La Habana. Año X.
27 de AGOSTO al
2 de SEPTIEMBRE de 2011

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Lo que Honduras nos dejó

Pedro de la Hoz • La Habana

Luego de tres días de sesiones y uno de presentaciones folclóricas en la localidad hondureña La Ceiba —del 18 al 21 de agosto—, la llamada Primera Cumbre Mundial de los Afrodescendientes, en opinión de su secretario ejecutivo, Céleo Álvarez Casildo, cumplió sus objetivos: una declaración de carácter general, pronunciamientos no menos generales, y el orgullo de los organizadores por haber convertido a la ciudad en “capital mundial de la afrodescendencia”.  

Álvarez Casildo proclamó a los cuatro vientos: “Hemos logrado un nuevo tipo de contrato social para la Humanidad; después de siglos de invisibilidad consideramos que ya es tiempo que hagamos estos eventos y estamos muy orgullosos que se produzca en Honduras, convirtiéndonos en la capital de los afrodescendientes y como pocas veces, los ojos del mundo están puestos sobre nosotros”. 

Arropado por el presidente Porfirio Lobo, sucesor del golpista Roberto Micheletti, asistido por el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, la Agencia Internacional para el Desarrollo de EE.UU. y la embajada de Washington en Tegucigalpa, el organizador de la Cumbre consideró suficiente su misión. Los técnicos de la Organización de las Naciones Unidas se sintieron a gusto por la conclusión de una agenda que se aviene con la idea que tienen del programa de lo que debe ser el Año Internacional de los Afrodescendientes.  

Mostraron satisfacción por “los avances globales” conseguidos a diez años de la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, efectuada en Durban y expresaron confianza en que en el seno del organismo multilateral se establezcan “un fondo de desarrollo, un foro permanente en el seno de la ONU y en otras instancias internacionales, así como la creación de un decreto sobre un plan de desarrollo integral y sostenible de los pueblos indígenas y afrohondureños”. 

Vale la pena comparar estas propuestas con las que se ventilaron en Caracas hace apenas unas semanas. O con las realidades y estrategias expuestas en el seminario que tuvo lugar un poco antes en La Habana, a instancias del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello. Una coincidencia apunta a la necesidad de declarar un Decenio Mundial de la Afrodescendencia, puesto que un año se va en fastos y celebraciones y el asunto es tan serio que lo rebasa.  

Otros temas, incluidos en la Declaración de La Ceiba merecen atención. Tales los casos de la necesidad de fomentar intercambios más frecuentes y fecundos entre África y los afrodescendientes, y el llamado a que se respeten los compromisos internacionales para la reconstrucción de Haití, comenzando por la restitución del pago por reparaciones por parte de Francia, embargados desde la declaración de independencia del país caribeño. 

Pudiera ser útil además, como punto de partida, la ideas de desarrollar acciones para evitar los desplazamientos de las comunidades afrodescendientes de sus territorios ancestrales a causa de los conflictos armados internos —aunque muchos de dichos conflictos tienen su origen en la depredación neocolonial y la supeditación imperial, pero eso es un tema tabú en estos foros—; o que eviten la desterritorialización y el desplazamiento forzoso de las comunidades afrodescendientes y africanas dada las amenazas por megaproyectos, inversiones turísticas, proyectos urbanísticos, narcotráfico y la expansión de fronteras militares. 

Es loable el empeño, consecuente con el Plan de Acción de Durban , de apoyar a los gobiernos nacionales para el impulso de legislaciones especiales para la penalización del racismo y la discriminación racial. 

Sin embargo, casi nadie habló en La Ceiba de problemas de fondo, de articular consecuentes políticas inclusivas, y menos de insertar estrategias de lucha en el marco de un necesario proceso de emancipación de todos los sectores tradicionalmente preteridos y aún más dañados en medio de la globalización de políticas neoliberales.  

Era mucho pedir en un escenario donde la voz cantante la llevaron representantes oficiales, funcionarios de organismos internacionales y de organizaciones no gubernamentales de cooperación, mientras que apenas hubo margen de participación real para los representantes de las comunidades. El más publicitado de los discursos fue el de la asesora de la Secretaria de estado de EE.UU, que tras proferir unos cuantos lugares comunes, celebró la necesidad de fomentar el “espíritu empresarial”.  

En medio de la euforia mediática, los organizadores no pudieron evitar el descargo de la doctora Socorro Gross Galiano, que habló en nombre de la Organización Panamericana de la Salud. Un cable reseñó su intervención del siguiente modo:  

“La doctora Socorro Gross Galiano, subdirectora de ese organismo regional, reconoció que tal exclusión en materia de salud está estrechamente vinculada con la pobreza, la marginalidad y la discriminación racial, social y de género de que son víctimas las poblaciones negras del continente. 

“Aunque las estadísticas aún son limitadas, los informes muestran que desde el nacimiento, los bebés afrodescendientes tienen mayores probabilidades de morir que otros niños y padecen mayores problemas de salud durante su desarrollo, recordó. 

“Asimismo, los hombres registran una tasa más elevada de homicidios e infección por el VIH/Sida, el embarazo en adolescentes es más común y el acceso igualitario a los servicios sanitarios y los anticonceptivos constituye un reto, subrayó la funcionaria. 

“Añadió que la situación de los afrodescendientes no suele ser visible porque falta información desagregada por pueblos étnico-raciales y un análisis intercultural que identifique las brechas, inequidades e injusticias.” 

Al mundo se le ocultó una realidad bien cercana al lugar donde se efectuó la Cumbre: la realización paralela del Foro sobre Acaparamiento de Tierras en África y América Latina, convocado por la Organización Fraternal Negra de Honduras (OFRANEH) y otras 24 agrupaciones comunitarias garífunas e indígenas. Hubo una significativa presencia de delegados de poblaciones indígenas, del sector campesino y de otras fuerzas sociales, evidenciando la importancia de enlazar y diversificar esfuerzos y experiencias, estudiando estrategias conjuntas para hacerles frente a problemáticas comunes. 

“Decidimos protestar por la exclusión de que fuimos objeto las comunidades garífunas y afrodescendientes de Honduras. Instalamos una Contracumbre para denunciar los verdaderos problemas que vivimos y buscar estrategias para contrarrestar el despojo y la persecución”, dijo Miriam Miranda, coordinadora de OFRANEH. 

“Durante estos días hemos analizado, discutido y formulado propuestas acerca de las temáticas abordadas en diez mesas de trabajo. La gente fue intimidada y amenazada para que no participara de este Foro, sin embargo, aquí estamos y vamos construyendo estrategias de lucha”, explicó Miranda.  

“Hay comunidades garífunas que ya están siendo desplazadas por la siembra de palma africana, los megaproyectos turísticos en Tela y Trujillo, y la aprobación de leyes que afectan gravemente la soberanía nacional al permitir la creación de las ciudades modelos. Son varias las formas de despojo que acercan al pueblo garífuna a su tercer destierro” afirmó. 

La construcción de proyectos hidroeléctricos, el agua como derecho humano, la seguridad alimentaria, los transgénicos y la apropiación de la cadena alimentaria, la exploración y expropiación de hidrocarburos, minería, neocolonialismo y soberanía, y cambio climático, mercado de carbono y mecanismos REDD fueron algunos de los temas tratados en el Foro. 

“Nuestros pueblos ya están sufriendo la falta de seguridad alimentaria y los embates del cambio climático. Hay comunidades que han desaparecido y miles de personas que padecen de hambre, porque se está privilegiando la siembra de palma africana a la de alimentos. Debemos volver a discutir qué significa desarrollo, porque con ese término han justificado la depredación que privilegia el capital y no al ser humano, explota irracionalmente los recursos y violenta los derechos humanos. Nuestro planeta necesita de respuestas responsables y estamos aquí para que se conozcan estas problemáticas y para defender nuestros derechos”, concluyó Miranda.

Si con la Cumbre el régimen de Porfirio Lobo trató de mejorar su imagen, la Contracumbre de La Ceiba mostró todo lo contrario.
 
 
 
 

Las relaciones raciales en Cuba. Estudios contemporáneos

Seminario Cuba y los Pueblos Afrodescendientes en América
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¿Qué es el Caribe?
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La discriminación racial en Cuba:
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Afrodescendencia e inclusión
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de Afrodescendientes

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Lineamientos del VI Congreso del PCC
(.pdf, 736 Kb)
Información sobre el resultado del Debate
(.pdf, 394 Kb)
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.