La exposición pretende
ilustrar y profundizar
un período fundamental
del arte italiano, que
ve la ciudad de Roma
como protagonista de una
profunda transformación
ocurrida en el curso de
las tres primeras
décadas del Seiscientos.
Además de las mutaciones
debidas a la Reforma
luterana y al Concilio
de Trento (1545 – 1563),
que marcaron el nuevo
camino de la Roma
eclesiástica, se
presencian los albores
del XVII siglo con una
verdadera y propia
revolución artística que
eligió la ciudad papal,
como meta obligatoria de
artistas provenientes
del resto de Italia y
Europa: una especie de
Capital artística de
Europa.
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"Coronación de
espinas",
Lionello Spada.
Bolonia, 1576 -
Parma, 1622 |
La renovación artística
de la Urbe coincidió con
la llegada de
Michelangelo Merisi de
Caravaggio, en los
primeros años Noventa
del Quinientos, cuyo
lenguaje innovador
determinó el inicio de
una nueva época y la
confrontación con
personalidades de primer
plano, como la de
Annibale Carracci. En
los comienzos del
Quinientos y en los
primeros años del
Seiscientos la pintura
de Caravaggio se impone
como absoluta novedad
respecto a la cual
artistas, escritores y
curadores contemporáneos
reaccionan con fervor.
La nueva concepción con
la que el artista
elabora aspectos de la
cultura profana, pero
sobretodo la adopción de
un estilo y un lenguaje
pictórico revolucionario
e inédito en las palas
del altar, basado en un
obra suya de la luz,
sobre la ausencia de
toda idealización en los
personajes que pueblan
sus composiciones, sobre
sujetos tomados de la
calle y, sobretodo sobre
el formato “al natural”
de las figuras, puestas
siempre en primer plano,
son elementos de
extraordinaria novedad
que se convierten en
objeto de ásperas
criticas, por una parte,
y profunda admiración,
por otra.
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"Ecce homo",
Giovanni
Baglione. Roma,
1566 aprox. -
164 |
La breve parábola romana
del Merisi inicia
alrededor de 1592 para
concluirse trágicamente
en 1606, fecha del
homicidio de Ranuccio
Tomassoni, a manos del
artista durante una
riña. El episodio y la
sucesiva fuga de
Caravaggio de Roma,
adonde no regresará más,
concluye la cerrada
secuencia de sucesos y
disputas que habían
acompañado la
presentación de sus
obras públicas. Terminan
así las relaciones de
clientela con los
grandes mecenas romanos
que habían determinado
la fama del pintor
lombardo y comienza su
convulso peregrinaje en
busca del perdón que
conducirá a Caravaggio
desde Nápoles a Malta, a
Sicilia con pasajes
veloces y concitados que
difundirían mayormente
su notoriedad y las
novedades de su estilo.
Mientras tanto, las
obras del Merisi aun
puestas en los altares,
colgadas en las paredes
de palacios gentilicios
hasta aquellos profanos
“hechos para vender”,
continúan siendo
copiadas, imitadas,
compradas o celosamente
conservadas. Y es sobre
estas obras que se forma
más de una generación de
pintores, desde los
primeros seguidores
italianos a aquellos
extranjeros llegados a
Roma en el segundo
decenio.
Sin perder de vista el
carácter no-homogéneo
del caravaggismo,
interpretado por varios
artistas sobre la base
de experiencias y
formaciones
personalísimas, la
exposición se acerca a
una obra maestra de
Caravaggio —el bellísimo
Narciso che si
specchia nella fonte—,
a un conjunto de
obras autográficas y
documentadas de los
pintores vinculados a
él, escogiendo entre
estos los dibujos y los
sujetos en los que ellos
mayormente se asemejaron
a las temáticas y los
modelos del Artista
lombardo.
El camino inicia con
Giovanni Baglione (Roma,
1566 – 1643), exponiendo
la tela con Giuditta
y Oloferne de la
Galería Nacional de Arte
Antiguo de Roma, que
trata el mismo objeto
caravaggesco ofreciendo
sin embargo una variante
para ciertas formas, aun
vinculada a la
representación
tradicional, presentando
la escena a toda figura
y con Oloferne de
dimensión casi
gigantesca. De Tommaso
Salini (Roma, alrededor
de 1575 – 1625), por
otro lado, se propone un
San Giovanni Batista
que parece construido
sobre el modelo del
Bacchino malato, y
de Bartolomeo Manfredi (Ostiano,
1582 – Roma, 1622) el
celebérrimo Bacco e
un bevitore, escena
de oscuro significado
pero iluminada por la
llamada Manfrediana
methodus.
Análogamente, se pone el
extraordinario San
Gerolano de Hendrich
van Somer que parece
todo meditado sobre los
originales de Caravaggio.
Otras son las obras
maestras que son tomadas
en consideración,
tocando personalidades y
aspectos sobre los
cuales los estudiosos
discuten aun hoy: desde
Orazio Borgianni (Roma,
1578 – 1616) a Lionello
Spada (Bologna, 1576 –
Parma, 1622) a Angelo
Caroselli (Roma, 1585 –
1652) y a Orazio (Pisa,
alrededor de 1563 –
Londres, 1639) y
Artemisia Gentileschi
(Roma, 1593 – Nápoles,
1653). De estos
pintores, en primer
lugar, será analizada la
cuestión del paisaje al
manierismo, sobre el que
se formaron, al
caravaggismo, en el que
sienten la necesidad de
desenvolverse y, en
segundo lugar, las
relaciones humanas y
estilísticas
establecidas entre
ellos.
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"Descanso en
la huida a
Egipto",
Orazio
Gentileschi.
Pisa, 1563 -
Londres, 1639 |
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