En medio de la
parafernalia
promocional, las
alfombras rojas, los
cientos de periodistas y
profesionales del mundo
entero, las decenas de
filmes completamente
inéditos y el vocinglero
anuncio de la presencia
en el Toronto
International Film
Festival (TIFF) de Brad
Pitt, Wim Wenders,
George Clooney, Bono,
Francis Ford Coppola,
Salman Rushdie, Werner
Herzog, Catherine
Deneuve, Antonio
Banderas, Gael García
Bernal, Michelle Yeoh,
Keira Knightley, Jane
Fonda, Salma Hayek o
Madonna, se vuelve
difícil percatarse de
que ocurrirá en pocas
horas el estreno mundial
de la también muy
aguardada Juan de los
muertos, aquí
rebautizada como Juan
of the Dead. Pero
nuestra embajadora en
Toronto se está abriendo
paso, poco a poco, en
los medios canadienses,
y la están promoviendo
en algunas importantes
publicaciones como una
rareza, una película
cubana de zombis, una
extraña mezcla de
horror, comedia y
muertos vivientes
contemplados desde una
visión entre sardónica y
apocalíptica.
|

Juan
of the Dead |
En el catálogo del TIFF
aparece un texto de
presentación de la
curadora Diana Sánchez
sobre Juan de los
muertos que de
seguro motivará a
centenares de personas,
a periodistas, y a los
cientos de delegados con
que cuenta el Festival.
Es probable que las tres
funciones programadas de
la película, en algunas
de las mejores salas
destinadas al evento, se
inunden de un público
curioso y participante,
ávido por disfrutar de
una película “al mismo
tiempo cálida y del todo
irreverente —según la
reseña de Diana Sánchez—
la continuación del
cineasta Alejandro
Brugués a la ópera prima
Personal Belongings
es una descripción de La
Habana (…) donde los
zombis no son pasan de
ser otro detalle
peculiar de la vida en
un país diferente al
resto del mundo. (…) Y
los personajes
protagónicos de Juan y
Lázaro se transforman en
emblemas del espíritu
típico de los cubanos:
algo cínicos o
desencantados, pero en
el fondo amantes de la
vida y profundamente
asertivos”.
Lo mejor y más
sorprendente del primer
día de Festival fue
salir de la sala de
acreditación, a la
salida del hotel Hyatt
Regency, luego de
comprobar que en la
lista de prensa mi
nombre se encuentra
debajo del periodista
del Hollywood Reporter,
y pocos renglones por
encima del enviado de la
revista Variety
—los dos órganos de
prensa (norteamericano
ambos, por cierto)
encargados de marcar el
paso el evento— y luego
de comprobar que Toronto
se encamina sobre todo,
una vez más, a
pavimentar el camino de
entrada comercial de los
filmes al gran mercado
norteamericano, incluido
los Premios Oscar, pude
encontrar en la acera
del sol, disfrutando del
no tan escaso calor del
otoño canadiense, a Inti
Herrera y Claudia
Calviño, quienes
trabajaron en la
producción de Juan de
los Muertos. Ambos
estaban aguardando, para
el día siguiente, la
llegada del director,
Alejandro Brugués. Luego
de los besos, abrazos y
citas obligadas, me
comprometí con ellos a
contar en Cuba, por
supuesto, todo lo que
ocurriera con su
película, y me alegré a
mares de que en Toronto,
por lo menos en la
edición de 2011, se
escucharía el acento
cubano, las mismas risas
y voces que uno podría
disfrutar en la esquina
de 23 y 10.
A la altura en que
escribo estas líneas, el
Festival solo había
comenzado, y ni siquiera
habían ocurrido las tres
presentaciones
programadas de Juan
de los muertos. Es
decir, que la mayoría de
los medios y periodistas
desconocían todavía la
película (aunque el
The Globe and Mail
publicó una nota donde
no solo elogiaba el
interés temático y
genérico de la película,
sino que además se
quejaba de que el filme
todavía no dispusiera de
un distribuidor en
Norteamérica) y casi
toda la propaganda se
concentraba en cubrir la
inauguración del
Festival con la
exhibición, en la
bellísima sala del Roy
Thomson Hall, del
documental From the
Sky Down, consagrado
a explicar cómo artistas
como Bono (líder de U 2)
se las ha arreglado para
satisfacer las
tendencias dominantes de
la música pop sin
traicionar la coherencia
artística, política y
ética que lo han
caracterizado. A
propósito de
documentales consagrados
a personalidades de la
música, también se
estrenan en Toronto
Neil Young Journeys,
de Jonathan Demme;
Pearl Jam Twenty,
que dirige el
experimentado Cameron
Crowe, y la crónica del
concierto ofrecido por
Paul McCartney en
memoria de las víctimas
del 11 de septiembre y
titulada The Love We
Make.
Y para no hablar de un
Festival de rarezas y
exclusividades que no
existe, sino del que
realmente está
transcurriendo en estos
momentos, debe
mencionarse al menos, en
la sección que se llama
Gala, que Brad Pitt
estará promocionando su
filme sobre béisbol
Money Ball; regresa
el canadiense David
Cronenberg con A
Dangerous Method,
película de época sobre
la rivalidad de Carl
Jung y Sigmund Freud;
George Clooney estrena
su cuarta producción
como director, The
Ides of March, que
también coescribe y
protagoniza, a propósito
de los entresijos
políticos
norteamericanos;
Christophe Honoré
presenta un melodrama,
Les bien-Aimés,
con Catherine Deneuve;
Glenn Close hace de
hombre dirigida por
Rodrigo García e
interpreta un personaje
real en la Irlanda del
siglo XIX, Albert Nobbs;
Madonna dirige una
película romántica que
ocurre en dos épocas,
W. E.; Luc Besson se
vale de Michelle Yeoh
para contar, en The
Lady, una historia
real que acontece en la
Birmania de los años 80
y Jane Fonda hace de
abuela librepensadora y
emancipada en Peace,
Love and Misundestanding.
|

The Lady |
Tal vez el lector
disculpe lo abrumador de
la enumeración, pero en
los primeros dos días de
un evento grandioso más
vale adelantar lo que se
verá, más que detenerse
a reseñar lo poco ya
visto. En la sección de
Masters aparecen algunos
de los autores más
exquisitos y preclaros
que en el mundo filman.
Está el turco Nuri Bilge
Ceylan (Érase una vez
en Anatolia), los
hermanos belga Jean
Pierre y Luc Dardenne (El
chico de la bicicleta),
el ruso Alexander
Sokurov con una nueva
versión de Fausto
y el finlandés Aki
Kaurismaki con su
calmado ensimismamiento
sobre la inmigración en
Le Havre. Por si
fuera poco con
semejantes propuestas,
aparecen en la
alineación de autores
magistrales el húngaro
Bela Tarr (The Turin
Horse), el alemán
Wim Wenders con el
documental de baile Pina
y el francés Bruno
Dumont con Fuera de
Satanás.
|

Pina
|
Por último, acompañando
a la cubana Juan de
los muertos, en la
sección Contemporary
World Cinema, dedicada a
ofrecer un panorama
sobre lo más ingenioso,
valedero y renovador que
se produce en cualquier
latitud, figuran
películas de Canadá,
India, Israel, Francia,
España, Polonia, China,
Sudáfrica, Irán,
Turquía, Dinamarca y
Brasil. En próximas
notas abundaremos sobre
las interioridades del
Festival y de algunas de
sus principales
propuestas. Sin dejar de
comentar sobre el avance
en Norteamérica de
Juan de los muertos,
una rareza, una película
cubana de zombis, una
extraña mezcla de
horror, comedia y
muertos vivientes
contemplados desde una
visión entre sardónica y
apocalíptica, como
insisten en repetir
ciertos medios
angloparlantes. |