrechó en un fuerte abrazo al igual que Frank Fernández y el periodista Luis Báez que le entregó un ejemplar de su libro Absuelto por la Historia en que se recogen opiniones de personalidades mundiales sobre él”. La velada terminó en horas de la madrugada.  

Un 13 de agosto inolvidable. Habíamos tenido el privilegio de estar presente en un histórico aniversario: el arribo de Fidel a los 75 años. A pesar de todos los intentos de asesinato por parte del gobierno norteamericano, el máximo líder cubano había arribado a la avanzada edad. 

Antes de partir de regreso a la patria, Fidel acompañó al mandatario venezolano a la remota localidad fronteriza de Santa Elena de Uairén, donde Chávez y el presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso inauguraron un proyecto de generación eléctrica para Brasil, que padece una aguda crisis energética. El tendido eléctrico de interconexión, de casi 500 kilómetros de extensión y 200 megavatios diarios de potencia, supuso una inversión de 185 millones de dólares, de los que Venezuela aportó 130 millones. “La clave para el desarrollo latinoamericano son proyectos conjuntos como este venezolano–brasileño”, dijo Fidel.

Al atardecer del lunes ya estaba nuevamente en tierra cubana. A Fidel se le veía muy contento. Y en más de una ocasión comentó: "Es el más feliz cumpleaños que he tenido”.
 

Luis Francisco Báez Hernández: Periodista y escritor cubano. Corresponsal de guerra durante la invasión de Playa Girón. Ha publicado los siguientes libros Guerra secreta de la CIA; Camino de la victoria; A dos manos; Cambiar las reglas del juego; Los que se fueron; Los que se quedaron; Conversaciones con Juan Marinello; Secretos de generales; Preguntas indiscretas; Miami. Donde el tiempo se detuvo; Absuelto por la historia; El mérito es vivir, y Junto a las voces del designio. Ha cubierto periodísticamente varios viajes al exterior del presidente cubano Fidel Castro. En el 2003, le otorgaron el Premio José Martí por la obra de toda una vida.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218—0869. La Habana, Cuba. 2011.