|
Yo llegué tarde a la
Internet, los e-mails, a
los de blogs y redes
sociales, aunque no
estoy ajeno a ello. Me
he negado a participar
en algún que otro
conflicto librado por
estas vías pues prefiero
mirar y que me miren a
los ojos.
Pero pasa que ahora no
puedo tocar a la puerta
de quien me ofende para
pedirle cuentas por su
falta, y sí, me siento
ofendido como cubano y
trovador. Por eso estas
palabras.
Cuando un ser humano ha
sido consecuente con su
vida y su obra merece el
respeto hasta de sus más
encarnizados
detractores.
Uno de esos seres es
Silvio Rodríguez a quien
en estos días se le
ataca por continuar
siendo consecuente y
sincero, por seguir
diciendo lo suyo a
“tiempo y sonriente”
desde el “rescoldo
caribeño” de sus
inconformidades y
sueños.
Incluso lo han vuelto a
convidar a arrepentirse,
ignorando que ya dio su
respuesta cuando aseguró
morir como ha vivido:
recorriendo las
prisiones, las escuelas,
los barrios más
atormentados, las
universidades, las
paredes, las calles y
acompañando las vidas de
quienes soñamos para
esta isla el misterioso
pero esperanzador futuro
que merece.
Soy de los cubanos que
—como él— cree que sí
hay que mejorar muchas
cosas en nuestro país,
pero mejorarlas
nosotros, los que
rodilla en tierra hemos
preferido darle el pecho
a los vientos fríos o
candentes —a veces sin
camisa—, abriendo con
los brazos las selvas
que nos han sembrado en
el jardín.
Sé que Silvio no
necesita aliados para
enfrentar estas huestes,
pero si lo cree
necesario y para lo que
sea… que cuente conmigo. |