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Luego de tres días de
sesiones y uno de
presentaciones
folclóricas en la
localidad hondureña La
Ceiba —del 18 al 21 de
agosto—, la llamada
Primera Cumbre Mundial
de los
Afrodescendientes, en
opinión de su secretario
ejecutivo, Céleo Álvarez
Casildo, cumplió sus
objetivos: una
declaración de carácter
general,
pronunciamientos no
menos generales, y el
orgullo de los
organizadores por haber
convertido a la ciudad
en “capital mundial de
la afrodescendencia”.
Álvarez Casildo proclamó
a los cuatro vientos:
“Hemos logrado un nuevo
tipo de contrato social
para la Humanidad;
después de siglos de
invisibilidad
consideramos que ya es
tiempo que hagamos estos
eventos y estamos muy
orgullosos que se
produzca en Honduras,
convirtiéndonos en la
capital de los
afrodescendientes y como
pocas veces, los ojos
del mundo están puestos
sobre nosotros”.
Arropado por el
presidente Porfirio
Lobo, sucesor del
golpista Roberto
Micheletti, asistido por
el Banco Mundial, el
Banco Interamericano de
Desarrollo, la Agencia
Internacional para el
Desarrollo de EE.UU. y
la embajada de
Washington en
Tegucigalpa, el
organizador de la Cumbre
consideró suficiente su
misión. Los técnicos de
la Organización de las
Naciones Unidas se
sintieron a gusto por la
conclusión de una agenda
que se aviene con la
idea que tienen del
programa de lo que debe
ser el Año Internacional
de los
Afrodescendientes.
Mostraron satisfacción
por “los avances
globales” conseguidos a
diez años de la
Conferencia Mundial
contra el Racismo, la
Discriminación Racial,
la Xenofobia y las
Formas Conexas de
Intolerancia, efectuada
en Durban y expresaron
confianza en que en el
seno del organismo
multilateral se
establezcan “un fondo de
desarrollo, un foro
permanente en el seno de
la ONU y en otras
instancias
internacionales, así
como la creación de un
decreto sobre un plan de
desarrollo integral y
sostenible de los
pueblos indígenas y
afrohondureños”.
Vale la pena comparar
estas propuestas con las
que se ventilaron en
Caracas hace apenas unas
semanas. O con las
realidades y estrategias
expuestas en el
seminario que tuvo lugar
un poco antes en La
Habana, a instancias del
Instituto Cubano de
Investigación Cultural
Juan Marinello. Una
coincidencia apunta a la
necesidad de declarar un
Decenio Mundial de la
Afrodescendencia, puesto
que un año se va en
fastos y celebraciones y
el asunto es tan serio
que lo rebasa.
Otros temas, incluidos
en la Declaración de La
Ceiba merecen atención.
Tales los casos de la
necesidad de fomentar
intercambios más
frecuentes y fecundos
entre África y los
afrodescendientes, y el
llamado a que se
respeten los compromisos
internacionales para la
reconstrucción de Haití,
comenzando por la
restitución del pago por
reparaciones por parte
de Francia, embargados
desde la declaración de
independencia del país
caribeño.
Pudiera ser útil además,
como punto de partida,
la ideas de desarrollar
acciones para evitar los
desplazamientos de las
comunidades
afrodescendientes de sus
territorios ancestrales
a causa de los
conflictos armados
internos —aunque muchos
de dichos conflictos
tienen su origen en la
depredación neocolonial
y la supeditación
imperial, pero eso es un
tema tabú en estos
foros—; o que eviten la
desterritorialización y
el desplazamiento
forzoso de las
comunidades
afrodescendientes y
africanas dada las
amenazas por
megaproyectos,
inversiones turísticas,
proyectos urbanísticos,
narcotráfico y la
expansión de fronteras
militares.
Es loable el empeño,
consecuente con el Plan
de Acción de Durban , de
apoyar a los gobiernos
nacionales para el
impulso de legislaciones
especiales para la
penalización del racismo
y la discriminación
racial.
Sin embargo, casi nadie
habló en La Ceiba de
problemas de fondo, de
articular consecuentes
políticas inclusivas, y
menos de insertar
estrategias de lucha en
el marco de un necesario
proceso de emancipación
de todos los sectores
tradicionalmente
preteridos y aún más
dañados en medio de la
globalización de
políticas neoliberales.
Era mucho pedir en un
escenario donde la voz
cantante la llevaron
representantes
oficiales, funcionarios
de organismos
internacionales y de
organizaciones no
gubernamentales de
cooperación, mientras
que apenas hubo margen
de participación real
para los representantes
de las comunidades. El
más publicitado de los
discursos fue el de la
asesora de la Secretaria
de estado de EE.UU, que
tras proferir unos
cuantos lugares comunes,
celebró la necesidad de
fomentar el “espíritu
empresarial”.
En medio de la euforia
mediática, los
organizadores no
pudieron evitar el
descargo de la doctora
Socorro Gross Galiano,
que habló en nombre de
la Organización
Panamericana de la
Salud. Un cable reseñó
su intervención del
siguiente modo:
“La doctora Socorro
Gross Galiano,
subdirectora de ese
organismo regional,
reconoció que tal
exclusión en materia de
salud está estrechamente
vinculada con la
pobreza, la marginalidad
y la discriminación
racial, social y de
género de que son
víctimas las poblaciones
negras del continente.
“Aunque las estadísticas
aún son limitadas, los
informes muestran que
desde el nacimiento, los
bebés afrodescendientes
tienen mayores
probabilidades de morir
que otros niños y
padecen mayores
problemas de salud
durante su desarrollo,
recordó.
“Asimismo, los hombres
registran una tasa más
elevada de homicidios e
infección por el
VIH/Sida, el embarazo en
adolescentes es más
común y el acceso
igualitario a los
servicios sanitarios y
los anticonceptivos
constituye un reto,
subrayó la funcionaria.
“Añadió que la situación
de los afrodescendientes
no suele ser visible
porque falta información
desagregada por pueblos
étnico-raciales y un
análisis intercultural
que identifique las
brechas, inequidades e
injusticias.”
Al mundo se le ocultó
una realidad bien
cercana al lugar donde
se efectuó la Cumbre: la
realización paralela del
Foro sobre Acaparamiento
de Tierras en África y
América Latina,
convocado por la
Organización Fraternal
Negra de Honduras (OFRANEH)
y otras 24 agrupaciones
comunitarias garífunas e
indígenas. Hubo
una significativa
presencia de delegados
de poblaciones
indígenas, del sector
campesino y de otras
fuerzas sociales,
evidenciando la
importancia de enlazar y
diversificar esfuerzos y
experiencias, estudiando
estrategias conjuntas
para hacerles frente a
problemáticas comunes.
“Decidimos protestar por
la exclusión de que
fuimos objeto las
comunidades garífunas y
afrodescendientes de
Honduras. Instalamos una
Contracumbre para
denunciar los verdaderos
problemas que vivimos y
buscar estrategias para
contrarrestar el despojo
y la persecución”, dijo
Miriam Miranda,
coordinadora de
OFRANEH.
“Durante estos días
hemos analizado,
discutido y formulado
propuestas acerca de las
temáticas abordadas en
diez mesas de trabajo.
La gente fue intimidada
y amenazada para que no
participara de este
Foro, sin embargo, aquí
estamos y vamos
construyendo estrategias
de lucha”, explicó
Miranda.
“Hay comunidades
garífunas que ya están
siendo desplazadas por
la siembra de palma
africana, los
megaproyectos turísticos
en Tela y Trujillo, y la
aprobación de leyes que
afectan gravemente la
soberanía nacional al
permitir la creación de
las ciudades modelos.
Son varias las formas de
despojo que acercan al
pueblo garífuna a su
tercer destierro”
afirmó.
La construcción de
proyectos
hidroeléctricos, el agua
como derecho humano, la
seguridad alimentaria,
los transgénicos y la
apropiación de la cadena
alimentaria, la
exploración y
expropiación de
hidrocarburos, minería,
neocolonialismo y
soberanía, y cambio
climático, mercado de
carbono y mecanismos
REDD fueron algunos de
los temas tratados en el
Foro.
“Nuestros pueblos ya
están sufriendo la falta
de seguridad alimentaria
y los embates del cambio
climático. Hay
comunidades que han
desaparecido y miles de
personas que padecen de
hambre, porque se está
privilegiando la siembra
de palma africana a la
de alimentos. Debemos
volver a discutir qué
significa desarrollo,
porque con ese término
han justificado la
depredación que
privilegia el capital y
no al ser humano,
explota irracionalmente
los recursos y violenta
los derechos humanos.
Nuestro planeta necesita
de respuestas
responsables y estamos
aquí para que se
conozcan estas
problemáticas y para
defender nuestros
derechos”, concluyó
Miranda.
Si con la Cumbre el
régimen de Porfirio Lobo
trató de mejorar su
imagen, la Contracumbre
de La Ceiba mostró todo
lo contrario. |