|
Roberto Méndez
(Escritor)
Hace varias décadas,
durante mi adolescencia
camagüeyana, cuando veía
caminar a Nicolás
Guillén por aquellas
calles coloniales, yo,
que ni siquiera soñaba
con poder publicar un
libro, me imaginaba cuán
venturoso sería estar
entre aquellos que
compartían con él, en
aquel edificio de la
UNEAC, que me parecía
castillo de bien
resguardado, hortus
conclusus, cuando
alguna vez me atreví a
atisbar entre sus altas
verjas en algún viaje a
La Habana.
Los poetas somos, entre
los seres humanos,
aquellos a los se les
pueden cumplir más
sueños, sobre todos los
descabellados, así, un
día, todavía muy joven,
me convertí en miembro
de la UNEAC y confieso
que temblaba cuando puse
en mi bolsillo un carné
firmado por Nicolás.
Desde entonces,
agradezco a la
institución ser ese
espacio de confluencias
del que ya acumulo
alrededor de un cuarto
de siglo de memorias:
congresos,
publicaciones, hermosas
tardes en la
sala
Villena, encuentros, y
como es humano, también
uno que otro
desencuentro, en sus
corredores y jardines,
que todavía recorro,
rumbo a una grabación o
a una ceremonia, con un
temblor semejante al de
otros días. La UNEAC,
como otras cosas
importantes en la vida,
se resiste a ser
definida en pocas
palabras.
Lourdes de los
Santos
(Documentalista)
La UNEAC a lo largo de
estos 50 años ha sido,
es y será el sitio
idóneo donde confluyen
los intelectuales y
artistas de todas las
manifestaciones y tiene
un solo techo para el
diálogo, debate y
consenso; todo dentro de
la más autentica raíz
revolucionaria. Para mí
ha significado la
posibilidad de
confrontar mis ideas,
mis conceptos, debatir
mis obras, ver las de
otros y también poder
filmar algunas de ellas.
Enrique
Pineda
Barnet
(Cineasta)
Esta organización
es la indispensable
institución que
representa, agrupa y
expresa a todos los
artistas e intelectuales
cubanos de todas las
manifestaciones y
tendencias.
Natividad Medero
Hernández
(Investigadora)
La UNEAC es la
organización para la
socialización de las
ideas y los resultados
de investigación de
nuestros intelectuales:
teóricos, críticos,
artistas, escritores;
responsables todos,
desde la profesión que
ejercen, con la
producción simbólica que
se gesta o circula en
Cuba. De esa que, en
última instancia, ha
decidido y decide —desde
su construcción— los
imaginarios y paradigmas
socioculturales de la
nación cubana. Un
espacio de diálogo
comprometido con la
preservación de nuestras
tradiciones, con el
cultivo y desarrollo de
la cultura cubana
actual.
Georgina Herrera
(Escritora)
Para mí la UNEAC, desde
su creación, ha sido el
sitio imprescindible
para vernos, conocernos,
entendernos,
intercambiar formas,
sueños, realidades y
esfuerzos los creadores
artísticos todos, los
más jóvenes y los más
viejos. Para los que
andábamos por los
veintitantos años llegó
justo a tiempo. Llegó
crecido y fuerte como un
árbol a cuya sombra se
guarecían todos los
talentos. Mantenerlo así
debió ser la amorosa
tarea de todos los
talentos existentes.
Alguien, tal vez hasta
con malicia, se pregunte
“¿ah,
pero, hubo tormenta
acaso?”.
Y yo respondería que en
todos los tiempos y
todos los lugares las
hay, y el árbol más
fuerte parece ser el
objetivo favorito, pero
el árbol sabio tiene sus
mañas y sus artes para
resistir, porque de arte
hablo. Y arrimados a su
buena sombra, la de
nuestro árbol UNEAC
seguiremos cobijados,
músicos, escritores,
artistas plásticos,
gente de los medios
audiovisuales y los de
la escena, floreciendo
multiplicados en cada
generación que nos
releve.
Danae
Diéguez
(Investigadora)
Siempre vi a la UNEAC
como inalcanzable, hablo
de cuando era muy joven
y oía a Guillén, lo veía
junto con otros
intelectuales y me
parecía que era un lugar
para gente muy especial.
Sigo creyendo en su
excepcionalidad, pero
ahora la percibo más
aterrizada. Confieso que
veo en la UNEAC una
plataforma perfectible y
un espacio para crecer,
crecer en posibilidades
para trabajar en red, un
espacio para pensarnos
como nación y para
concretar políticas
públicas desde la
cultura que nos hagan
mejores. Me alegra
formar parte de una
historia a la que
respeto y con la que
también tengo
contradicciones, pero
ese es el encanto. Hemos
podido concretar un
espacio de debate con el
que soñaba sobre Género
y Cultura
“Mirar
desde la sospecha”,
y he tenido la acogida
de gente maravillosa,
inteligente y sensible,
así que siento que desde
allí, aunque aún nos
falta y el camino debe
seguirse construyendo,
nos podemos acercar a
algo en lo que creo: la
posibilidad del diálogo
y el intercambio entre
todos y todas. |