La Habana. Año X.
24 al 30 de SEPTIEMBRE de 2011

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Caravaggio y sus amigos… en Cuba

Rosella Vodret • Roma

Imágenes tomadas del catálogo

La exposición pretende ilustrar y profundizar un período fundamental del arte italiano, que ve la ciudad de Roma como protagonista de una profunda transformación ocurrida en el curso de las tres primeras décadas del Seiscientos. Además de las mutaciones debidas a la Reforma luterana y al Concilio de Trento (1545 – 1563), que marcaron el nuevo camino de la Roma eclesiástica, se presencian los albores del XVII siglo con una verdadera y propia revolución artística que eligió la ciudad papal, como meta obligatoria de artistas provenientes del resto de Italia y Europa: una especie de Capital artística de Europa. 
 


"Coronación de espinas", Lionello Spada. Bolonia, 1576 - Parma, 1622

La renovación artística de la Urbe coincidió con la llegada de Michelangelo Merisi de Caravaggio, en los primeros años Noventa del Quinientos, cuyo lenguaje innovador determinó el inicio de una nueva época y la confrontación con personalidades de primer plano, como la de Annibale Carracci. En los comienzos del Quinientos y en los primeros años del Seiscientos la pintura de Caravaggio se impone como absoluta novedad respecto a la cual artistas, escritores y curadores contemporáneos reaccionan con fervor. 

La nueva concepción con la que el artista elabora aspectos de la cultura profana, pero sobretodo la adopción de un estilo y un lenguaje pictórico revolucionario e inédito en las palas del altar, basado en un obra suya de la luz, sobre la ausencia de toda idealización en los personajes que pueblan sus composiciones, sobre sujetos tomados de la calle y, sobretodo sobre el formato “al natural” de las figuras, puestas siempre en primer plano, son elementos de extraordinaria novedad que se convierten en objeto de ásperas criticas, por una parte, y profunda admiración, por otra. 


"Ecce homo", Giovanni Baglione. Roma, 1566 aprox. - 164

La breve parábola romana del Merisi inicia alrededor de 1592 para concluirse trágicamente en 1606, fecha del homicidio de Ranuccio Tomassoni, a manos del artista durante una riña. El episodio y la sucesiva fuga de Caravaggio de Roma, adonde no regresará más, concluye la cerrada secuencia de sucesos y disputas que habían acompañado la presentación de sus obras públicas. Terminan así las relaciones de clientela con los grandes mecenas romanos que habían determinado la fama del pintor lombardo y comienza su convulso peregrinaje en busca del perdón que conducirá a Caravaggio desde Nápoles a Malta, a Sicilia con pasajes veloces y concitados que difundirían mayormente su notoriedad y las novedades de su estilo.  

Mientras tanto, las obras del Merisi aun puestas en los altares, colgadas en las paredes de palacios gentilicios hasta aquellos profanos “hechos para vender”, continúan siendo copiadas, imitadas, compradas o celosamente conservadas. Y es sobre estas obras que se forma más de una generación de pintores, desde los primeros seguidores italianos a aquellos extranjeros llegados a Roma en el segundo decenio.  

Sin perder de vista el carácter no-homogéneo del caravaggismo, interpretado por varios artistas sobre la base de experiencias y formaciones personalísimas, la exposición se acerca a una obra maestra de Caravaggio —el bellísimo Narciso che si specchia nella fonte—, a un conjunto de obras autográficas y documentadas de los pintores vinculados a él, escogiendo entre estos los dibujos y los sujetos en los que ellos mayormente se asemejaron a las temáticas y los modelos del Artista lombardo.  

El camino inicia con Giovanni Baglione (Roma, 1566 – 1643), exponiendo la tela con Giuditta y Oloferne de la Galería Nacional de Arte Antiguo de Roma, que trata el mismo objeto caravaggesco ofreciendo sin embargo una variante para ciertas formas, aun vinculada a la representación tradicional, presentando la escena a toda figura y con Oloferne de dimensión casi gigantesca. De  Tommaso Salini (Roma, alrededor de 1575 – 1625), por otro lado, se propone un San Giovanni Batista que parece construido sobre el modelo del Bacchino malato, y de Bartolomeo Manfredi (Ostiano, 1582 – Roma, 1622) el celebérrimo Bacco e un bevitore, escena de oscuro significado pero iluminada por la llamada Manfrediana methodus. Análogamente, se pone el extraordinario San Gerolano de Hendrich van Somer que parece todo meditado sobre los originales de Caravaggio. 

Otras son las obras maestras que son tomadas en consideración, tocando personalidades y aspectos sobre los cuales los estudiosos discuten aun hoy: desde Orazio Borgianni (Roma, 1578 – 1616) a Lionello Spada (Bologna, 1576 – Parma, 1622) a Angelo Caroselli (Roma, 1585 – 1652) y a Orazio (Pisa, alrededor de 1563 – Londres, 1639) y Artemisia Gentileschi (Roma, 1593 – Nápoles, 1653). De estos pintores, en primer lugar, será analizada la cuestión del paisaje al manierismo, sobre el que se formaron, al caravaggismo, en el que sienten la necesidad de desenvolverse y, en segundo lugar, las relaciones humanas y estilísticas establecidas entre ellos.
 


"Descanso en la huida a Egipto", Orazio Gentileschi. Pisa, 1563 - Londres, 1639

 
 
 
 


galerÍa de obras

Caravaggio en Cuba, Museo Nacional de Bellas Artes

   
Lineamientos del VI Congreso del PCC
(.pdf, 736 Kb)
Información sobre el resultado del Debate
(.pdf, 394 Kb)
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.