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II Taller
de Producción y Gestión Cultural |
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Silverio y
Nisia, la gestión cultural como elección
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La Ventana |
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Aun cuando la primera
jornada del II Taller de
Producción y Gestión
Cultural, que sesiona en
la Casa desde este
miércoles 14 de
septiembre, estuvo
pensada para exponer
experiencias concretas y
su inserción en las
comunidades, las últimas
horas de la tarde
constituyeron una
antesala de lujo a los
debates que tendrán
lugar el jueves: los
testimonios de dos
animadores culturales
paradigmáticos en el
contexto cubano ―Ramón
Silverio y Nisia
Agüero― pusieron desde
hoy sobre el tapete el
carácter vocacional y
espontáneo que
identifica a los
auténticos gestores.
La experiencia de
Silverio como fundador y
alma del proyecto
cultural
El Mejunje, en la
ciudad de Santa Clara,
motivó entre los
participantes y el
propio gestor una
complicidad singular.
Sus más de 28 años
animando un espacio de
inclusión social y
cultural sin precedentes
(ni continuidades de la
misma estirpe) han
convertido a este hombre
de teatro en una
leyenda.
Cuando en 1984 se lanzó
a “tapar los parches” de
una ciudad carente de
espacios de
socialización más
plurales y sistemáticos,
la voluntad de Silverio
hubo de sortear una
fuerte
institucionalización y
planificación de la
gestión cultural en
Cuba. Especialmente, en
una pequeña urbe sin
puertos, a casi 300 Km.
de La Habana.
Como él mismo reconoce
al cabo de los años, el
diálogo con “dirigentes
políticos con mirada de
futuro”, la complicidad
con sectores sociales
antes excluidos,
artistas necesitados de
proyectos donde insertar
y compartir sus
creaciones, junto con la
propia espiritualidad
santaclareña ―reconocida
históricamente como uno
de los grandes centros
culturales de la Isla―,
le motivaron a continuar
la herejía Mejunje. Hoy,
un espacio que involucra
y define ―a diferencia
de otras experiencias― a
una comunidad mayor que
los propios límites de
la ciudad.
Silverio optó esta vez
por acompañar sus
palabras de un video
sencillo, como todo lo
que de allí proviene.
Los participantes en el
Taller asistieron así a
los días dedicados a
“cuando éramos chamas”,
a los domingos
infantiles, a las noches
de boleros, a “los
viernes de la buena
suerte”, a los
travestismos sabatinos,
a los jueves de
“trovuntivitis”, a los
días de rock.
Especialmente atractivo
resultó para quienes no
conocen El Mejunje la
confluencia de unos 700
jóvenes alrededor de Los
Fakires, un pequeño
conjunto de música
tradicional cubana,
cuyos miembros superan
los 70 años. Cada
viernes, cuando cierran
las notas, todo ese
público se toma de las
manos y recibe la
madrugada con una gran
ronda.
“El Mejunje es un ensayo
de la sociedad del
futuro. Así la veo: una
sociedad donde no se
discrimina a nadie ni se
le niega la entrada por
cuestiones raciales, por
preferencias sexuales o
por carencias
económicas”, dijo. Ante
las preguntas de los
gestores y productores
que le escuchaban,
Silverio explicó las
estrategias que durante
años le han servido para
sostener un proyecto
semejante, que cada mes
atrae a sus predios a
artistas escénicos,
músicos, pintores.
Un “mejunje” entre el
financiamiento estatal y
los cobros de las
entradas ―simbólicos,
como pueden ser dos
pesos en moneda
nacional―, no implica
holgura de ningún tipo
para sostener una
programación cultural
durante los siete días
de la semana; pero
alcanzan, cuando se
domina ese arte que
también es la
producción. “Ese espacio
es el único que no
cerrará nunca en Santa
Clara ―garantizó―. Si un
día nos quedamos sin
recursos, los artistas
actuarán sin cobrar,
porque el grado de
identificación con El
Mejunje es inmenso. Y el
público estará ahí
siempre, como cada día,
aunque llueva a
cántaros”.
Si la jornada del jueves
abre con un debate sobre
el perfil del gestor en
nuestros días, el
intercambio de esta
tarde con Silverio habrá
aportado la sazón y el
mejor punto de partida:
“Es un trabajo que solo
se hace por amor, no
existe otra forma de
sostener esa dinámica.
Las personas me
preguntan cómo he podido
permanecer en El Mejunje
durante casi 30 años,
pero sucede es que soy
yo quien le agradece a
este trabajo lo que ha
sido mi vida. La clave
está en la obra
colectiva; en creer, por
alocada que parezca una
idea; y en correr
riesgos, porque de eso
se trata”.
La descripción de
Silverio parece haber
sido hecha, también,
para Nisia Agüero. En el
prólogo al libro que se
presentó esta tarde como
cierre de la primera
jornada del Taller,
Sencillamente, Nisia,
la escritora Nancy
Morejón recordó:
“Conocida entre varias
generaciones como la
Patrona de los Artistas
Alguna vez Desamparados,
Nisia estuvo a favor de
las causas más nobles
que la Revolución del 59
trajo a cada hogar”.
El volumen, a cargo de
la Editorial Extramuros
(2009), recoge el
testimonio de nuestra
gestora cultural por
excelencia. De la mano
de Heriberto Feraudy, el
texto devela algunas de
las claves que
aseguraron la certeza de
su trabajo; durante su
intervención, Nancy
incorporó otras: se
trata de una mujer que
supo siempre palpar las
necesidades del arte y
ponerlas a dialogar con
las necesidades de la
comunidad. Maestra de
las relaciones humanas y
portadora de una
sensibilidad exquisita,
Nisia Agüero constituye
un paradigma de la
animación cultural en
Cuba.
Desde las dos de la
tarde y hasta pasadas
las cinco, la jornada
del jueves se animará
con los debates acerca
de las nuevas tendencias
en la gestión cultural,
el uso de las nuevas
tecnologías de la
información y las
comunicaciones en esta
actividad, y los
avatares de la gestión
de recursos en la
organización de
proyectos culturales.
Tendrá lugar también la
intervención especial de
Catherine Murphy, quien
compartirá con los
participantes del Taller
su experiencia de
gestión en el
intercambio cultural
Cuba-Estados Unidos.
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