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El programa de la visita
a Cuba de la Jazz
Lincoln Center Orchestra
(JLCO), de Nueva York,
que supuso un
reencuentro de grandes
magnitudes entre la
música nacional y la
norteamericana después
de un largo impasse,
no terminó en aquellos
días de octubre pasado.
La agrupación dirigida
por el trompetista
Wynton Marsalis, que
abarrotó los teatros y
acaparó la atención de
los estudiantes de
Música y los colegas de
la Isla, había venido
con el propósito de
acercar definitivamente
dos formas de hacer el
jazz que
crecieron
indisolublemente unidas
por la historia.
“Estamos juntos ahora y
vamos a crear una
cercanía que podrán
después disfrutar
nuestros hijos”, había
expresado el trompetista
norteamericano en sus
primeras declaraciones
en suelo cubano, sin
imaginar aún el rumbo
que aquel encuentro
tomaría después.
La JLCO puso swing a
todas las noches de su
semana en La Habana,
invitó a los escenarios
a artistas cubanos
consagrados como Chucho
Valdés y Bobby
Caracassés y a muchos
jóvenes, recorrió
escuelas de música, vio
actuar a sus alumnos y
finalmente ofreció una
clase magistral en el
Teatro Mella que
concluyó en desfile de
sonidos al estilo de New
Orleans. La schedulle
oficial se cumplió
tal lo previsto; pero
se obviaron los descansos,
durante los cuales los
norteamericanos
estuvieron rodeados de
muchachos que los
hicieron madrugar con
sus instrumentos al
borde del Malecón.
Recuerdo la expresión
emocionada de Marcus
Printup cuando decía que
en su trabajo con la
JLCO por 20 años, nunca
un intercambio de este
tipo le había sacado las
lágrimas; y a Mr.
Marsalis, diciendo que
después de ver actuar a
los niños cubanos,
sentía el deseo de
abrazarlos a todos.
De vuelta a Nueva York,
los músicos
norteamericanos
planificaron sin perder
tiempo un nuevo
intercambio con Cuba.
Horns to Havana (H to H
o Metales para La
Habana), con el tutelaje
de la JLCO y los amigos
que se fueron sumando
poco a poco, se
convertiría en una
organización cultural
para el intercambio con
la Isla, fundada en el
propósito de “cooperar
con instrumentos y traer
el espíritu del jazz
a las escuelas cubanas”.
Menos de un año después,
H to H llegó a Cuba con
un grupo de músicos, un
equipo de técnicos y
lutieres y un avión
cargado de instrumentos
musicales conseguidos a
través de donaciones.
De regreso en el
Conservatorio Guillermo
Tomás de Guanabacoa, el
trombonista Vincent
Gardner relató
brevemente el origen del
proyecto: “Nos dimos
cuenta de que los
estudiantes y profesores
de acá necesitaban ser
ayudados con
instrumentos para tocar.
Después de que salimos
de Cuba nos pusimos a
pensar qué hacer, cómo
contribuir al trabajo de
las escuelas. Todo el
año estuvimos reparando
el proyecto al que se
sumaron muchos amantes
de la música.
Contactamos a algunas
compañías que donaron
instrumentos y ahora
estamos aquí felices de
poder regalarlos a los
estudiantes cubanos”.
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Para facilitar el
intercambio, el comité
Horns to Havana trabaja
con el Centro de
Estudios Cubanos de
Nueva York y ha creado
una red de
colaboradores, cuyas
contribuciones se fueron
registrando con fotos y
detalles, durante estos
meses, en el sitio
oficial del proyecto (www.hornstohavana.org)
y en sus cuentas en las
redes sociales. Entre
las principales figuras
e instituciones que se
sumaron a la iniciativa
aparecen los nombres de
Susan Sillins, Les
Silver por RS Berkeley
Musical Instrument, el
Sheldon Concert Hall de
Saint Louis y PlazaCUBA,
la cual, junto con los
contribuyentes anónimos,
aportó alrededor de
75 mil USD.
Los músicos
norteamericanos, que han
viajado el mundo entero
con la JLCO pudieron
haber seleccionado otro
destino para contribuir
al desarrollo de la
música. Sin embargo, el
bajista, director
artístico de la orquesta
neoyorkina y líder del H
to H, Carlos Henríquez,
comentó a La
Jiribilla: “Para la
clase de música que
tocamos nosotros, Cuba
es como la hermana. La
música latina y las
islas del Caribe hispano
son tan cercanas al
jazz, que no
importaban escollos y
restricciones por las
relaciones entre
nuestros países.
Teniendo en cuenta las
tensiones políticas,
seguimos las leyes e
hicimos todo según se
debe para lograr el
viaje y poder estar
aquí. Hasta ahora todos
estamos muy contentos, y
el gobierno nos ha
apoyado
afortunadamente”. Todas
las licencias para el
viaje fueron aprobadas
por el gobierno
norteamericano, que,
según los gestores de H
to H, ha quedado
sensibilizado con un
intercambio cultural
entre dos comunidades
jazzísticas altamente
marcadas por sus raíces
africanas y europeas.
Vincent Gardner respalda
la idea al afirmar que la
comunicación musical
entre su país y la Isla
es muy necesaria: “La
música cubana tiene una
calidad excepcional y
muchos puntos en común
con la música
norteamericana. Nuestro
viaje con el Lincoln
Center sirvió para que
el grupo reconociera la
permanencia de una larga
tradición dentro de la
música en Cuba, que como
en EE.UU., forma parte
imprescindible de la
cultura. En 2010 vimos
que los artistas tienen
muchos deseos de tocar,
y cuánto han enriquecido
la tradición musical”.
Al término de un día
entero en el
Conservatorio de
Guanabacoa, como uno de
los primeros pasos
dentro de la agenda del
H to H en Cuba, Gardner
reconoció que “los
estudiantes siguen
trabajando con calidad,
siguen tocando muy bien
y demostrando el talento
que existe en este país.
Nos sentimos como en
casa, porque estamos
rodeados de personas
motivadas por el deseo
de tocar música. Hacer
música es la razón por
la que nosotros vivimos,
y cuando vemos a los
jóvenes con deseos de
hacer lo mismo, se
convierte en algo muy
valioso para nosotros”.
La agrupación que
impartió las sesiones
individuales a los
estudiantes por
instrumento, coordinó
talleres y ofreció
clases abiertas, estuvo
integrada por Henríquez,
Gardener,
Erica A. Von Kleist, Ali
Jackson, Robert
Rodríguez, Michael Jesús
Rodríguez y el
saxofonista Victor
Goines. Este último, a
quien el bajista
Henríquez admiró desde
niño por ser uno de los
más destacados
intérpretes del jazz
en Nueva York y promotor
de programas
educacionales, ha sido
también uno de los
principales defensores
de H to H. Después de
ser recibidos en las
escuelas y compartir
nuevamente con los
alumnos, Goines expresó
para La Jiribilla:
“Estamos
extremadamente felices y
eufóricos al ver este
sueño convertido en
realidad. Nos hemos
comprometido con que
esto sea solo el
comienzo”. Al decir de
Henríquez, “a un
instructor o a un
artista se le hace fácil
hablarles de música a
los estudiantes, porque
ya ellos tienen el
conocimiento básico,
tienen oído. Desde la
visita pasada solamente
lo que hemos hecho es
hablarles en otro
lenguaje dentro del
jazz, para que conozcan
a fondo su variante
norteamericana”.
Una de las
contribuciones más
significativas de la
visita fue la
incorporación de los
lutieres
Brian Elliot Katz, David
R Gage, Kevin Scott
Gillins y Jeffrey Edwin
Bollbach, quienes
montaron un taller
provisional en la
Escuela Nacional de Arte
(ENA) para reparar los
instrumentos de los
estudiantes. De la labor
de estos técnicos que se
involucraron en el viaje
a Cuba por su amistad
con los músicos, Goines
apunta: “Los
artistas podemos tocar
tan bien como nos lo
permiten nuestros
instrumentos; no importa
cuánto yo puedo tocar,
si mi saxo tiene un
problema. Entonces, los
reparadores de
instrumentos, aunque
están siempre detrás de
la escena, son una parte
muy importante de lo que
hacemos. Ellos son un
elemento clave en lo que
está sucediendo con H to
H, son como el motor de
un auto reluciente: está
bien que luzca hermoso,
pero tiene que poder
subir las colinas. Los
lutieres y técnicos son
los que, como en el
ejemplo del automóvil,
permiten avanzar nuestro
arte”. Mientras los
músicos recorrían la
escuela de Guanabacoa,
el Conservatorio Amadeo
Roldán, el
Complejo Cultural
Residencial de
Estudiantes, la academia
elemental de música
Manuel Saumell y la ENA,
los lutieres trabajaron
minuciosamente en su
taller improvisado, para
donar sus herramientas a
las escuelas al final de
la visita.
H to H ganó popularidad
a partir de una frase en
su convocatoria: “Las
escuelas cubanas están
llenas de talento, pero
en la Isla no alcanzan
los instrumentos para
estudiar. Queremos
ayudar a que estos niños
aprendan”. A partir de
esta voluntad, Carlos
Henríquez asegura la
continuidad del
intercambio: “Somos
personas que amamos el
jazz y queremos a
Cuba desde el punto de
vista humano. Por eso
estamos aquí y, como
dije la primera vez,
tenemos que seguir el
intercambio, el puente,
porque sin este país y
sin el jazz
afrocubano se muere la
música. El elemento
cubano del jazz
se usó muchos años en
los EE.UU. con figuras
como Chano Pozo, Mario
Bauzá, Dizzy Gillespie y
Chicho O´Farril, y sin
él, nuestro jazz
no pudiera haber llegado
hasta donde está hoy.
Este es un tema serio en
el que tenemos que estar
de acuerdo cubanos y
norteamericanos”.
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