La Habana. Año X.
10 al 16 de SEPTIEMBRE de 2011

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América negra, de la resistencia a la representación

Nahela Hechavarría • La Habana

Si el “descubrimiento” de América en 1492 propició la oxigenación de una cultura y una civilización, la europea, que ya mostraba signos de agotamiento, el definir un “nosotros” —colonizador que escribe la historia— y un “otro” —nativo o raza importada como mano de obra— trascendió por siglos, al punto de ejercer una especie de paranoia traumática en el ser americano respecto a su identidad.

Paralelamente, se dio un proceso de intercambio cultural, no exento de imposiciones y desmanes, que fraguó en culturas nuevas donde las mixturas, simulacros y reajustes signaron sus desempeños. Así, los mitos autóctonos sobrevivieron junto a otros traídos en el habla y la mente de los negros africanos a su llegada como esclavos a América, conformando un entramado cultural caracterizado por la pluralidad de cosmogonías en las condiciones establecidas por el cristianismo como religión dominante. La América fue indígena, hispana, pero también negra. El proceso de deculturación asociado a siglos de esclavitud supuso, tras la abolición, un sordo y continuado interés por invisibilizar el aporte de estas culturas subalternas, que a partir de las vanguardias artísticas latinoamericanas del siglo XX, comenzó a erradicarse.1 La resistencia cultural devino pues una práctica que logró imponer la valía de estas culturas a base de constancia y herejía.


South of theBronx, Mel Rosenthal. EE. UU.

Si en sus inicios, el arte estuvo relacionado con lo mítico, pues nuestros antepasados concebían un todo integral en el que las máscaras, la música, la danza, el ritual, constituían acciones que, a la distancia de milenios percibimos con un alto valor estético, independientemente de la intención con que fueron realizadas; de algún modo hay una preocupación en el arte por retrotraer el componente ritual —no necesariamente religioso— al centro del debate estético, en un afán por revivir esencias conductuales del hombre, pasadas a un segundo plano en esta Era regida por la información y la tecnología.

La fotografía, pionera en el reconocimiento de estratos sociales que históricamente habían sido desdeñados por el arte, constituyó un espacio de reconocimiento, al permitir el acceso a la representación a grandes grupos poblaciones. De esta forma, los descendientes de africanos, ya para mediados del siglo XX, comenzaron a verse tímidamente representados, primero a través del retrato y ya luego insertos en escenas cotidianas, fundamentalmente en espacios urbanos, aunque también asociados al espacio costero y, en menor medida, rural.

Sin embargo, será a partir de los años 60 que se logra colocar a la figura del negro en tanto sujeto de la representación, como parte de un entramado social y epocal signado por la diversidad y el conflicto. La fotografía ayudó a conformar una imagen  bien singular que registró al negro en su desempeño laboral, en la intimidad doméstica, su comportamiento en sociedad, y su fuerza como componente activo en la identidad nacional de países tan diferentes económica y políticamente, pero que compartían una misma raíz cultural. Es así que El rito del hereje: herencia, resistencia y música afrodescendientes en América busca hacer presentes la gestualidad, los rasgos y conductas de los otrora calificados de herejes, aquellos que hicieron del baile, la música y el ritmo que trajeron consigo sus ancestros, elementos indisolubles de la cultura contemporánea americana.  


Ama de casa, Constantino Arias. Cuba

A través de una selección de los fondos fotográficos de la Colección Arte de Nuestra América, la Casa de las Américas rinde homenaje al Año de los Afrodescendientes. Será a través de  las visiones de once creadores del lente que se hará palpable la pujanza de una cultura no solo desde su componente religioso-ritual —muchas exposiciones y publicaciones han dado cuenta de ello—, si no en su presencia, actitud, y aporte cultural. Es desde los cuerpos (en movimiento o no, visibles o sugeridos), sus rostros (reconocibles o anónimos), los espacios… que se logra reivindicar el lugar ineludible que ocupan los afrodescendientes en América. De Brasil a EE.UU., pasando por las Islas Vírgenes, República Dominicana y Cuba, nos llegan estas imágenes, para recordarnos que es tiempo de festejos, reconocimiento, vindicación, pero también de continuidad y resistencia.

Comprender la dimensión que cobran las mitologías personales, nacionales y religiosas desde la representación, permite reflexionar sobre nuestro desempeño como seres sociales inmersos en una realidad que constantemente desdibuja y recompone las fronteras identitarias. Sirvan pues estas fotografías como prueba de comunidad y diversidad cultural. La herejía como camino, ya se sabe tiene el precio de la intolerancia, pero el premio de la verdad, la permanencia, la inspiración.
 

Nota:

1- Por otro lado, en el discurso oficial se trató de separar, a una América indígena continental (Mesoamérica, Sudamérica y Centroamérica) de una América negra (El Caribe insular, Brasil y EE.UU.), sin embargo los cruces y desplazamientos acaecidos por siglos en toda la región desmienten este mito. Igualmente, se dio un proceso de “blanqueamiento” cultural de algunos países —Argentina, Uruguay, Costa Rica…— que se ha visto relativizado, también por la presencia en ellos, ciertamente menor aunque no menos importante por su aporte, de población negra.

 
 
 
 
   
Lineamientos del VI Congreso del PCC
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(.pdf, 394 Kb)
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.