La Habana. Año X.
10 al 16 de SEPTIEMBRE de 2011

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II Taller de Producción y Gestión Cultural

Silverio y Nisia, la gestión cultural como elección de vida

La Ventana

Aun cuando la primera jornada del II Taller de Producción y Gestión Cultural, que sesiona en la Casa desde este miércoles 14 de septiembre, estuvo pensada para exponer experiencias concretas y su inserción en las comunidades, las últimas horas de la tarde constituyeron una antesala de lujo a los debates que tendrán lugar el jueves: los testimonios de dos animadores culturales paradigmáticos en el contexto cubano ―Ramón Silverio y Nisia Agüero― pusieron desde hoy sobre el tapete el carácter vocacional y espontáneo que identifica a los auténticos gestores.

La experiencia de Silverio como fundador y alma del proyecto cultural El Mejunje, en la ciudad de Santa Clara, motivó entre los participantes y el propio gestor una complicidad singular. Sus más de 28 años animando un espacio de inclusión social y cultural sin precedentes (ni continuidades de la misma estirpe) han convertido a este hombre de teatro en una leyenda.

Cuando en 1984 se lanzó a “tapar los parches” de una ciudad carente de espacios de socialización más plurales y sistemáticos, la voluntad de Silverio hubo de sortear una fuerte institucionalización y planificación de la gestión cultural en Cuba. Especialmente, en una pequeña urbe sin puertos, a casi 300 Km. de La Habana.

Como él mismo reconoce al cabo de los años, el diálogo con “dirigentes políticos con mirada de futuro”, la complicidad con sectores sociales antes excluidos, artistas necesitados de proyectos donde insertar y compartir sus creaciones, junto con la propia espiritualidad santaclareña ―reconocida históricamente como uno de los grandes centros culturales de la Isla―, le motivaron a continuar la herejía Mejunje. Hoy, un espacio que involucra y define ―a diferencia de otras experiencias― a una comunidad mayor que los propios límites de la ciudad.

Silverio optó esta vez por acompañar sus palabras de un video sencillo, como todo lo que de allí proviene. Los participantes en el Taller asistieron así a los días dedicados a “cuando éramos chamas”, a los domingos infantiles, a las noches de boleros, a “los viernes de la buena suerte”, a los travestismos sabatinos, a los jueves de “trovuntivitis”, a los días de rock.

Especialmente atractivo resultó para quienes no conocen El Mejunje la confluencia de unos 700 jóvenes alrededor de Los Fakires, un pequeño conjunto de música tradicional cubana, cuyos miembros superan los 70 años. Cada viernes, cuando cierran las notas, todo ese público se toma de las manos y recibe la madrugada con una gran ronda.

“El Mejunje es un ensayo de la sociedad del futuro. Así la veo: una sociedad donde no se discrimina a nadie ni se le niega la entrada por cuestiones raciales, por preferencias sexuales o por carencias económicas”, dijo. Ante las preguntas de los gestores y productores que le escuchaban, Silverio explicó las estrategias que durante años le han servido para sostener un proyecto semejante, que cada mes atrae a sus predios a artistas escénicos, músicos, pintores.

Un “mejunje” entre el financiamiento estatal y los cobros de las entradas ―simbólicos, como pueden ser dos pesos en moneda nacional―, no implica holgura de ningún tipo para sostener una programación cultural durante los siete días de la semana; pero alcanzan, cuando se domina ese arte que también es la producción. “Ese espacio es el único que no cerrará nunca en Santa Clara ―garantizó―. Si un día nos quedamos sin recursos, los artistas actuarán sin cobrar, porque el grado de identificación con El Mejunje es inmenso. Y el público estará ahí siempre, como cada día, aunque llueva a cántaros”.

Si la jornada del jueves abre con un debate sobre el perfil del gestor en nuestros días, el intercambio de esta tarde con Silverio habrá aportado la sazón y el mejor punto de partida: “Es un trabajo que solo se hace por amor, no existe otra forma de sostener esa dinámica. Las personas me preguntan cómo he podido permanecer en El Mejunje durante casi 30 años, pero sucede es que soy yo quien le agradece a este trabajo lo que ha sido mi vida. La clave está en la obra colectiva; en creer, por alocada que parezca una idea; y en correr riesgos, porque de eso se trata”.

La descripción de Silverio parece haber sido hecha, también, para Nisia Agüero. En el prólogo al libro que se presentó esta tarde como cierre de la primera jornada del Taller, Sencillamente, Nisia, la escritora Nancy Morejón recordó: “Conocida entre varias generaciones como la Patrona de los Artistas Alguna vez Desamparados, Nisia estuvo a favor de las causas más nobles que la Revolución del 59 trajo a cada hogar”.

El volumen, a cargo de la Editorial Extramuros (2009), recoge el testimonio de nuestra gestora cultural por excelencia. De la mano de Heriberto Feraudy, el texto devela algunas de las claves que aseguraron la certeza de su trabajo; durante su intervención, Nancy incorporó otras: se trata de una mujer que supo siempre palpar las necesidades del arte y ponerlas a dialogar con las necesidades de la comunidad. Maestra de las relaciones humanas y portadora de una sensibilidad exquisita, Nisia Agüero constituye un paradigma de la animación cultural en Cuba.

Desde las dos de la tarde y hasta pasadas las cinco, la jornada del jueves se animará con los debates acerca de las nuevas tendencias en la gestión cultural, el uso de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones en esta actividad, y los avatares de la gestión de recursos en la organización de proyectos culturales.

Tendrá lugar también la intervención especial de Catherine Murphy, quien compartirá con los participantes del Taller su experiencia de gestión en el intercambio cultural Cuba-Estados Unidos.
 
 
 
 
   
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.