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Me viene a la memoria la
simpática y aguda forma
en que el gran poeta
Rafael Alberti evocaba
su nacimiento “con el
cine”. Algo similar
puedo decir de nuestra
UNEAC. La organización
de los escritores y
artistas cumple 50 años
y yo he doblado la curva
de los 51. Otros dirán
cosas más puntuales y
serias. Yo amanezco en
Santander con un coctel
de recuerdos mezclados.
En el hermoso patio de
la sede de 17 y H,
recibí, entre feliz y
sorprendido, un premio
de Actuación por la
película Clandestinos.
Por cierto —y lo pongo
aunque las digresiones
no suelen ser felices en
las crónicas— acabo de
saber por mi vecino de
Taller en la Universidad
Internacional Menéndez
Pelayo, por nuestro
querido actor Jorge (Pichy)
Perugorría
que estará en la próxima
película de Fernando
Pérez, el director de
aquella cinta que en
1987 acaparó premios y
no ha sido olvidada por
nuestro público.
Esa noche en la UNEAC
pensé: “Siempre supuse
que si me premiaban aquí
sería por algo que
hubiese escrito”. Tuve
que esperar, pero al
doblar la curva del año
2000, en la sala Villena
recibí el legendario
Premio José Antonio
Ramos por Penumbra en
el noveno cuarto.
La UNEAC, esa sigla tan
familiar, es mucho más
que las dos evocadas
cosquillas para el ego.
En el jardín de ese
mismo espacio habanero
intercambié mucho con
amigos y desconocidos,
reí durante años, gané
experiencia y perdí
tiempo en proporciones
similares. Hace poco
recordaba con Néstor
Jiménez, entrañable
actor y amigo que por
estos días protagoniza
otro de mis textos,
momentos entre
simpáticos y pueriles de
aquellas tardes en El
Hurón Azul.
En la esfera de los
recuerdos más laborales,
sobresale la noche en
que entrevisté al
escritor Abel Prieto,
entonces presidente de
nuestra organización.
Recuerdo que comencé
escribiendo algo así:
“en la planta alta la
luz está encendida”,
dando una rústica y
metafórica pista de que
la alta dirección de la
UNEAC estaba signada por
la lucidez. Y no es que
todo sea color de rosa,
ni que haya estado
siempre de acuerdo. De
esos tiempos en que Abel
estuvo al frente de la
UNEAC viene la opción
del derecho a la duda y
la discrepancia que
ahora parece salpicar a
otras esferas de nuestra
sociedad.
Me gusta ser miembro de
la UNEAC, luchar por
unos días de descanso
con los amables
compañeros de Villa
Coral, asistir a las
presentaciones de La
Gaceta, esa revista
que se convierte en el
mejor pretexto para
saludar a colegas y
ponerse al día y no solo
en sus páginas. Quiero
una UNEAC más nacional,
más amplia, más crítica,
mejor posesionada en
nuestra sociedad. Eso en
el sentido del verbo
como desear, anhelar,
pero QUIERO a la UNEAC
si usamos la palabra en
el sentido afectivo y
desde esa noble acepción
abrazo a sus
protagonistas. |