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Un solar de Centro
Habana tiene, pasillo al
fondo, una puerta
abierta vigilada por Elegguá que da acceso a
la habitación de cinco o
seis metros por cuatro,
con techo bajo de
madera, pañitos tejidos
sobre los escasos
asientos y un par de
fotos de unos negritos
pícaros, los nietos del
dueño de la casa.
Bocabajo, interfiriendo
el paso para la cocina,
dos tumbadoras reposan
solas, hasta que un
joven devuelve los bongós que de seguro
sirvieron para cortejar
a la diosa del amor y
los ríos la víspera de
su día. Todo es normal y
humilde en esta morada
excepto por los
instrumentos, que se
animan varias veces a la
semana cuando sus
ejecutantes vienen al
ensayo. En San Lázaro
204, al fondo del
pasillo, el Conjunto
Arsenio Rodríguez repasa
la música que siete
décadas atrás sacó los
pasos de los bailadores
de salón del perímetro
estrecho en que se
movían hasta entonces.
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En el sofá se sientan
los metales, a la
derecha el bongó, a la
izquierda el piano y el
tres, detrás, el bajo y
las tumbadoras y al
final, de pie, se ubican
los cantantes. Uno tras
otro suenan los temas
del Ciego Maravilloso
allí desde hace tres
años con la conformidad
o la protesta de los
vecinos, con el calor,
la estrechez y las
pésimas condiciones
acústicas…, pero no hay
otro lugar. En 1998,
cuando el último hermano
vivo de Arsenio, su
única hija y su sobrina
Mercedes decidieron
refundar la agrupación
que lideró el matancero
a partir de 1940, el
conjunto comenzó a
peregrinar de casa en
casa de sus directores
para las sesiones de
prácticas. Ahora es el
compositor y bajista
José Dumech quien acoge
al grupo que tampoco ha
logrado grabar discos ni
conquistar momentos
estelares en la
televisión.
El original Conjunto
Arsenio Rodríguez, al
desprenderse del Boston,
cambió definitivamente
el carácter de la música
de moda y puso en boca
del pueblo los coros de
sones como “72 hacheros
pa’ un palo”, “La yuca
de Catalina” y “Fuego en
el 23”. Pero no pudo
sostener, ni en su
variante cubana ni en su
versión neoyorkina, una
competencia equitativa
con el alud musical de
los 60, y languideció o
se transformó en otras
agrupaciones. El nuevo
conjunto se propuso
revivir el son de los 40
a la manera de Arsenio y
ha ido desempolvando sus
canciones hasta tener
casi 50 en repertorio.
Cuando tocan, parece que
el ciego está con ellos.
Lo han dicho grandes de
la música cubana como
Frank Fernández y
expertos de oído tan
fino como los
musicólogos Jesús Gómez
Cairo y José Reyes
Fortún: el Conjunto
“suena macho”.
“Hacer la música de
Arsenio tal como se
concibió es la mayor
alegría de los
integrantes del
Conjunto”, afirma Dumech,
aunque el largo boom
de la salsa que el
propio Rodríguez
impulsó, le ha impuesto
una dura sobrevivencia
al grupo. Sin embargo,
fueron muy poderosos los
éxitos del ciego como
para que su popularidad
quede aplastada por el
tiempo. En las
presentaciones, el
público se divierte con
el nuevo Conjunto y
festeja el regreso de
antológicos como “La
vida es un sueño”,
“Monte adentro” y “Soy
el terror”. “El 3 de
julio pasado —comenta
Dumech— la agrupación
llenó uno de los teatros
más grandes de La Habana
sin recurrir a las
estrellas más populares
de la música actual”.
Desbordando los formatos
de sextetos y septetos
que hicieron historia en
la década de los 30, el
conjunto creado por
Arsenio Rodríguez echó
mano a las tumbadoras,
el piano y dos
trompetas. El
investigador Radamés
Giro opina que con el
formato instrumental del
Conjunto “se inició una
nueva etapa en la
sonoridad e
interpretación del son
cubano, con mayor
riqueza sonora y
armónica”. Dumech
explica que en el
Conjunto de hoy “los
pasajes del tres y del
piano son casi exactos a
los originales.
Mantuvimos el concepto
de la sexta en el
trabajo de las voces y
respetamos la
armonización de la
cuerda de metales. Nos
han llegado a decir que
actualmente el nuevo
Conjunto Arsenio
Rodríguez está en una de
sus mejores etapas por
la seriedad y fidelidad
con que hacemos la
música”.
“Mientras que el piano y
el tres son los
instrumentos más
difíciles de interpretar
de modo semejante al
original, porque los
pianistas del Conjunto
fueron grandes
estrellas, y Arsenio
tenía una manera muy
particular de tocar el
instrumento, hemos
podido trasladar a
nuestros días el
espíritu de la
percusión, el bajo y las
voces”, agrega el
director.
Si irrepetibles han sido
las actuaciones de Lilí
Martínez, Rubén
González, Félix
Chapottín o Miguelito
Cuní junto al Ciego
Maravilloso en
diferentes momentos, no
puede desconocerse que
luego de su refundación,
el Conjunto ha contado
también con otros
músicos valiosos; entre
ellos, Blancanieves,
Gilberto Azcuy y uno de
los cantantes actuales,
Roberto Alfaro, quien ha
logrado imitar con gran
certeza el trabajo del
puertorriqueño Wito
Cortwright.
Aunque tampoco la era de
los conjuntos volverá a
repetirse, a la par del
Arsenio Rodríguez se
mantienen haciendo
música en Cuba —con
mayor o menor éxito—
otras agrupaciones de
este tipo. Según
advierte Dumech, si bien
algunas de ellas se
desprendieron
directamente del grupo
del matancero, cada una
posee rasgos
que las distinguen del
resto: “Desde la
refundación del Conjunto
hemos alternado con
otros grupos en las
presentaciones, como el
Conjunto Chapottín. Al
compararnos con ellos
podemos decir que, sin
dejar de ‘sonar macho’,
en nuestro trabajo se
distingue más claramente
la función de cada
instrumento y el rol de
las voces es
notablemente diferente.
Lo mismo sucede con
otros grupos como
Estrellas de Chocolate,
que tiene su estilo muy
característico dentro de
la música de conjunto”.
Se ha dicho en repetidas
ocasiones que sin la
música de Arsenio
Rodríguez no hubieran
existido luego conjuntos
como Los Astros y El
Modelo,
Adalberto
Álvarez y su son y José
Luis Cortés; salseros
como Eddie Palmieri y
Oscar de León; y ni aun
el mismísimo Buena Vista
Social Club. Un cantante
del nuevo Conjunto
Arsenio Rodríguez,
Lázaro Núñez, recordaba
en el homenaje que se le
dedicara al Maravilloso
en el Palacio de la
Rumba este 30 de agosto,
que inmediatamente
después de su muerte los
muchos músicos y
productores (Larry
Harlow, Johnny Pacheco,
Palmieri, De León, Ray
Barreto, Papo Lucas,
etc.) se interesaron
por grabar e incorporar a
sus repertorios las
canciones de Arsenio.
“Escuchando a los
salseros hoy, empezando
por Oscar de León, uno
nota rápidamente que lo
que Arsenio hizo varias
décadas atrás, está
presente en la música
actual —concluye Dumech—.
Todos los tumbaos del
bajo que hacen las
orquestas de salsa se
basan en los conceptos
de Arsenio, muchos de
los tumbaos del piano
tienen que ver con lo
que hizo Lilí Martínez,
y, aunque con algunos
adelantos, las frases de
las cuerdas de metales
también salieron de
Arsenio. Por eso se le
llama el padre de la
salsa y los grandes de
la música que lo
conocieron se deben a
él, lo veneran. Los
músicos de nuestro
conjunto sienten ese
respeto por su figura y
saben que oyéndolo uno
se hace músico”.
Sentado ahora en el
puesto de una trompeta,
en el sofá rojo de San
Lázaro 204 (interior),
José Dumech se queda
haciendo los arreglos
para el guaguancó
“Confórmate”, una joya
entre las composiciones
de Arsenio. El Conjunto
continuará año tras año
rindiendo tributo al
Ciego Maravilloso en su
natal Güira de Macurije
y logrará, quizá algún
día, cumplir el anhelo
de una grabación
profesional propia,
donde Chucho Valdés y
Omara Portuondo
interpreten “La vida es
un sueño” y Dany Rivera
y Frank Fernández
revivan “A Puerto Rico”. |