La Habana. Año X.
10 al 16 de SEPTIEMBRE de 2011

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a propósito de la publicación de Vultureffect,
de Jorge Enrique Lage
Territorios
Ahmel Echevarría • La Habana

Coordenadas

“Aura, también gallinazo: Catahrtes aura. Cabeza desnuda. Plumaje casi negro. (...) Tienen el pico en forma de gancho. Se alimentan de carroña, basuras, frutas, reptiles pequeños y televisión.” Esta cita sintetiza la pieza “Territorios”, tomada del libro Vultureffect (Ediciones UNION, 2011), de Jorge Enrique Lage*. La cita es perfecta para entender la ingeniería que subyace bajo la cubierta de esta nueva entrega de JE, con ella también tendremos una noción de cuál es el tipo de combustible que la mueve. Dicha frase es ideal, como punto de partida, para el diseño de una posible estrategia de lectura de esta curaduría de textos  donde verdaderamente La Habana (o lo que en el libro ese nombre representa) ha sido narrada “sin el color del verano”, y en la que casi todos nosotros estamos ausentes.

Esquizoanotaciones

¿Son minicuentos o minificciones los textos ordenados bajo la cubierta medio verdosa, medio gris, con estallidos blancos y anaranjados —abro y cierro el libro y recuerdo la increíble paleta de colores que va cubriendo los alimentos en descomposición? Abro y cierro el libro y sonrío. Vuelvo a sus páginas, releo los textos. No me equivoqué cuando, en una llamada telefónica, le comenté a Alberto Garrandés que tenía sus ventajas atreverse con la dieta del buitre. Pero asumir una manera específica de comer, de nutrirse, tiene sus consecuencias. Eres lo que comes. Padecerás y gozarás sus efectos.

Textos breves como bocados, como porciones arrancadas por JE de cuanto nos rodea. Picotazos. Vultureffect es una mesa buffet variadísima; crudos o cocinados, frescos o en franca descomposición están servidos los platos, y los ingredientes son la literatura y el cine, la ciudad, la música, la TV, la política y las ciencias, los juegos de mesa, la flora y la fauna citadina, la fotografía y las artes plásticas ... (abramos un paréntesis: JE vuela y planea sobre la literatura y clava el pico y sus garras en el cuerpo de Virgilio —el nuestro—, Loriga, Burroughs, Nabokov, Heriberto Yépez, o en las movedizas arenas de Reinaldo, vale aclarar que estos son solo unos pocos nombres tomando en cuenta la variedad y cantidad de autores que habitan en las páginas del libro; las series para la TV también entran en su sistema de asociaciones —¿acaso no son una nueva manera de analizar, entender y acoplarse a la cultura de este nuevo siglo y milenio?]; hay en Vultureffect mamíferos de lujo cuyo hábitat no solo se reduce al set de filmación o los escenarios de grandes conciertos, viven multiplicados en las portadas de revistas, en DVD o CD, en las pantallas de cine, PC o nuestros televisores, en nuestro ropero, las peleterías, en el inconsciente; hay criogenia, inteligencia artificial, teorías científicas, formas biológicas que van del orden al caos en una Habana que no es exactamente la capital de todos los cubanos, pero que está muy bien conectada con otros nombres de ciudades o ciudades —tan irreales como las narradas por los noticiarios, documentales y diarios—; performances, formas de infringir dolor y proporcionar placer, coloridas instantáneas donde el dolor desemboca en el placer —también el flujo transita en sentido contrario—, candies, látigos, trajes de látex negro, asesinos seriales, tacones de aguja y comprimidos, dibujos animados, lobotomías y variedades de porn-stars; y para rebosar la copa hay en Vultureffect una banda de ciertos personajes (buitres bandidos) capaces de atracar bancos y supermercados, pinchan los neumáticos de los autos y destrozan los parabrisas, “violan a las mujeres y las mujeres violadas dan a luz criaturas híbridas ( ... ): un buitre capaz de pensar como niño o niña y que, al hacerse mayor correrá a unirse a una bandada de buitres bandidos”; pongamos un etcétera en estas esquizoanotaciones como manera óptima de resumir las porciones servidas por JE en su mesa buffet —en esta ocasión sí valen oídos sordos a aquellos consejos de nuestros padres y abuelos cuando nos advertían “no comer con los ojos”—; también hay fluidos y flujos que corren para ayudar a la deglución de tales bocados: sangre, sudor, lágrimas, agua).

Blanco móvil

En el punto anterior una pregunta quedó sin responder, hacía referencia a la clasificación de los textos de Vultureffect. Ahí vamos. Que el humor en estas piezas sea “una hipertrofia de la ironía”, violencia y absurdo alternándose, buitres parlantes, diferentes gradaciones del Homo Sapiens, que la frontera entre géneros y subgéneros esté diluida, curaduría  donde se concatenan eventos, personajes e historias algunas literal o aparentemente abortadas, jerga o lenguaje típico de los pueblos erigidos en las fronteras (pueblos que conviven entre dos historias y dominan más de una lengua), además de las fuentes utilizadas como sustrato indican que estamos ante un tipo de escritura que ha cambiado de blanco. Un blanco móvil. Por haber cambiado de blanco esta escritura ha mutado, propone nuevas reglas en el juego. Ese blanco móvil en su sistema circulatorio tiene una mezcla de sangre y gaseosas, además puede camuflarse entre las luces de neón o en la abigarrada paleta de colores de las grandes pantallas hechas con diminutos leds. Difícil es acertar la diana, pero no imposible. No será arduo convencerlos de que esta aventura es real, posible. Llamémosles a estos textos piezas narrativas de aparente corto aliento, intentan poblar un territorio al que pocos se han atrevido o pensado posible (ya ven, no se me dan las clasificaciones, igual podría llamarlos “esquirlas de aparente escaso poder letal”). Él los llama buitrextos, es la clasificación perfecta. Ya lo dijo Jorge Enrique Lage en una entrevista, se trata de “narrar con esa sustancia que queda, como un malestar, como una indigestión, en el interior de la historia que estás contando”.

Vultureffect

¿Estrategias de lectura? Páginas a picotear. Meter las patas, la cabeza y el cuello donde te dijeron que no debías, no podías o no era recomendable hacerlo. Meterlas incluso en los peores paisajes que nos deparan el alma y el cuerpo del ser humano. Luego abrir los brazos —o las alas— cuando en el cenit está aparcado el sol. Ya verás qué sucede cuando te atreves con esta dieta.


Nota:

1-
Jorge Enrique Lage (La Habana, 1979). Es licenciado en Bioquímica, narrador, especialista del Centro de formación literaria Onelio Jorge Cardoso, jefe de redacción de la revista de narrativa El Cuentero y editor de la Ediciones Cajachina. Entre 2005 y 2008 participó en los proyectos digitales 33 y 1/3 y the revolution evening post. Ha publicado los libros de cuentos: Yo fui un adolescente ladrón de tumbas (Editorial Extramuros, 2004), Fragmentos encontrados en La Rampa (Editora Abril, 2004) y Los ojos de fuego verde (Editora Abril, 2005), El color de la sangre diluida (Letras Cubanas, 2007) y Carbono 14 Una novela de culto (Ediciones Altazor, Perú, 2010).

 
 
 
 
   
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.