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Debido a múltiples
razones que por carencia
de espacio no puedo
explicar, de los
cantautores que en los
años 70 se agruparon en
el hoy desaparecido
Movimiento de la Nueva
Trova, el gran público
apenas conoce la obra de
lo que vendría a ser el
núcleo en torno al cual
se aglutinaron todos
aquellos creadores.
Muchos de ellos han
visto transcurrir el
tiempo sin haber tenido
la posibilidad de
acceder a los estudios
de grabación para dejar
plasmado en un fonograma
algo de su quehacer
artístico y así, se ha
perdido todo un
repertorio de canciones
entre las que, no quepa
duda, se incluían
excelentes composiciones
tanto en lo musical, como
lo textual.
En estos últimos años y
en particular a partir
del instante en que
diversas empresas
discográficas
extranjeras comenzaron a
asentarse en nuestro
país, y en virtud,
además, de la
posibilidad que en el
presente tienen los
creadores de poder
firmar ellos mismos
directamente con sellos
foráneos, es que
trovadores de disímiles
puntos del territorio
nacional han comenzado a
editar sus primeros
discos.
Tal resultó el caso del
guantanamero Lorenzo
Cisneros Topete, en la
actualidad radicado en
México y quien ha
dedicado más de tres
decenios de su vida a la
hermosa labor de trovar,
siempre en defensa del
changüí y del son,
genuinas expresiones de
su tierra natal y que él
ha promovido con su
sistemático quehacer
contra viento y marea.
La disquera barcelonesa
Ayva, muy vinculada a la
escena musical cubana,
tuvo el tino de
registrar en soporte
digital una parte de la
producción de este
auténtico trovador, y
para suerte nuestra le
licenció el material a
la EGREM para que de tal
modo, hace ya unos
cuantos años, se pudiera
producir un casete
destinado al mercado
nacional.
El mismo es contentivo
de 13 temas de puro
sabor cubano, y para ser
aún más específico,
reflejo del aire y la
atmósfera que solo se
respira en los campos
orientales.
Re-escuchando hoy
aquella grabación, es de
resaltar la belleza de
los textos, los cuales,
sin caer en pedanterías
de mal gusto, son a la
vez asequibles y con
rigor literario.
Así, aunque ha
transcurrido el tiempo
desde que
Changüiseando a la trova
y el son fuese
publicado, volver en la
actualidad a este
material fonográfico me
hace corroborar el
título de una de las
antiguas canciones de
Topete, pues, en verdad,
“siempre habrá un lugar
para soñar”. |