La Habana. Año X.
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2 de SEPTIEMBRE de 2011

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Razones para el orgullo
Paquita Armas • La Habana
Fotos: Liborio Noval y La Jiribilla
Cuando a finales de los años 70 entré en la revista Somos Jóvenes, que radicaba donde hoy está la Editorial UNIÓN, de la UNEAC, casi todas las mañanas me daba un “banquete” visual. Con su impecable guayabera, generalmente azul claro, Nicolás Guillén echaba alpiste a las palomas, en la bella casona de enfrente, donde entraban y salían los escritores, pintores, bailarines, cineastas que poco tiempo atrás en mi Holguín natal soñaba conocer.  En esa suerte de casa encantada, ahora llena de jardines y árboles, radicó desde el primer día la organización que agrupa a los intelectuales cubanos. Y Nicolás era una atracción mañanera no solo por su vínculo con decenas de palomas sino porque, a pesar de sus años, socarronamente miraba a las mujeres que transitaban por la acera halagadas por la atención del autor de Digo que yo no soy un hombre puro.

Entonces, yo no tenía ni interés ni mérito alguno para engrosar las filas de esa organización. Tampoco intenté entrar cuando dirigí la revista El Caimán Barbudo, publiqué mi segundo libro y algún que otro miembro de la institución se ofreció para avalar mi ingreso.

Lo hice en los años 90, al principio, cuando Lissette Vila tan efusiva como amable me dio la bienvenida en la Asociación de Cine, Radio y Televisión de la UNEAC en la sección de crítica, presidida entonces por Pablo Ramos. El responsable máximo de la organización era Abel Prieto, quien ya había logrado un poder de convocatoria importante y abarcaba tanto a los músicos, como a cineastas, teleastas, escritores, actores y actrices.

Desde entonces hasta este año que corre me he visto involucrada de una forma u otra en la organización del Caracol, suerte de festival-taller que tiene una parte de competencia y otra de debate. Los primeros encuentros de este tipo hicieron época, aun yo no era miembro de la organización, pero asistía y soy testigo. Las discusiones que se generaban que podían tener por sede el Hotel Habana Libre, el Hotel Nacional o el cine Yara, eran tan sonadas que nadie involucrado en este sector quería perdérselas. Y también los premios —los Caracoles—  comenzaron a ser apetecibles, porque jurados respetables eran los encargados de entregarlos en distintas especialidades de cine, radio y televisión.

De los memorables diálogos de los Caracoles a finales de los 90 y principios de los años 2000, nacieron los Consejos consultivos que lograron poner en la mesa de deliberación a los ejecutivos del ICRT y los creadores. De esos encuentros emergieron algunos de los cambios positivos que tuvo la televisión.

En época de Lissette, la asociación desarrollaba múltiples encuentros, agasajos, fiestas infantiles, y la sala Caracol cumplió realmente con su slogan, era la primera en estrenar con tremendas colas. Es cierto que en oportunidades no se proyectaron las mejores películas, pero tal hecho no quita el mérito de poner a circular una buena cantidad de excelentes filmes. Lissette fue la madre del programa televisivo Hurón azul, que aún se transmite, promoviendo lo mejor del arte y la literatura, ahora con debates incluidos.

Pero si en mi asociación se han realizado importantes acciones, todas relacionadas con los medios de difusión, en la de música no se pueden obviar los concursos o jornadas  que potencian lo mejor del hacer en el pentagrama en los diferentes géneros.

Desde hace una buena cantidad de años en uno de los corredores de la casa, espacio conocido como el Hurón azul, hay descargas de distintas tendencias musicales y los Sábados del bolero, noche en la que los mejores exponentes del género interpretan composiciones antológicas.

Unos cuantos lustros atrás nacieron Unión y La Gaceta, revistas muy respetadas no solo en el sector intelectual.  Especialmente la última, en la década precedente, ha divulgado trabajos sobre temas importantes y polémicos de la cultura nacional y ha dado fuerza al premio de cuento homónimo que ya acumula una buena cantidad de interesantes narraciones. Mientras, la Editorial UNIÓN se precia de varias colecciones que incluyen textos de una variada oferta: novela, cuento, poesías, ensayos…

Precisamente, la Asociación de escritores entrega cada año los premios UNEAC, en novela, poesía, ensayo, cuentos; los David, para los más jóvenes que nutren la producción editorial y el Premio La Rosa Blanca, dirigido a autores dedicados a escribir para niños.

Los artistas plásticos tienen dos galerías permanentes, Villa Manuela y la sala de múltiples usos Rubén Martínez Villena, a las que acceden autores signados siempre por la calidad. Concursos y debates no faltan entre pintores, caricaturistas, arquitectos y otros creadores vinculados a buscar formas singulares con los pinceles, la piedra u otros materiales.

Actores y actrices que se hayan destacado en una o varias obras son reconocidos con los premios Caricato, que otorga la Asociación de Artistas Escénicos que sostiene encuentros durante todo el año con personalidades importantes de Cuba o del extranjero.

Por la UNEAC han pasado durante 50 años figuras descollantes del arte en el mundo, tanto escritores, como músicos, pintores, cineastas, actrices, actores y han intercambiado con sus colegas de la mayor de las Antillas, algunos reconocidos internacionalmente.

Octavio Cortázar, ese caballero del séptimo arte, fundó la productora Hurón azul para impulsar la creación de documentales, especialmente sobre arte y literatura con lo que se garantizaba la memoria fílmica.

Lo anterior bastaría para que un creador o crítico quiera ser miembro de la UNEAC. Yo, sin embargo, quise entrar en mi organización por su voluntad de diálogo tanto con los creadores como con altos ejecutivos partidistas o gubernamentales.

Jamás podré olvidar aquellas encendidas discusiones que incursionaban en todos los problemas sociales y dieron pie al Sexto Congreso. Tanto en la sala Villena, como en el Palacio de las Convenciones, especialmente con Fidel, los asuntos que se debatieron fueron de trascendencia histórica e implicaban a todos los habitantes de la Isla. Desde actitudes racistas aún reinantes en una parte de la sociedad, la calidad de la enseñanza general y artística, lo que difundían los medios de difusión y la falta que hacía más producción nacional, especialmente de buenos dramatizados que reflejaran al cubano de hoy, eran temas sometidos al ojo crítico de la vanguardia artística reunida, no para contemplar al mundo desde una torre sino para transformarlo. Muchas de las acciones que luego se emprendieron y Fidel denominó como Batalla de Ideas tuvieron su génesis en ese congreso.

El séptimo fue continuación del sexto con una sentida ausencia, la de nuestro  Comandante en Jefe, que ya estaba enfermo. Este último gran encuentro a tenor con los tiempos de cambio que corren, activó comisiones permanentes de trabajo como la de Economía de la cultura que lucha, por ejemplo, por garantizar la aceptación del trabajo independiente en áreas del audiovisual o en la comisión de enseñanza artística donde se sugieren transformaciones imprescindibles para que existan graduados con una sólida formación.

Quedan muchos hechos por apuntar, pero esa posibilidad de debatir, reinante en cualquier reunión, es una muestra de la democracia que se ha impuesto en mi organización, razón principal por la que ha crecido un amor duradero entre la UNEAC y yo.
 
 
 
 
   
Lineamientos del VI Congreso del PCC
(.pdf, 736 Kb)
Información sobre el resultado del Debate
(.pdf, 394 Kb)
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.