La Habana. Año X.
3 al 9 de SEPTIEMBRE de 2011

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fallece el escultor cubano Tony López

Las dos facetas del artista

Virginia Alberdi • La Habana


Escultor como Paredes es Tony López (La Coruña, 1918) quien heredó el arte de su padre, Joaquín López Fernández, nacido en 1893. A Joaquín López se deben algunas obras escultóricas en fachadas de La Habana, como las de la Escuela Técnica Industrial de Rancho Boyeros y de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, en la calle Reina. De Tony López se presenta ahora una escultura-caricatura en yeso policromado de Jorge Mañach, importante figura del panorama cultural cubano de este siglo. 

Manuel Crespo Larrazabal, curador de arte español
del Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana.

Fragmento de texto a propósito de la muestra de las obras
de artistas gallegos en Cuba y de cubanos que pintaron Galicia.

 

La huella de Antonio López (Tony) —artista fallecido a los muy avanzados 92 años de edad en la ciudad norteamericana donde residió desde 1957, Miami—, se hace apreciable en tanto logró impactos en dos vertientes contrapuestas: la monumentaria y el pequeño formato en una especialidad donde se divisa como una rara avis en el universo artístico cubano, el humor.


Caricatura escultórica en yeso de Luis Carbonell

En lo concerniente a la escultura conmemorativa, su pieza de mayor jerarquía entre las que enriquecen el entorno de nuestros espacios públicos es, sin lugar a dudas, la que honra a Julio Antonio Mella en el memorial dedicado al líder comunista y estudiantil frente a la escalinata de la Universidad de La Habana.

Fue un encargo de la Federación Estudiantil Universitaria, a petición expresa de su presidente, José Antonio Echeverría, realizado en 1954, nada menos que cuando imperaba la dictadura batistiana y se hallaba en pleno apogeo la represión contra todo aquel que enfrentara el régimen de facto. Esto le da un valor añadido al gesto del escultor, quien ya desde entonces se había vinculado a la resistencia antidictatorial. Su afinidad con el proceso insurreccional que se estaba poniendo en marcha puede inferirse de un dato artístico —modeló una estatuilla de Fidel Castro, que en una reseña publicada por la revista Bohemia en 1955 la refiere como “un perfil de Fidel, el hombre del Moncada”—y otro vivencial: la recaudación de fondos para el Movimiento 26 de Julio, que le valió la persecución de la policía batistiana y el destierro. Se sabe que antes de marchar pasó los fondos a manos de Haydée Santamaría. Y que impactado por el arrollador triunfo del Ejército Rebelde, realizó un busto del comandante Camilo Cienfuegos.

Cuando se observa presencialmente el Mella de la Universidad, el Guiteras también destinado a los predios del Alma Máter y mediante reproducciones el Carlos J. Finlay emplazado en una institución médica de Filadelfia, el Maceo que erigió en Miami o su más notable obra de los últimos años, el José Martí que trabajó para una urbanización de Nueva Orleans, nos damos cuenta de que en su proyección estética había algo más que un simple dominio del arte escultórico figurativo. La caracterización de las facciones de las personalidades esculpidas dan la medida de un serio intento por expresar la cualidad humana fundamental de estas figuras: reciedumbre, consagración a un ideal, humanismo, altura épica.

Mientras estas obras perduran, la otra faceta de López prácticamente solo puede referenciarse en Cuba a partir de fotografías de época —una de las excepciones es la estatuilla que conserva el Museo Nacional de Bellas Artes sobre Jorge Mañach— y mediante las que guardó el propio artista en su estudio de  Miami.

El periodista francés Michel Porcheron y el historiador y crítico cubano Axel Li —este último con imprescindibles trabajos en La Gaceta de Cuba (de la UNEAC) y en La Jiribilla— han hecho loables esfuerzos por seguir la pista y documentar la etapa en que Tony López desarrolló, en exclusiva, la caricatura escultórica en las décadas de los 40 y 50, varias de ellas aparecidas en la propia Bohemia y expuestas en galerías al menos en tres ocasiones durante ese lapso.

En general se trataba de pequeñas figuras de yeso en las que seguía el patrón de la caricatura personal en correspondencia con las posibilidades del diseño volumétrico. Aunque cuando se observan las que realizara a Ramón Grau San Martín y a Germán Pinelli se puede apreciar cómo en manos y cabeza, más que en el resto del cuerpo, solía resumir la intención de la obra. En Grau, la expresión demoníaca del demagogo. En Pinelli, la expansión comunicativa.

Nadie podrá negar la ubicación prominente de la obra de Tony López en la historia de la escultura cubana del siglo XX. Quizá haya llegado la hora de renovar los estudios sobre ella. 

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.