Conrado W. Massaguer,
hombre de múltiple
desempeño en la primera
mitad del siglo XX, ha
sido poco reconocido por
sus numerosas dotes como
caricaturista, diseñador
y publicista, entre
otras profesiones. De
ese inmerecido (casi)
olvido lo rescata el Dr.
Jorge R. Bermúdez con
su libro
Conrado W. Massaguer.
República y Vanguardia.
Es este villaclareño por
nacimiento el
Presidente de la Cátedra
de Gráfica Conrado W.
Massaguer de la
Universidad de La Habana
y no desiste en su
empeño por contribuir a
que el famoso dibujante
y hombre —caracterizado
por su buen vestir según
cuentan— ocupe el lugar
que merece en la
historia de las artes
visuales en Cuba.
Usted se ha dedicado
sobre todo al estudio
del diseño y la
fotografía en Cuba. Si
tuviese que seleccionar
la mejor revista del
siglo XX ¿estaría
Social entre las
primeras? ¿Por qué?
Por supuesto. No solo
estaría entre las
primeras, sino que le
daría el primer lugar.
Ninguna otra revista de
su tipo en el pasado
siglo, tuvo más
sostenida calidad y
homogeneidad en cuanto a
diseño y contenido en
nuestro periodismo
cultural.
¿Cómo llega usted a
Conrado W. Massaguer?
Todo el que estudie la
cultura visual cubana de
la primera mitad del
siglo XX,
necesariamente, tiene
que encontrarse con
Massaguer. Luego, si su
interés va más allá de
la simple lectura,
comprenderá que su
protagonismo como
caricaturista, editor,
periodista, publicitario
y hombre de empresa
llena uno de los
espacios más
representativos de la
gráfica de comunicación
cubana del período
republicano.
¿Fue Massaguer el mejor
caricaturista de la
república o su dibujo
forma parte de una obra
en conjunto que lo
destaca como diseñador,
publicista y promotor?
Más exacto es decir que
Massaguer está entre los
mejores caricaturistas
cubanos de todos los
tiempos, lo que no es
poca cosa teniendo
presente la obra de
Víctor Patricio de
Landaluze, Rafael
Blanco, Eduardo Abela,
Juan David y José Luis
Posada, por solo citar a
cinco de los más
notables de las pasadas
centurias. No obstante,
Massaguer fue algo más
que un relevante
caricaturista, si
tenemos presente que fue
el editor de tres
revistas emblemáticas
Gráfico, Social y
Carteles, a más de
Cinelandia y
Pulgarcito, revista
esta última, que aún
espera por los
estudiosos de nuestra
literatura infantil.
Social fue órgano
del Minorismo, grupo que
asumió por casi un
decenio los postulados
de la vanguardia gráfica
y literaria del país. En
sus páginas se dieron a
conocer, en el ámbito
nacional e
internacional, figuras
como Rubén Martínez
Villena, Juan Marinello,
José Z. Tallet, Jorge
Mañach, Alejo Carpentier
y Miguel de Carrión, por
solo mencionar algunos
de los nombres que
pronto destacarían en la
historia de la
literatura cubana del
período republicano.
Entre los corresponsales
y colaboradores de
Social pueden
citarse escritores como
Alfonso Reyes, José
Carlos Mariátegui y
Alfonso Hernández Catá.
Sus páginas recogieron
artículos inéditos de
José Martí, Miguel de
Unamuno, Tagore,
Gabriela Mistral,
Federico García Lorca,
Pablo Neruda, Gregorio
Marañón, Mariátegui,
Juan Ramón Jiménez,
Antonio Machado,
Alfonsina Storni, entre
muchos otros de
Hispanoamérica y el
resto del mundo. En sus
20 años de vida
(1916-1933; 1935-1938)
se computan no menos de
230 números,
aproximadamente. No se
puede entender del todo
la Revista de Avance,
sin la contribución que
en tal sentido hizo
Social a la
literatura y las artes
visuales del país
—entiéndase,
ilustración, caricatura,
fotografía, diseño
gráfico [tipografía,
diseño de interiores] y
artes plásticas—.
|

"Don Fernando
Ortiz" |
¿A qué se debió el
silencio expositivo de
Massaguer que abarca
desde 1947, cuando
expone en la Casa
Cultural de las
Católicas Cubanas, hasta
1986, fecha en que se
organiza la exposición
70 Aniversario de la
Revista Social, en
la Galería de
Reproducciones de Arte
Universal de Colón, en
Matanzas?
A 40 años de haberse
iniciado como
caricaturista en el
periódico yucateco La
Campana, de la
ciudad de Mérida,
es comprensible que su
capacidad creativa
disminuyera; lo que no
significó que Massaguer
dejara de crear hasta
años antes de su muerte,
ocurrida el 18 de
octubre de 1965. En
1943, cuatro años antes
de la fecha citada,
concibió la caricatura
más popular de la
segunda guerra mundial,
“El doble nueve”,
partida de dominó entre
los líderes de los
Aliados (Roosevelt,
Churchill y Stalin) y
los del Eje (Hitler,
Mussolini e Hiroito),
dando ganador a los
primeros cuando todavía
no había nada decidido
para ninguno de los
bandos en conflicto. De
“los grandes” de su
tiempo —pensamos en
Blanco, Valls, García
Cabrera, Sirio, Abela,
Her-Car—, él fue el
único que se mantuvo
activo como
caricaturista en el
periodismo nacional de
los 40 y 50. En El
Mundo, por ejemplo,
tenía los
espacios
Massaguericaturas,
Massaguerías
y En esta Habana nuestra
que compartía con su
alter-ego “Don
Gual”. A inicios de 1949
concluyó, por razones
económicas, la última de
sus revistas,
Desfile. Y en enero
de 1959, lanzó su último
libro de caricaturas
¿Voy bien, Camilo?
Tenía entonces 70 años
de edad. Cuenta Juan
David, que al nombrarlo
el Gobierno
revolucionario Consejero
Cultural de la Embajada
de Cuba en París, fue a
despedirse de Massaguer,
y ya enfermo —moriría
al año siguiente—,
todavía soñaba con
reeditar Social.
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"El doble nueve" |
¿Considera a ¿Voy
bien, Camilo? un
libro menor? ¿Por
qué hubo tanta
indiferencia ante la
publicación de estas
caricaturas?
En ¿Voy bien,
Camilo?, Massaguer
caricaturizó a casi
todos los protagonistas
del proceso
insurreccional
triunfante el 1ro. de
enero de 1959,
destacándose entre estas
las realizadas a los
líderes históricos de la
Revolución cubana, Fidel
y Camilo, en la escena
que ilustra la portada,
y las de Raúl y Che
—cuyo referente es una
de las fotos de Perfecto
Romero, primeras en
internacionalizar la
imagen del Guerrillero
Heroico. Sin embargo,
tal esfuerzo no
significó un nuevo
despegue en su
trayectoria artística.
Si algo pone en claro la
concepción de este
pequeño libro, es que el
hecho mismo de la
Revolución lo sobrepuja
como ciudadano; luego,
lo descolocará como
artista. Con todo, fue
de los que se quedó,
aunque fue olvidado a
los 70 años de edad.
Explicar este periodo
harto difícil de su
vida, me tomó buena
parte de los contenidos
del Epílogo de mi libro.
Remito al lector a
dicho texto, para que
tenga una idea mejor de
la comentada etapa, y,
sobre todo, para que
comprenda por qué es el
más conocido de los
creadores cubanos
olvidados.
Usted acaba de publicar
Conrado W. Massaguer.
República y Vanguardia,
¿acaso se puede ver como
un acto de justicia con
un artista prácticamente
olvidado?
Es un acto de justicia.
Y un nuevo paso en el
camino hacia la
recuperación de este
gran artista, sin cuya
obra no sería posible
comprender en toda su
magnitud la historia del
arte cubano del período
republicano. También es
una contribución —junto
a otros esfuerzos y
textos meritorios de la
pasada centuria— a la
revalorización de la
caricatura, una de las
manifestaciones que más
ha hecho por nuestra
alfabetización visual y
elevación ideoestética.
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"Diego Rivera" |
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