|
La primera vez que
Pancho Amat escuchó una
grabación de Arsenio
Rodríguez fue en 1978,
varios años después de
la muerte en Los
Ángeles, EE.UU., del
“Ciego Maravilloso”.
Mucho le habían hablado
de la sonoridad peculiar
del tresero cubano
radicado en la tierra
del jazz desde la década
de los 50 del siglo XX, cuyos sones y
boleros han formado
parte del repertorio de
casi todas las orquestas
cubanas.
Sin embargo, fue en
aquel viaje de Manguaré
a Nueva York, con motivo
del homenaje al cantante
Paul Robinson, que Amat
llegó a una pequeña
tienda de discos de
música latina, ubicada
en 5ta. y 42, en el
segundo nivel del metro,
y compró cinco acetatos
del conjunto de Arsenio
Rodríguez. Así pudo
advertir con sus propios
oídos la legendaria
maestría del compositor
de populares canciones
como “El reloj de
Pastora” y “La yuca de
Catalina”.
La admiración fue
ganando razones a través
de los años, de ahí que
Pancho, el
Premio
Nacional de Música 2010
y uno de los mejores treseros cubanos,
estuviera entre los
protagonistas del
homenaje dedicado al
músico este agosto en su
natal Güira de Macurije,
Matanzas, como parte de
las celebraciones en
Cuba de su centenario.
“A Arsenio me lo conozco
de memoria”, me dijo
poco antes de iniciar
nuestro diálogo, en el
mismo local donde el
Cabildo de Son había
estado ensayando con
vistas a su próxima
peña. Nunca se
conocieron, pero la
seguridad de la frase
resultaba evidencia de
continuidad, lo mismo
que la fehaciente
convicción de llevar al
maestro al lugar que le
corresponde dentro de la
cultura nacional.
Nacido el 30 de agosto
de 1911, Ignacio de
Loyola Rodríguez Scull,
nombre real de Arsenio,
se convirtió en uno de
los más importantes
músicos cubanos de todos
los tiempos. Tanto como
instrumentista —tocaba
percusión y tres—, como
compositor y como
director de orquesta,
marcó la manera de
comprender la música en
la Isla.
|

Tres
perteneciente a
Arsenio
Rodríguez |
“Él tuvo que crecerse
ante tres limitaciones:
ser campesino, ciego y
negro. En aquel tiempo
había que venir a
estudiar música a La
Habana y la
discriminación racial
era muy grande; pero a
fuerza de tenacidad y
talento se impuso como
músico, marcó un estilo
y legó un saber vital
para todos los que
después hemos querido
trabajar el son”,
considera Amat.
¿Cuáles son los aportes
de Arsenio a nuestra
música?
Si analizamos el
repertorio de los
músicos cubanos, desde
los contemporáneos con
Arsenio hasta los de
nuestros días, casi
todos tenemos algo suyo
en nuestro repertorio.
Como compositor, nos
dejó una huella
importante no solo
dentro del mundo de la
música bailable o con
antecedentes
afrocubanos, sino en el
bolero. Si comparas “La
vida es un sueño” con
“El guayo de Catalina”,
no entiendes cómo se
pueden reflejar estados
de ánimo diferentes de
manera tan precisa y
talentosa. Arsenio
llevaba la gracia, la
alegría, la jocosidad,
el gracejo popular y
además componía
canciones con elementos
patrióticos.
Por otra parte, la
introducción de las
tumbadoras, el piano y
varias trompetas, le dio
el sello a su conjunto y
marcó uno de sus
principales aportes
musicales. Él fue
cocinando un ajiaco que
otros dejaron a medias.
Había agrupaciones que
incorporaron el piano,
otras incluyeron dos
trompetas y otras las
tumbadoras; pero él los unió
todos y creó un conjunto
orquestal que es el
embrión de las orquestas
de baile en la
actualidad.
Se comenta de su
influencia en el mambo,
creado por
Pérez Prado.
Sin haber existido
Arsenio hubiera sido más
difícil encontrar la
resultante final del
mambo. Estamos hablando
de un hombre que desde
los años 40 empezó a
hacer música para el
futuro.
Luego, no bastando la
huella que dejó en su
país, cuando emigra a
EE.UU. empieza a
divulgar por la
comunidad latina toda
esta sonoridad. El hecho
de que Arsenio viviera
en Nueva York sirvió
para que la música
cubana llegara hasta
allí y rebotara a todas
partes. Por eso lo
consideran padre de la
salsa.
¿Y qué resultó de su
interacción con el
contexto musical
norteamericano?
Cuando él se empezó a
acercar a los músicos
neoyorkinos, su manera
de tocar el tres cambió
un poco. Fue
alimentándose de la
relación con otros
colegas. Él estaba en
EE.UU. cuando la banda
de Machito, con Mario
Bauzá, inicia el
latin jazz. Entre
todos ellos había
relación y no hay lugar
a duda de que Arsenio se
alimentó de ese ambiente, y viceversa.
¿Qué lo distinguía como
instrumentista?
Si por algo los músicos
respetaban a Arsenio era
por el tema rítmico.
Cuando
se trata de un
tresero, hay que
remitirse de alguna
manera a su forma de
tocar. Hay quien dice
que en su época algunos
tocaban mejor; pero
tengamos en cuenta que
un hombre en sus
condiciones se echó
sobre los hombros la
dirección de un
conjunto, lo cual
implica la composición
de temas, los arreglos
musicales, etc., todas
tareas que demandan
tiempo y hacen más
difícil el estudio del
instrumento. Pero,
rítmicamente, no he oído
a nadie más poderoso que
él.
Él tenía fama de ser un
hombre explosivo y no lo
dudo, porque su música
era explosiva. Cuando
monto un son al estilo
de Arsenio uso un
término que no tiene
nada que ver con lo
musical, pero que los
músicos entienden.
Cuando quiero energía,
les digo: toquen guapo,
como Arsenio, y ellos
saben a lo que me
refiero.
A los 14 años me marcó
una canción suya, “Lo
dicen todas”, que tocó
en la Casa de la Cultura
de mi barrio un septeto
liderado por Rodolfo
Oviedo, tresero y
cantante. Me quedé
pensando en el tema
porque tiene cierta
complejidad con la
clave. Tiempo después,
Miguelito Cuní
me aclaró
que Arsenio hacía
canciones para las dos
claves. Le pregunté que
por qué y él me
respondió, “Pa´ joder,
nada más”.
El más reciente
Cubadisco celebró una
competencia de treseros
en la que se evidenció
la calidad de estos
instrumentistas en Cuba.
¿Tiene que ver con el
desarrollo de una
escuela del tres?
Cuando empecé a tocar,
había pocos treseros
grandes: el
Niño Rivera,
Isaac Oviedo, me
hablaban de Arsenio, de
Luis Lija, Neneíto,
Rodolfo Oviedo, y otros
en Guantánamo y Santiago
de Cuba. Pero ninguno
era de mi generación.
Cuando miraba a los
lados, a nadie le
interesaba ese
instrumento ni había
nadie que tocara bien.
Incluso, algunos que
empezaron a tocar lo
hicieron más por usar el
timbrecito, porque se
pusieron de moda las
canciones típicas.
Ahora es totalmente
diferente. Si contamos
los treseros buenos de
mi generación, te digo
que dentro de los
jóvenes hay diez veces
más. Si un instrumento
tiene salud en Cuba es
el tres.
La aspiración es que la
escuela sea el motor
impulsor de ese
desarrollo, pero en lo
personal no le diera
todo el peso en cuanto
al volumen de treseros
actuales y la calidad
que tienen. Todos los
muchachitos que tocan el
instrumento no
aprendieron allí. Una de
las cosas que se midió
en el concurso CUBADISCO fue la
improvisación, y en la
escuela no se enseña a
improvisar, ni a tocar
el son montuno de esa
manera.
Queremos que los
muchachos ganadores del
concurso hagan un disco
y podamos transcribir su
música para que quede en
formato sonoro e impreso
a los estudiantes.
También estoy grabando
un disco donde hay
muchas improvisaciones y
temas instrumentales con
la intención de llevarlo
para el ISA (Instituto
Superior de Arte) y así
puedan trabajar mejor.
¿Se encasilla el tres en
el son?
Ese fue su punto de
partida, pero ya está
presente en la trova, el
bolero, el latin jazz,
la música de concierto.
El tres ha caminado
mucho. Donde exista un
tresero que toque bien
se puede incorporar a
cualquier música y por
su sonido tan aplatanado
es que cuando llega un
tresero es como poner en
el escenario una bandera
cubana, le da una
autenticidad muy grande
a lo que está pasando.
La sonoridad del tres
marca un color, un
perfume a floresta
criolla, a cuidad,
porque ese instrumento
no solo transmite
ambiente bucólico, sino
el citadino, como sucede
con los sones de
Arsenio.
¿Los cien años del
“Ciego Maravilloso” lo
han puesto donde
merecía?
A nosotros en Cuba nos
ha separado de él la
distancia, porque la
mitad de su vida vivió
en otro país y murió en
EE.UU. en 1970. Ha
habido desde entonces
cuatro décadas de
separación y de
silencio. Por eso me
hace muy feliz que a
cien años estemos
ofreciéndole el lugar
que ocupa en la música
cubana.
Es importante aclarar
que no estamos
rescatando una figura,
porque él está aquí
desde siempre. Arsenio
está vivo entre nosotros
con su obra. Lo único
que nos falta es darle
el crédito, decir que
aquel señor que
cumpliría cien años es
el autor de una parte de
la música que llevan los
cubanos en sus genes.
Hay mucho que hacer para
rescatar lo grande de
los músicos cubanos y lo
que se pueda lograr por
ameritarlos, va a ayudar
a nuestra cultura. El
mirar hacia atrás y
apreciar la estatura de
toda esa gente es
importante sobre todo
para las nuevas
generaciones, que no
conocen lo que fue el
ayer, y pueden así
sentir más ilusión por
hallar su cubanía.
Agradezco a todos los
que se han tomado el
trabajo de divulgar a
Arsenio en el país,
porque honrándolo nos
honramos los cubanos.
Estamos reconociendo a
un hombre que, no
obstante vivir los
últimos 30 años fuera,
siempre estuvo aferrado
a su música, a su tres,
lo que quiere decir que
murió aferrado a su
bandera. Todo lo que se
pueda hacer por traer a
su patria lo que él no
pudo, resulta admirable.
|