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¿Qué es la UNEAC?,
me pregunta el
periodista Randy Alonso,
conductor de la Mesa
Redonda, al introducir
la sesión del programa
radiotelevisivo dedicado
a los 50 años de la
Unión de Escritores y
Artistas de Cuba. Creo
que las preguntas
sencillas sirven mejor
que otras para explicar
las cosas.
La UNEAC es una
organización social que
agrupa a artistas,
escritores, críticos,
intelectuales y
trabajadores de
distintos oficios
artísticos en todas las
manifestaciones del arte
y la literatura.
Es selectiva pero no una
elite. Aunque acoge a
distintos gremios no es
gremialista, pues no se
manifiesta solo como un
sindicato que representa
y defiende las
necesidades básicas de
sus miembros.
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Posee una estructura
institucional a lo largo
de todo el país en cuyos
espacios se vertebra y
promueve la creación.
Galerías, eventos, salas
de proyección,
concursos, espacios
múltiples, editoriales y
revistas, proyectos
comunitarios, entre
otros, integran un
sistema que asume una de
sus dos misiones
esenciales: hacer parte
del tejido cultural del
país. La otra es la
participación ciudadana
de sus integrantes en el
curso social de sus
territorios y de la
nación. Debates,
diálogos e intercambios
tanto en espacios
públicos, como en los
internos de la
organización, garantizan
la útil y democrática
intervención intelectual
en la vida de la nación.
No únicamente en los
espectaculares momentos
de congresos o reuniones
nacionales ante la
dirección del país, sino
en la, en ocasiones,
silenciosa cotidianidad
de la labor. Ello no
habría sido posible sin
la concepción socialista
de la participación
individual y, de hecho,
es una batalla perenne
defender este legítimo
derecho.
Ambas misiones cumplen
con los encargos que
prefiguró para ella
Fidel Castro en su
célebre “Palabras a los
Intelectuales”, apenas
dos meses antes de la
fundación de la UNEAC.
Apoyar y brindar nuevos
canales a la creación de
las letras y el arte,
socializar su recepción
y trabajar por la unidad
de los sectores de la
intelectualidad
artística. En la medida
que el tiempo ha
transcurrido, el arte y
la cultura son centros
unitivos de buena parte
de la sociedad cubana
actual. La UNEAC aportó
lo suyo en la conquista
de este nuevo peldaño y
disfruta hoy de un
creciente prestigio que
es, a su vez, la
demostración de la
fuerza de la unidad como
motor de la historia.
Ha sabido transformarse
con el tiempo. Sus
dimensiones,
proporciones y acciones
han crecido.
Con ese mismo espíritu
tiene retos permanentes
y nuevos al mismo
tiempo, en medio de un
acrecentado tiempo de
cambios. Continuar la
interacción con el resto
del marco institucional,
pues la cultura no es de
nadie.
Observar
transversalmente los
caminos y destinos del
arte y la literatura
cubana para actuar en
consecuencia de los
resultados obtenidos.
Brindar más espacio a
las nuevas formas de
producción artística y
cultural, sean o no
hechas por jóvenes, mas
significativamente por
ellos. Encontrar nuevos
soportes y estrategias
de promoción. Y, sobre
todo, expandir, al
tiempo que su influencia
cultural, su
participación en la
búsqueda y la
construcción de una Cuba
mejor. |