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Lo suyo eran las
canciones, el filin, los
sones, los boleros…,
pero como reconocen sus
muchos admiradores
poseía también el don de
“involucrar con su
‘tumbao’ a la persona
más circunspecta”.
Sin embargo, muy pocos
conocen que la primera
relación con la música
de Elena Burke fue a
través del tango, en
particular “Caminito”,
que interpretara en 1940
en la radioemisora CMC.
Acaso esta preferencia
inicial suya mucho tuvo
que ver con lo que la
propia Romana Burques
—tal era su verdadero
nombre— confesó a un
periodista: “Desde
siempre, escojo la
música o la letra que me
hace vibrar (…); no temo
a nada que venga
encerrado en una letra,
una buena música. No me
importa si no son
estrenos, si ya han sido
popularizados u
olvidados; me interesa
sencillamente cantar lo
que me gusta y nada
más”.
Nacida en el habanero
barrio de El Cerro, el
28 de febrero de 1928,
para la Señora Sentimiento,
como se le identifica
dentro de la
cancionística cubana,
desde muy pequeña fue el
canto uno de sus más
queridos juguetes.
Cuentan que con unos
diez años se le envió a
una farmacia cercana y
al escuchar unos
tambores en días de
carnaval se fue tras
ellos, y por su tardanza
en regresar provocó
serias preocupaciones.
En 1943 ya cantaba en la
emisora Mil Diez, donde
le acompaña la orquesta
dirigida por los
maestros Enrique
González Mantici y
Adolfo Guzmán… “una
época dura, de constante
aprendizaje y búsqueda”,
como afirman Leonardo
Depestre y Luis Ubeda.
“A Elena, tanto como
cantar, le gusta bailar,
y lo hace bien”.
Con Las Mulatas de Fuego
viajó a México. Llegaron
giras por Venezuela,
Jamaica… y llegó también
para Elena la etapa de
los cuartetos de voces.
Así, integra primero el
cuarteto de Orlando de
la Rosa, con el que
recorrió los EE.UU.;
después el de Facundo
Rivero, con el que actuó
durante varios años en
México y, finalmente,
las D`Aida, a partir de
1952.
“Con Aida (Aida Diestro)
—diría la propia Elena—
pude integrarme
musicalmente a lo que yo
sentía, porque tenía una
visión muy rica de lo
moderno y de la
armonía.”
Con las D` Aida
—cuarteto integrado
también por las
Portuondo (Omara y
Haydée) y por Moraima
Secada—, Elena realiza
giras internacionales y
su carisma y voz se
hacen muy conocidas.
Para ella, formar parte
de un cuarteto como este
fue una experiencia
importante en su
carrera.
Ya como solista
consagrada no dudaría en
expresar… “me encanta el
trabajo de voces, de
armonía, y si me
propusieran en este
momento formar parte de
un cuarteto, de otro
grupo, diría que sí”
Su voz especial, de
registro amplio y rico
timbre, fue aplaudida en
medio mundo. “Como gran
artista —apuntaba Sahily
Tabares— Elena rechazaba
repetirse, caer en
rutina, aunque siempre
volviera a temas
imprescindibles en su
repertorio: ‘Duende’,
‘Añorado encuentro’,
‘Aquí, de pie’, ‘Tú no
hagas caso’, ‘De mis
recuerdos’, ‘Ya lo sé’
(…) por supuesto que
nunca dejaremos de
escucharte entre Omara y
la Mora, en ‘Amigas’,
jugueteando
seriamente con la
melodía”.
Elena Burke murió en La
Habana, el 9 de junio de
2002, y dejó una huella
valiosa en el panorama
musical nacional. Al
decir del musicólogo
Odilio Urfé “representa
el caso de intérprete
vocal que después de
cultivar con éxito
singular todas las
expresiones genéricas de
nuestra música popular
se afianza en el caudal
de la canción moderna
cubana, dominando un
vasto repertorio que
comprende las tres
últimas décadas, hasta
escalar la cima de la
interpretación más
decantada con ese estilo
tan íntimo como profundo
del cancionero criollo”.
Cuando en una ocasión se
le preguntó a la Señora
Sentimiento cuál era su
bolero preferido,
respondió: “son tantos…
tantos. Cada momento de
la vida merece un
bolero. Selecciono el
que me hace vibrar. Lo
más importante es el que
salga del corazón”. |