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La idea de constituir la
UNEAC se venía gestando
desde hacía algún
tiempo, pero las
premisas para su
creación fueron dadas
por la reunión con Fidel
en la Biblioteca
Nacional y sus
Palabras a los
intelectuales. En
aquel momento Fidel
insistía en la necesidad
de constituir un espacio
unitario, convergente,
de consenso de los
escritores y artistas
cubanos.
De esa manera se produce
el primer congreso, del
cual nace la UNEAC. Las
memorias que se
conservan de aquel
acontecimiento recogen
fundamentalmente los
discursos que se
pronunciaron en aquella
circunstancia. Sin
embargo, de lo que se ha
perdido huella es de los
debates que se
produjeron en aquella
reunión, en los cuales
participaron centenares
de escritores y
artistas. Los debates
dieron lugar a la
definición de algunos de
los rasgos esenciales
que habría de tener la
institución hasta el día
de hoy.
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Uno de ellos, que surgió
de una discusión
bastante intensa, derivó
en la determinación del
carácter selectivo de la
UNEAC. En ese sentido, se
tenía en cuenta,
básicamente, la obra
realizada por los
artistas. Frente a este
criterio había otro que
venía de la tradición de
las luchas gremiales que
precedieron a la
Revolución y que
aspiraba a que todos los
egresados de alguna
institución docente de
carácter artístico
tuvieran derecho a
ingresar en la UNEAC
automáticamente,
independientemente de
que contaran o no con un
currículo de obra
realizada o reconocida.
Esto marcó un cambio de
época con respecto al
carácter gremial de las
instituciones que
existían antes del 59,
que se encaminaron hacia
la creación de una
organización de
naturaleza bien
diferente.
Entre las funciones
esenciales de la UNEAC
en aquel momento estaría
la de establecer
espacios para la
difusión de la obra de
los escritores y
artistas. Como
consecuencia, casi
inmediatamente después
de su surgimiento, la
UNEAC funda su
editorial, la más
antigua con que contamos
y que hoy ostenta un
considerable catálogo
con firmas de primer
orden de la literatura
cubana.
Por otra parte,
aparecieron las revistas
Unión y La
Gaceta de Cuba, que
se mantienen hasta hoy.
Estas publicaciones
venían a ocupar el lugar
que hasta aquel momento
había estado definido
por la existencia de
Lunes de Revolución
y Hoy Domingo.
Debían tener, por lo
tanto, un perfil
abierto, inclusivo de
todas las tendencias
vivientes en aquel
momento y favorecer el
debate cultural de la
época. Si revisamos, por
una parte, la colección
de La Gaceta de Cuba,
podemos verificar la
existencia de este
perfil. La revista alojó
algunas de las polémicas
importantes de los años
60 y le dio un lugar
prominente a la difusión
y caracterización de lo
más reciente que se
estaba produciendo en la
cultura cubana. Allí
están las nuevas
tendencias de las artes
visuales, de la
literatura y del teatro,
y muchos de los que
comparecen en sus
páginas son hoy
personalidades
venerables, que en aquel
momento eran escritores
y artistas que se
estaban dando a conocer.
La UNEAC también
albergó, más allá de
concepciones filosóficas
diversas, a todos los
artistas que estaban del
lado de la Revolución y
que respondían a una
tradición de defensa de
la soberanía nacional,
de la justicia social, y
que sostenían posiciones
antimperialistas. Por lo
tanto, puede decirse que
desde los inicios su
espectro era muy amplio,
tanto desde el punto de
vista filosófico, como
desde el estético.
Este compromiso
revolucionario tuvo
expresiones muy
destacadas en las
situaciones críticas que
atravesó el país en
aquellos años. Así,
durante la Crisis de
Octubre hubo talleres
que se dedicaron a
producir textos y obras
de combate al calor del
momento, sin que esto
determinara que, una vez
normalizada la
situación, esta imperara
como corriente artística
dentro de la
institución.
A través de su
desarrollo, la UNEAC ha
tenido dos etapas muy
importantes: primero la
de su fundación en los
años 60 y luego en los
90. Sin embargo, no
puede dejarse de
mencionar un momento
intermedio, que tuvo
lugar a finales de la
década de los 80, en el
cual la UNEAC pasó a ser
una organización
nacional. Durante mucho
tiempo su sede había
estado en La Habana y
luego se había fundado
la filial de Santiago.
Pero en ese entonces el
desarrollo artístico del
país permitió que se
crearan filiales en
todas las provincias de
la Isla.
En la segunda etapa
señalada, la UNEAC no
fue solamente la
institución que
contribuyó a aglutinar a
los escritores y los
artistas en las
difíciles condiciones
del periodo especial en
función de buscar
salidas de orden
práctico para la
difusión de sus obras,
sino que se fue
incrementando su función
de interlocutora con el
conjunto de la sociedad
a través del resto de
las instituciones que la
representan. Por lo
tanto, se produjo un
diálogo continuo con la
dirección de la
Revolución cubana y se
abrieron los cauces para
actividades como el
trabajo comunitario, que
tienen resonancias
sociales inmediatas y
gran impacto hasta hoy. |