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ANDRÉS. ¿Y qué me queda?
¿Quieres que me acomode
en mi rinconcito seco y
me ponga a rezar para
que el agua no me moje
los pies?
TAMARA. Yo necesito
pensar en mí, ser
egoísta. Me quedan unos
años para parir. Mi hijo
no cambiará ninguna
cifra, pero será el mío.
Y aquí no cabe.
ANDRÉS. ¿Aquí? ¿Dónde?
¿En este cuarto? ¿En
este país? (Bajito,
trémulo) ¿En mi
cabeza?
TAMARA. El último de
esos lugares para mí es
lo primero. (Silencio.)
Es un fragmento de la
primera puerta de
Cuatro menos, el
texto con que el
dramaturgo cubano Amado
del Pino conquistara en
el año 2008 el
Premio Internacional
Carlos Arniches
(Alicante, España). El
próximo viernes 2 de
septiembre conocerá las
tablas, de la mano del
director cubano Alejando
Palomino y el conjunto
Vi-Tal Teatro, en la
sala Tito Junco del
Centro Cultural Bertolt
Brecht. Allí ensayan,
por estos días, el
cierre de la trilogía
que inauguraran con
Triángulo y En
falso. Cuatro
menos es la primera
obra cubana laureada en
los 35 años de creado el
Premio y que, al decir
de Palomino,
marcará una diferencia
en el reconocimiento
dentro de Cuba del autor
de
Penumbra en el noveno
cuarto.
Desde Tren hacia la
dicha, la producción
dramática de Amado del
Pino lo ha consolidado
entre las voces
emblemáticas del teatro
cubano contemporáneo.
Transcurrieron muchos
años entre aquel éxito
rotundo de 1987 y la
continuidad de su obra
para la escena. El autor
de Cuatro menos
llegó a ser confundido
con un egresado de la
Facultad de Periodismo,
acaso por la centralidad
que confirió en ese
período al ejercicio del
criterio. Hoy reside
entre La Habana y
Madrid, donde
incesantemente ha
hurgado en las
conexiones entre el
poeta español Miguel
Hernández y nuestro
Pablo de la Torriente;
pero, “mentalmente”, se
siente “parte de la
cultura y la vida diaria
cubanas”.
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No es necesario que
Amado nos lo recuerde.
Culmina otra jornada de
ensayos y el propio
Palomino ratifica una
constante entre las
inquietudes del autor,
expuestas a flor de piel
por cada uno de los
actores que dirige: “la
realidad de los cubanos,
el destino de la nación
en contraste con los
sucesos internacionales.
Esas preocupaciones se
han mantenido en los
tres textos que hemos
montado; pero están muy
acentuadas en Cuatro
menos. Como ha dicho
el crítico teatral
cubano Osvaldo Cano,
esta obra es un punto
obsesivo, polémico, en
la dramaturgia de Amado
del Pino. Él venía
desarrollando un estilo
sobre la base de la
poesía de la crudeza,
pero aquí hay una
invitación a la
polémica, al debate. Su
centro de gravedad es la
discusión, la
movilización del
pensamiento hacia un
camino mucho más
armónico y
revolucionario, como
dice el propio personaje
de Andrés”.
ANDRÉS. (Obsesivo) ¿Cómo
me van a pedir que
mienta?
TAMARA. Según los
periódicos y la cabecita
de tu jefa, la culpa es
otra vez de las
mujeres. Queremos ser
tantas cosas y tener
tanto poder que cerramos
las piernas.
ANDRÉS. Y los hombres
tampoco queremos
responsabilidad.
TAMARA. Bueno, es verdad
que muchos se sienten
padres porque hacen una
llamadita a la semana y
dan cuarenta pesos.
ANDRÉS. La mitad de los
ochenta…
Durante más de cuatro
horas, desafiando con
rigurosidad el calor de
una tarde de agosto en
La Habana, Vi-Tal Teatro
ensaya Cuatro menos
en el Brecht. En un
pequeño espacio que les
sirve de escenario y
hogar, Néstor Jiménez
―en el cuerpo de un
Andrés temperamental,
representante de una
generación que a 50 años
corteja una Revolución
que es la suya― y Laura
Moras ―en la piel de
Tamara, una mujer cubana
que con 35 años de edad
saca cuentas de lo que
aún no consigue―,
protagonizan una escena
que a las distintas
generaciones de actores,
técnicos, periodistas
que ocupan las butacas
del teatro se nos antojó
de una fuerza brutal.
Una vez que el director
y el dramaturgo
prescindieron de algunos
fragmentos del texto
original, en función de
la agilidad de la
puesta, cada minuto en
escena condensa una
significación poderosa.
La capacidad
comunicativa de los
diálogos nos sorprende
en un aplauso que
preludia, sin duda, el
parteaguas del próximo 2
de septiembre.
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En momentos en que Cuba
entera hurga en las
posibilidades de
continuar el proyecto
social sostenido por más
de medio siglo, Amado da
a luz seis criaturas de
nuestro tiempo. Apenas
cuatro espacios de la
cotidianidad del cubano
―dos habitaciones y un
banco de parque, donde
las ideas más íntimas se
comparten en absoluta
complicidad; y un
aeropuerto, umbral donde
comienza a concretarse
una posibilidad más allá
de nuestros bordes―
bastan a Andrés (Néstor,
Jorge Ferdecaz y
Alejandro Palomino, en
elencos alternos),
Tamara (Laura y Janny
Martín), el Pollo
(Enrique Bueno y Kelvin
Espinosa), Susana (Nora
Elena Rodríguez), Ania
(Karen Arcís) y Saúl
(Michel Labarta) para
sostener una polifonía
de conflictos y
acumulaciones que, en su
apariencia
irreconciliable,
estimulan el
contrapunteo sin
ofensas, la pluralidad
sin exclusiones. “Uno
puede amar a un país o a
un hombre y estar en
desacuerdo, ¿qué te
parece?”, dice Tamara a
Andrés. Y, poco más
tarde, sin mucho más que
decir, la sala queda
otra vez a oscuras. El
resto, va por el
público.
El gran tema de la
fragmentación social y
familiar que produce la
migración desde la Isla
vuelve a la escena, como
ha estado también en las
pantallas de nuestro
cine o en la literatura.
Esta vez, no obstante,
Cuatro menos
centra la atención en
los jóvenes y su rol en
el proceso de
envejecimiento que Cuba
experimenta desde hace
algunos años. Las
frustraciones de un
hombre que, en su
mediana edad, intenta
terminar su doctorado;
el conflicto de una
familia que se ha
desintegrado desde su
propio surgimiento y
cuya explicación,
contradictoriamente,
parece hallar en la
propia fractura, se ven
atravesadas por
personajes y situaciones
que discursan sobre la
moral, la pertenencia,
el vicio de la
complacencia y la
inmutabilidad, los
dogmas y las voluntades.
En unas líneas que
compartió con La
Jiribilla, correo
electrónico mediante,
Amado insiste en que con
Cuatro menos le
“ha ocurrido algo que le
sucede a uno, con buena
suerte, una vez en la
vida: el texto es más
actual ahora que cuando
lo escribí”. La primera
versión de la obra
estuvo completa en el
año 2006; pero la
revisión final hubo de
esperar hasta los
primeros meses de 2008,
justo el año en que fue
premiada. “La realidad
de los últimos meses
―explica el autor―
actualiza ideas,
criterios, sugerencias
sutiles, como deben ser
en el arte; pero
nítidas, que cuando las
escribí podrían parecer
bastante críticas, un
poco amargas y ahora
tienen con mayor
plenitud el sentido que
siempre me animó: el
afán de mejorar nuestra
realidad desde adentro,
con una mezcla de
fidelidad e
irreverencia. Más allá
del valor artístico de
mi texto, la puesta de
Vi-Tal Teatro puede
constituir una
oportunidad más para el
análisis social que se
vive por estos días.
Nada me complace tanto
como que las dudas o las
humildes sugerencias
cívicas que propuse hace
más de tres años, formen
parte de algunas de las
ideas que ahora mismo se
están planteando para
que nuestra sociedad sea
más autocrítica, para
conjurar los fantasmas
del inmovilismo y sus
consecuencias”.
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El valor añadido que
Amado del Pino le
confiere a la puesta, en
relación con el texto,
impone para Vi-Tal
Teatro un reto superior.
Alejandro Palomino
coincide con el autor en
que Cuatro menos
tiene ahora una
actualidad más evidente
que la que pudo tener en
el 2008; incluso, alega
que a la vigencia
temática se le suma una
mayor coherencia con el
espíritu que hoy anima
las reflexiones de los
cubanos en torno al
futuro de su nación.
“Que nosotros los
cubanos sepamos discutir
y nos respetemos,
estemos o no de acuerdo,
es una de las claves de
Cuatro menos y el
espectáculo la apoya. Es
una preocupación que se
reparte no solo en el
personaje guía, Andrés,
sino también en Tamara,
en Ania, Saúl, Susana y
el Pollo, un personaje
lleno de
contradicciones, con un
carácter y un
temperamento sólidos
dentro de la puesta en
escena. Es un conflicto
que ahora mismo podemos
encontrar en cualquier
lugar de la sociedad
cubana”.
SUSANA. Se va.
SILENCIO BRUSCO. LA
SIGUIENTE PREGUNTA DE
ANDRÉS ES FORMAL. ÉL
SABE.
ANDRÉS. ¿Para dónde?
SUSANA. ¿Quieres café?
SILENCIO INCÓMODO.
ANDRÉS. ¿Estás segura de
que no hay peligro?
SUSANA. ¿Tú crees que yo
la dejaría tirarse al
mar?
ANDRÉS. Disculpa…
SUSANA. Ayer se lo
confirmaron.
ANDRÉS. ¿Y tú?
SUSANA. Bien, gracias.
Además de haber recibido
el Premio Carlos
Arniches, Cuatro
menos fue publicada
por la importante
colección Teatro Español
Contemporáneo. La
acogida que el texto
recibiera en la nación
europea trae a colación,
nuevamente, preguntarnos
por qué el tema de la
emigración de los
cubanos hacia otros
países continúa siendo
un tema atractivo fuera
de la Isla, cuando el
flujo de personas de una
frontera a otra es uno
de los signos que
distinguen la
contemporaneidad a nivel
global. En su diálogo
electrónico con La
Jiribilla, Amado
comentó las aristas que
sobre este fenómeno
propone en la obra,
enriquecidas ahora con
la experiencia de quien
ha pasado los últimos
cuatro años de su vida
alternando entre una
costa y otra del
Atlántico.
“La emigración demasiado
politizada es
responsable de viejos
dolores para la familia
y para la nación. Si
algo de lo que se está
planteando en los
últimos meses me parece
positivo es que, ¡al
fin!, se procuren eludir
las trampas de la
perenne politización del
irse o el quedarse; el
entrar y salir. Ya en mi
afortunada obra El
zapato sucio apunté
aquello de las planillas
que preguntaban sin
tregua: ¿Tiene
familiares en el
extranjero?”.
Cada uno de los matices
que apunta el autor, han
sido cuidadosamente
revisados para su
traslación escénica por
el director de Vi-Tal
Teatro. Conocedores de
la dramaturgia de Amado,
algunos de los actores
que encarnan los
personajes
protagonizaron dos de
sus piezas anteriores:
Néstor Jiménez,
Penumbra en el noveno
cuarto; Nora Elena
Rodríguez, Triángulo.
El proceso de montaje de
la obra, como pudiera
parecer, no sufrió la
ausencia del escritor.
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“Ha sido un proceso
intenso ―explica
Palomino, sudando tras
el ensayo―. Amado dice
de sí mismo que es un
viejo del teatro,
siempre cerca de los
procesos de montaje.
Primero sufrió la
distancia con Celdrán,
ahora con nosotros. Pero
el trabajo se ha
mantenido por correo
electrónico y hasta por
teléfono, para discutir
juntos sobre la obra. En
cuanto al proceso de
dirección de actores,
tan complejo, prefiero
que el dramaturgo asista
a los procesos de
trabajo; pero en este
caso no he sentido tanto
la ausencia, por la
preocupación constante
que él ha manifestado.
Hemos avanzado de manera
muy orgánica”. Desde
España, Amado del Pino
confía en Vi-Tal, en la
capacidad del director y
sus actores para
apropiarse del texto y
ponerlo a consideración
de los cubanos: “el
grupo ama la obra, es
respetuoso y comprendo
que el teatro es un
hecho vivo y cambiante.
De ahí proviene uno de
sus encantos
fundamentales”.
A partir del próximo 2
de septiembre y hasta el
9 de octubre, Cuatro
menos se mantendrá
en la cartelera del
Brecht, uno de los más
céntricos espacios
teatrales de la capital
cubana. Consciente de la
expectativa que la
cercanía del estreno
mundial y absoluto de la
pieza ha ido generando,
el director de Vi-Tal
Teatro confía en que “la
gente va a disfrutarlo.
Cuatro menos es
una oportunidad para
venir al teatro a
discutir, a debatir, a
polemizar. Desde la
risa, las miradas, los
mínimos roces o la
conspiración, el
espectador participará
sin margen a la
complacencia”.
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