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Corresponsales de guerra
y Vivir al límite
son dos documentales muy
conocidos —y
reconocidos— de Belkis
Vega, una de las
artistas que con más
pasión defiende sus
puntos de vista. Pero si
esta directora tiene
realizados una mayor
cantidad de
documentales, nadie
puede olvidar sus cintas
Santa Camila de La
Habana Vieja y La
casa de Bernarda Alba
que basadas ambas en
obras de teatro
devinieron exquisitos
filmes para la TV. Ambos
se exhibieron en el cine
y contaron con una buena
asistencia durante una
semana.
Merecedora de varios
premios Caracol, de la
Unión de Periodistas de
Cuba, y de otros lauros,
Belkis atesora el
recuerdo y la gratitud
de decenas de jóvenes
que estudiaron con ella
en Cuba, y también en
España, EE.UU. y América
Latina.
Defensora del derecho de
la mujer a dirigir en el
cine, reconoce que en
los estudios fílmicos de
las FAR y la televisión
ha encontrado menos
prejuicios para realizar
su obra.
¿Cuándo descubriste que
el mundo de la imagen en
movimiento te seducía?
Como espectadora, el cine
siempre me gustó. Me
producía una especie de
encantamiento. Ya en el
Preuniversitario era una
fiel asistente de la
programación de la
Cinemateca. Pero con
honestidad, soñar con
ser cineasta me parecía
tan inalcanzable como
querer ser cosmonauta. Sucedió
que estando cursando el
primer año de la carrera
de Diseño Informacional
e Industrial, nos dieron
a seleccionar, como
trabajo de curso, entre
diseñar un sistema de
vestuario o realizar una
obra didáctica que
filmaríamos en cine 35
mm… No tengo que
decirles cuál fue mi
decisión. Aquello fue
como un regalo caído del
cielo.
¿Cómo entras a los
Estudios fílmicos de las
FAR? ¿Por qué?
Cursando ya el cuarto
año de diseño, recibimos
un curso teórico
práctico de TV y nos
insertaron en la TV
Universitaria en la
época en que se hacía un
programa diario que cada
día tenía un perfil
diferente. Yo hacía
guiones y trabajaba como
asistente de dirección
en el programa “6 y 30
p.m.” que dirigía Julio
Puente y salía al aire
los sábados en la TV
Nacional.
Estos programas se
hacían en vivo pero mis
guiones eran
complejísimos. Realizaba
encuestas por la calle,
filmaba en exteriores en
16 mm para insertar
después; llevaba
fotografías y material
visual para montar
fotomontajes que los
camarógrafos debían
realizar en vivo, etc.
Mucho después me di
cuenta de que intentaba que
se acercaran al lenguaje
documental.
Cuando salí de la
Escuela de Diseño, ya
estaba segura de que no
quería ser otra cosa que
cineasta. Por ello
matriculé por la noche
la Licenciatura en
Historia del Arte e
intenté entrar a
trabajar en una
productora de cine. El
panorama no era muy
esperanzador y donde se
me dio la oportunidad
fue en los Estudios
Fílmicos de las FAR. Me
fue difícil la decisión.
El que me haya conocido
en esa época sabe que
era una joven
irreverente y
cuestionadora y estuve
casi tres noches dándole
vueltas en la cabeza
antes de decidir qué
haría. Conocía estos
estudios porque fue el
lugar donde realicé mi
corto didáctico y
encontré mucho apoyo en
los compañeros que allí
trabajaban. Sabía que
había gente muy valiosa
allí y al final mi amor
al cine pudo más que el
temor a las posibles
incomprensiones e
incompatibilidades. El
tiempo me demostró que
tomé la decisión
correcta.
¿Acaso no es
contradictorio que en
esos estudios se
realizaran obras
bastante osadas
comparadas con la
mayoría de la
televisión?
Cuando entré en la
antigua Fílmica de las
FAR, eran Estudios
Cinematográficos. Los
Estudios de TV vinieron
después y con
posterioridad se unieron
para ser Estudios
Cinematográficos y de TV
de las FAR.
Lo que me preguntas
tiene que ver con lo que
ocurrió en la década de
los 70 con la entrada en
estos Estudios de
personas con estudios
universitarios y con
formación
cinematográfica y
literaria a los que
realmente les interesaba
la creación. Esta
inyección de gente joven
con muchas inquietudes
creativas contribuyó a
que otras que ya estaban
buscaran también la
forma de canalizar sus
propias inquietudes y
superaran su nivel
educacional y cultural.
Formamos un grupo que
comenzamos a convencer,
persuadir y hacer una
obra sobre otros
presupuestos estéticos.
Esto creó una
interacción que propició
la comprensión necesaria
por parte de las
instancias superiores
para que se hicieran
obras cinematográficas y
de TV con altas
pretensiones estéticas
incluyendo espacios a la
experimentación.
Sé que eres una mujer de
cine pero ¿existen los
mismos prejuicios hacia
la mujer en ese medio
que en la televisión?
¿Por qué se habrán dado
tan raras circunstancias
en Cuba?
Desafortunadamente tengo
que responderte
afirmando que la TV ha
dado más espacios para
el desarrollo de la
mujer en la dirección
que el Cine del ICAIC. Y
digo así porque aunque
se haya impuesto una
visión ICAICcentrista
del cine nacional y
aunque el ICAIC haya
sido y siga siendo el
organismo fundamental y
de referencia para la
creación cinematográfica
en Cuba, desde el año
1962 no ha sido el
único.
En otras instituciones
que también produjeron
obras cinematográficas
durante muchos años como
los Estudios de Cine de
la TV, los ya citados
Estudios de Cine y TV de
las FAR y la
Cinematografía
Educativa, las mujeres
tuvimos más fácil el
acceso a la dirección
que en el ICAIC. Pero en
estas productoras no se
hacía ficción hasta ya
muy cerca de su
desintegración o cambio
de perfil de producción.
Es bien contradictorio
que en un país donde
triunfó una Revolución
en 1959 que se
planteaba, entre otras
cosas, la lucha por la
plena igualdad de la
mujer, la mujer haya
tenido —y tiene— tantos
obstáculos y falta de
apoyo para acceder a la
dirección
cinematográfica de
ficción. Siempre me
pregunto cómo puede
decirse sin asomo de
sonrojo, que la primera
película de ficción
dirigida por una mujer
fue De cierta manera,
de Sara Gómez en el año
1974 y que no haya otra
hasta hace dos años:
Ciudad en rojo, de
Rebeca Chávez y se
intente borrar incluso
la existencia de un
filme de largometraje
como Te llamarás
Inocencia, de Teresa
Ordoqui producido en
1986 y en cine 16 mm por
los Estudios de Cine del
ICRT.
Los avances tecnológicos
hacen que cada vez se
interrelacionen más
cine, video y televisión.
¿Cómo ves el futuro en
ese sentido?
Así, interrelacionado.
Con fronteras
imprecisas, que se
cruzan, se tocan, se
entremezclan… Pero creo
que seguirá existiendo
el cine, el video, la
TV, Internet y otros
nuevos que vendrán.
¿Cómo consideras que
deba ser una televisión
culta?
En primer lugar con
verdaderas opciones para
los diferentes públicos
y esto sigue estando
lejos de cualquier TV.
Una TV que abogue por
contribuir a que los
seres humanos seamos
mejores y más capaces y
a la vez entretenga pero
no idiotice. Que nos
ayude a ser y estar en
el mundo en que vivimos
y no a evadirnos con la
estupidez y el mal
gusto.
Si pudieras, ¿qué harías
para mejorar la nuestra?
Un estudio de sectores
de audiencia. Más
programas que reflejen y
debatan realmente sobre
nuestros problemas y
contradicciones. Una
programación que apueste
por el buen gusto y el
crecimiento de las
personas.
Tienes una larga y
fructífera carrera en la
enseñanza del
audiovisual, ¿cómo
sientes que son esos
nuevos directores,
fotógrafos, sonidistas…que
van surgiendo?
En primer lugar, creo
que se parecen a su
tiempo. Que son
irreverentes, como deben
ser los jóvenes. Que la
mayoría quiere y tiene
el derecho a expresar su
visión de su realidad
que aunque sea la misma
nuestra, parte de
vivencias muy
diferentes. Que vale la
pena estar cerca de
ellos y escucharlos y
nos ayudarán a
enriquecer nuestra
mirada. Y que para mí es
una alegría sembrar una
semillita dentro de
ellos que siempre estoy
segura de que germinará. |