La Habana. Año X.
10 al 16 de SEPTIEMBRE de 2011

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El sueño del son
Bladimir Zamora • La Habana

De modo general los genios están rodeados de leyendas. Arsenio Rodríguez tiene las suyas. Recuerdo que a inicios de la última década del siglo pasado, convocado por el músico español Santiago Auserón, me vi involucrado en una serie de antologías de soneros cubanos, para la colección Semilla del Son.

Uno de los volúmenes estaba consagrado a él y me ocupé de hacer la nota de presentación. Buscando información advertí en diversas partes que no coincidían en su nombre y tampoco en la fecha de nacimiento y muerte, ni en el lugar donde sucedió esta última. Lo que sí pude precisar, gracias a unos jóvenes que estaban estudiando su trayectoria, es que está inscripto en Güines y no en Güira de Macurijes, pueblo matancero donde se sabe que se produjo su nacimiento. Otro tanto sucede con su falta de visión. Están quienes afirman que fue una limitación de nacimiento y la mayoría afirma que fue motivada por la fuerte patada en la cabeza de una bestia, cuando era muy niño. Estos detalles, sin embargo, no son lo más importante de su existencia. Por ello me parece conveniente aceptar que nació el 31 de agosto de 1911 y murió en Los Ángeles —en EE.UU.—, el 31 de diciembre de 1971. Así se consigna en el Diccionario Enciclopédico de la Música Cubana de Radamés Giro. Allí también aparecen sus señas como Ignacio Arsenio Travieso Scull.

Lo trascendente es que la primera música que llegó a sus oídos provenía de los tambores yuca de ascendencia conga y que muy temprano, escuchando a sus mayores, aprendió a tocar el tres y muy pronto se convirtió en un diestro del instrumento, a partir de lo cual fue bautizado como “El Cieguito Maravilloso”.

Después de sus años en Güines, en la década del 30 se establece en La Habana. Ya en 1936 ingresa en el Septeto Boston y dos años después funda el Septeto Bellamar, donde Arsenio comienza a materializar inquietudes suyas alrededor de la creación del son, que pueden considerarse como génesis del conjunto que fundara en 1938, en el cual aumenta la cantidad de trompetas e introduce la tumbadora. Si bien no fue él quien  primero  introdujo en una agrupación estos instrumentos, no hay dudas de que le sacó un provecho singular al contrapuntearlos con su tres. Al igual que habían logrado otros grandes músicos nuestros, como Matamoros e Ignacio Piñeiro, él compone un repertorio propio, rico en variedad de géneros. 

En 1940 funda el conjunto que lleva su nombre, como coronación de su manera de hacer el son. Su trabajo es una de las pautas más significativas para la formación de otros muchos conjuntos. Esto es sin duda una de sus fecundas contribuciones, como los había sido su aporte a la perfil acción del mambo, con aquellas piezas que Arsenio catalogo como “diablos”.

Se estableció en EE.UU.  y después de una primera etapa donde todavía alcanzó a grabar álbumes de semejante energía que los registrados en Cuba, se debe admitir la poca brillantez de sus últimas composiciones y actuaciones. Nada de ello empaña su contribución de gran altura a la música de raigambre latina. Téngase en cuenta que los pioneros de “la salsa” neoyorquina le rindieron visible tributo y en Cuba creadores como Adalberto Álvarez le han tomado como muy buen alimento para su trabajo.  Verse reflejado en ellos pudo ser el mayor sueño del autor del bolero “Vive el recuerdo” y el son “El reloj de Pastora”.

 
 
 
 


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Arsenio Rodríguez
(1911–1970)

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.