La Habana. Año X.
17 al 23 de SEPTIEMBRE de 2011

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Historias desde la televisión

Daniel Diez: amante de las serranías

Paquita Armas • La Habana

Inquieto y audaz, hombre que dice lo que piensa mirando a los ojos, Daniel Diez tiene una vasta obra como documentalista, pero acumula dos experiencias singulares de dirección: fundar y dirigir la televisión serrana y ser vicepresidente para el área creativa del ICRT. En ambos casos el funcionario siempre fue artista, por eso, de las épocas en las que dirigió se recuerdan tantos y buenos programas de numerosos autores que pudieron desplegar su fantasía con la comprensión de Daniel.

¿Jugabas de niño a inventar melodías? ¿Estudiaste música? ¿Qué hacías por esos años?

Recuerdo que un día les pedí a mis padres que me compraran una trompeta, porque era un instrumento que me gustaba mucho, pero no había suficiente dinero para invertir en algo que nadie pensaba que era necesario, así que me conformé con una filarmónica. Después participé en actividades culturales danzando y cantado y estuve en coros de diferentes escuelas. Incluso, años más tarde fui parte de un trío de voces y miembro de un grupo de Mozambique, tocando el cencerro, cuando estudiaba electrónica como becado en la Escuela Técnica de Comunicaciones Osvaldo Herrera.

Un momento importantísimo para mi formación fue la cantidad de grabaciones que en esa época realizaba el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC en las que yo participaba junto a Gerónimo Labrada que era el sonidista oficial y profesor del Grupo.

La relación musical con ellos, junto con Leo Brower y todos los músicos  que lo integraban (Silvio, Pablo, Noel, Leonardo Acosta, Sergio Vitier, etc.) me ayudó a tener una mayor comprensión de lo que significaba la creación musical y la importancia de la música dentro del cine. Agrego mi trabajo como sonidista y musicalizador del Noticiero ICAIC.

Fuiste sonidista de Santiago Álvarez ¿cómo se le hizo la banda sonora al primer trasplante cardiaco?

El sudafricano Dr. Christian Barnard fue el primero en realizar un trasplante de corazón y esas imágenes llegaron al Noticiero ICAIC a través del servicio de la agencia de noticias Reuters que tenía un convenio que consistía en enviar determinadas informaciones en imágenes de cine (celuloide), sin sonido y que llegaba con una semana de diferencia al hecho acontecido, por lo que la noticia ya se había dado a conocer por todos los órganos noticiosos del país.

De todas formas, eran imágenes que no se habían visto y se decidió incorporarlas al noticiero. El problema empezó cuando Santiago pidió como banda sonora exclusivamente el latido de un corazón.

Fuimos al archivo a buscar entre los discos de 78 RPM (revoluciones por minuto) el sonido del corazón, pero el scrach (un ruido muy fuerte que aparecía en este tipo de registro provocado por el tiempo) no permitía utilizarlo, entonces Santiago pidió que fuéramos al Instituto de Radio y Televisión y buscáramos allí, lo que también fue infructuoso. Llamamos a un efectista y ninguno de los artilugios utilizados lo convencía. Tratamos de grabar directo un corazón con un micrófono y nada. Ya eran la cinco de la madrugada y llevábamos casi 24 horas realizando ese noticiero y estábamos que lo mismo nos daba un corazón que el sonido de un avión, pero él era intransigente con el sonido que quería.

De pronto se empezó a sentir en el estudio un sonido que parecía un corazón y Santiago dijo: “ese es el sonido de corazón que quiero, quién lo está haciendo”; todos nos miramos, pues no sabíamos qué era aquello.

Comenzamos a buscar y era que en ese tiempo los tocadiscos profesionales no funcionaban automáticamente y se colocaba el brazo con la aguja reproductora con la mano y se retiraba de igual forma y como no se había quitado el brazo en la prueba anterior este había quedado brincando en los surcos del disco que están al final. Alguien había abierto sin querer el canal de la consola de audio donde estaba conectado el tocadiscos y ese fue el sonido que se montó como banda sonora del primer trasplante de corazón en el Noticiero ICAIC. Son cosas del cine.  

¿Cuándo comienza tu vínculo con la televisión?

Desde el mismo Noticiero ICAIC, pues participábamos juntos en varias actividades donde siempre tomábamos las señales de audio o emplazábamos las cámaras una al lado de la otra. Así conocí a directores, camarógrafos, sonidistas y miembros del staff de trabajo de la TV.

Años después, en 1981, me propusieron trabajar en la Revista de la mañana como jefe de información, periodista y documentalista. En realidad me entusiasmaba la idea aunque no estaba muy decidido, pero un día editando un noticiero vi por la televisión la noticia sobre el atentado al Presidente de Egipto, hecho que había ocurrido hacía unas pocas horas, pero como ya funcionaba el video tape llegó rapidísimo la información.

Al otro día hablé con Santiago Álvarez y le pedí permiso para trabajar en la televisión, pues la nueva tecnología permitía hacer el periodismo mucho más rápido y con gran calidad, como él siempre había soñado. Santiago lo pensó mucho, pero le recordé que él decía que quería tener una cámara en cada ojo y un micrófono en cada oído para grabar instantáneamente los sucesos y que yo tenía esa oportunidad ahora. Lo pensó y me dio su visto bueno. Así empecé a trabajar en la Revista de la Mañana de la Televisión cubana. Después me formé como director de programas.

¿Por qué tu interés por reflejar las minorías?

Es algo que está dentro de mí y resulta muy difícil de explicar. Primero está la formación que me dieron mis padres y los años en que pertenecí a la Iglesia Bautista donde estudiaba la Biblia con un grupo de jovencitos que se llamaba Los Heraldos del Rey y que me hicieron comprender los valores espirituales de la gente humilde. Después llega el triunfo de la Revolución Cubana que enarbolaba esos valores como premisa indispensable de todo revolucionario y por ahí están, creo yo, los inicios de estas ideas. 

¿Cómo llegaste a concebir la Televisión serrana?

Fui alfabetizador Conrado Benítez en las montañas de la Sierra Maestra y me marcó para siempre. Ver de cerca sus vidas y convivir con sus alegrías y penurias ha sido imposible quitármelo de la mente. Incluso, gracias a esto no solo pienso en los campesinos de la Sierra, sino que me han ayudado en mi trabajo de compenetración con el mundo indígena de Latinoamérica y el mundo al que llevo años entregándome.

Debo agregar la posibilidad que me daba para poder experimentar nuevas formas de hacer televisión apartándome de los cánones establecidos y de la inmensa cantidad de personas que parece que trabajan y realmente solo viven de los programas que hacen los  realizadores. Era también tener una mirada del país desde una comunidad serrana y por tanto aislada. Era, en fin, la posibilidad de demostrarles a esos serranos la importancia de sus vidas y su entrega al trabajo, y mostrar los elementos culturales que poseen esas zonas del país haciendo comprender al resto de la nación que esas tradiciones y mitos que conforman parte de la nacionalidad cubana no deben dejarse de tener en cuenta. Por supuesto está Martí y su obra, en especial “Maestros Ambulantes”. La televisión serrana siempre la pensé como un proyecto cultural y lo sigue siendo. Por suerte y a pesar de muchos.

¿Qué te aportó como profesional esa experiencia?

Pude conocer mejor a los seres humanos, y me dio la oportunidad de contar historias alejadas de los centros urbanos. Me ayudó a tener una mirada más profunda, más cerca de las esencias.

Me enseñó a entender mejor la naturaleza y su lenguaje que muchas veces no sabemos descifrar, aunque constantemente nos esté lanzando mensajes.

Me demostró que aunque tengas buenas ideas siempre aparecerán los miembros de la Comisión Nacional de Obstáculos para decir que no se puede, que no es el momento o que no hay condiciones. Debo destacar que cuando nadie creía o no estaba de acuerdo, Ismael González (Manelo) que era presidente del ICRT sí me apoyó, pero no tenía recursos para llevar adelante la idea y me facilitó el contacto con la UNESCO.

¿No extrañas las lomas que arrullaste con tu cámara?

Mucho. Sus imágenes, sus sonidos, su gente. La espiritualidad que se respira en ese lugar, donde puedes ver tu sombra y descubres que en el cielo hay más estrellas que las que tú creías.

¿Se mantiene aquel proyecto que primero fue un sueño?

Sí, aún se mantiene aunque a veces siento que no se le da la importancia que merece el trabajo comunitario y participativo. Claro que hay quienes nunca van a entender. Ojalá no sean los que tengan que decidir sobre la televisión serrana.

Entre tus méritos como Vicepresidente del ICRT están potenciar las obras de autor en los teledramas y el parto de los grupos de creación. ¿Por qué tal interés?

Sigo creyendo en los creadores y su acto de creación. Sigo pensando que la televisión puede llegar a ser un medio de expresión artística y no un simple informador y transmisor de banalidades.

¿Qué te dejó ese trabajo en la televisión?

Te contaré de lo bueno y de lo malo. Conocí verdaderos artistas comprometidos con su obra y traté que tuvieran un espacio de reflexión y análisis sobre todo lo que tuviera que ver con su proceso creativo. Me enseñó a ser paciente y saber esperar.

Por otra parte detuvo mis posibilidades de creador, me envolvió la tristeza al ver tanta burocracia y me llenaron de insatisfacciones las decisiones dogmáticas y arranca sueños. Me estaba convirtiendo en un ser cansado y sin energía. Lo que más daño me hizo fueron las guerritas internas que nunca pude entender.

¿Cómo consideras que debe ser una televisión buena? ¿Se puede mejorar la nuestra a pesar de las limitaciones económicas?

No sé qué quiere decir exactamente una televisión buena, pero sí pienso que debe estar más cerca de convertirse en un medio de creación artística e informativa con profundidad de análisis periodístico que un medio masivo de difusión. Esto último queda algo difuso.

¿Qué proyectos tienes ahora y cuál es tu último documental realizado?

Mi último documental realizado fue Saber de sí que aborda los valores que poseen los seres humanos que predican el espiritismo y ahora estoy investigando para seguir mostrando los valores humanos que tristemente se están perdiendo, pero que aún existen personas que los mantienen vivos y quiero encontrarlos y mostrarlos para demostrar que esa es una manera muy hermosa de ser feliz.

 
 
 
 
   
Lineamientos del VI Congreso del PCC
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.