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Coordenadas
“Aura, también
gallinazo: Catahrtes
aura. Cabeza
desnuda. Plumaje casi
negro. (...) Tienen el
pico en forma de gancho.
Se alimentan de carroña,
basuras, frutas,
reptiles pequeños y
televisión.” Esta cita
sintetiza la pieza
“Territorios”, tomada
del libro
Vultureffect
(Ediciones UNION, 2011),
de Jorge Enrique Lage*.
La cita es perfecta para
entender la ingeniería
que subyace bajo la
cubierta de esta nueva
entrega de JE, con ella
también tendremos una
noción de cuál es el
tipo de combustible que
la mueve. Dicha frase es
ideal, como punto de
partida, para el diseño
de una posible
estrategia de lectura de
esta curaduría de textos donde verdaderamente
La Habana (o lo que en
el libro ese nombre
representa) ha sido
narrada “sin el color
del verano”, y en la que
casi todos nosotros
estamos ausentes.
Esquizoanotaciones
¿Son minicuentos o
minificciones los textos
ordenados bajo la
cubierta medio verdosa,
medio gris, con
estallidos blancos y
anaranjados —abro y
cierro el libro y
recuerdo la increíble
paleta de colores que va
cubriendo los alimentos
en descomposición? Abro
y cierro el libro y
sonrío. Vuelvo a sus
páginas, releo los
textos. No me equivoqué
cuando, en una llamada
telefónica, le comenté a
Alberto Garrandés que
tenía sus ventajas
atreverse con la dieta
del buitre. Pero asumir
una manera específica de
comer, de nutrirse,
tiene sus consecuencias.
Eres lo que comes.
Padecerás y gozarás sus
efectos.
Textos breves como
bocados, como porciones
arrancadas por JE de
cuanto nos rodea.
Picotazos.
Vultureffect es una
mesa buffet variadísima;
crudos o cocinados,
frescos o en franca
descomposición están
servidos los platos, y
los ingredientes son la
literatura y el cine, la
ciudad, la música, la
TV, la política y las
ciencias, los juegos de
mesa, la flora y la
fauna citadina, la
fotografía y las artes
plásticas ... (abramos
un paréntesis: JE vuela
y planea sobre la
literatura y clava el
pico y sus garras en el
cuerpo de Virgilio —el
nuestro—, Loriga,
Burroughs, Nabokov,
Heriberto Yépez, o en
las movedizas arenas de
Reinaldo, vale aclarar
que estos son solo unos
pocos nombres tomando en
cuenta la variedad y
cantidad de autores que
habitan en las páginas
del libro; las series
para la TV también
entran en su sistema de
asociaciones —¿acaso no
son una nueva manera de
analizar, entender y
acoplarse a la cultura
de este nuevo siglo y
milenio?]; hay en
Vultureffect
mamíferos de lujo cuyo
hábitat no solo se
reduce al set de
filmación o los
escenarios de grandes
conciertos, viven
multiplicados en las
portadas de revistas, en
DVD o CD, en las
pantallas de cine, PC
o nuestros televisores,
en nuestro ropero, las
peleterías, en el
inconsciente; hay
criogenia, inteligencia
artificial, teorías
científicas, formas
biológicas que van del
orden al caos en una
Habana que no es
exactamente la capital
de todos los cubanos,
pero que está muy bien
conectada con otros
nombres de ciudades o
ciudades —tan irreales
como las narradas por
los noticiarios,
documentales y diarios—;
performances,
formas de infringir
dolor y proporcionar
placer, coloridas
instantáneas donde el
dolor desemboca en el
placer —también el flujo
transita en sentido
contrario—, candies,
látigos, trajes de látex
negro, asesinos
seriales, tacones de
aguja y comprimidos,
dibujos animados,
lobotomías y variedades
de porn-stars; y
para rebosar la copa hay
en Vultureffect
una banda de ciertos
personajes (buitres
bandidos) capaces de
atracar bancos y
supermercados, pinchan
los neumáticos de los
autos y destrozan los
parabrisas, “violan a
las mujeres y las
mujeres violadas dan a
luz criaturas híbridas (
... ): un buitre capaz
de pensar como niño o
niña y que, al hacerse
mayor correrá a unirse a
una bandada de buitres
bandidos”; pongamos un
etcétera en estas
esquizoanotaciones como
manera óptima de resumir
las porciones servidas
por JE en su mesa buffet
—en esta ocasión sí
valen oídos sordos a
aquellos consejos de
nuestros padres y
abuelos cuando nos
advertían “no comer con
los ojos”—; también hay
fluidos y flujos que
corren para ayudar a la
deglución de tales
bocados: sangre, sudor,
lágrimas, agua).
Blanco móvil
En el punto anterior una
pregunta quedó sin
responder, hacía
referencia a la
clasificación de los
textos de
Vultureffect. Ahí
vamos. Que el humor en
estas piezas sea “una
hipertrofia de la
ironía”, violencia y
absurdo alternándose,
buitres parlantes,
diferentes gradaciones
del Homo Sapiens,
que la frontera entre
géneros y subgéneros
esté diluida, curaduría donde se concatenan
eventos, personajes e
historias algunas
literal o aparentemente
abortadas, jerga o
lenguaje típico de los
pueblos erigidos en las
fronteras (pueblos que
conviven entre dos
historias y dominan más
de una lengua), además
de las fuentes
utilizadas como sustrato
indican que estamos ante
un tipo de escritura que
ha cambiado de blanco.
Un blanco móvil. Por
haber cambiado de blanco
esta escritura ha
mutado, propone nuevas
reglas en el juego. Ese
blanco móvil en su
sistema circulatorio
tiene una mezcla de
sangre y gaseosas,
además puede camuflarse
entre las luces de neón
o en la abigarrada
paleta de colores de las
grandes pantallas hechas
con diminutos leds.
Difícil es acertar la
diana, pero no
imposible. No será arduo
convencerlos de que esta
aventura es real,
posible. Llamémosles a
estos textos piezas
narrativas de aparente
corto aliento, intentan
poblar un territorio al
que pocos se han
atrevido o pensado
posible (ya ven, no se
me dan las
clasificaciones, igual
podría llamarlos
“esquirlas de aparente
escaso poder letal”). Él
los llama buitrextos,
es la clasificación
perfecta. Ya lo dijo
Jorge Enrique Lage en
una entrevista, se trata
de “narrar con esa
sustancia que queda,
como un malestar, como
una indigestión, en el
interior de la historia
que estás contando”.
Vultureffect
¿Estrategias de lectura?
Páginas a picotear.
Meter las patas, la
cabeza y el cuello donde te dijeron que no
debías, no podías o no
era recomendable
hacerlo. Meterlas
incluso en los peores
paisajes que nos deparan
el alma y el cuerpo del
ser humano. Luego abrir
los brazos —o las alas—
cuando en el cenit está
aparcado el sol. Ya
verás qué sucede cuando
te atreves con esta
dieta.
Nota:
1-
Jorge Enrique Lage (La
Habana, 1979). Es
licenciado en
Bioquímica, narrador,
especialista del Centro
de formación literaria Onelio Jorge Cardoso,
jefe de redacción de la
revista de narrativa
El Cuentero y editor
de la Ediciones
Cajachina. Entre 2005 y
2008 participó en los
proyectos digitales
33 y 1/3 y the
revolution evening post.
Ha publicado los libros
de cuentos: Yo fui un
adolescente ladrón de
tumbas (Editorial
Extramuros, 2004),
Fragmentos encontrados
en La Rampa (Editora
Abril, 2004) y Los
ojos de fuego verde
(Editora Abril, 2005),
El color de la sangre
diluida (Letras
Cubanas, 2007) y
Carbono 14 Una novela de
culto (Ediciones
Altazor, Perú, 2010). |