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Entre las casas
discográficas
internacionales que en
la década de los 90 del
pasado siglo XX
comenzaron a incursionar
en el mercado cubano, a
raíz del permiso estatal
para que los artistas
locales ficharan con
empresas no solo de
nuestro país, sino de
cualquier sitio del
mundo, estuvo la firma
Latin World Productions
S.A.
Uno de los primeros
músicos captados por LWP
resultó el talentoso
maestro de la flauta
Richard Egües. De este
afamado intérprete poco
habría ya que decir,
pues de sobra es
conocida su trayectoria
artística como otrora
integrante de la
orquesta Aragón,
destacadísimo flautista
y no menos importante
compositor y arreglista.
Definitivamente puede
asegurarse que el nombre
de Richard Egües se
encuentra, de manera
indisoluble, ligado al
chachachá y al hermoso
sonido que emanan las
charangas. Pero, por si
lo anterior fuera poco,
habría que añadir que el
maestro pertenece a la
rara estirpe de los
músicos integrales,
capaces de abordar por
igual tanto la música
popular, como la de
concierto.
En el disco puesto en
circulación a través del
sello Latin World
Productions S.A. y que
llevó el título de
Cuban session, el
maestro Egües se hizo
acompañar de otros
grandes de la música
cubana. En esencia, una
escucha del material
transcurrido unos
cuantos años desde su
aparición, lo lleva a
uno a concluir que este
CD fue un álbum
concebido como una
mirada retro a la década
de los 50, a tono con lo
que se había puesto de
moda en el mercado
internacional en
relación con la música
de nuestro país, en el
instante de presentación
del fonograma.
Aparecen en el CD
temas como “El
bodeguero”, “Angoa”,
“Noche azul”, “El trago”
y “Al vaivén de mi
carreta”. Las
orquestaciones
procuraron ser bastante
fieles al espíritu
original con que las
piezas se dieron a
conocer; incluso, diría
que algunas resultan en
demasía convencionales.
Una excepción en tal
sentido es el arreglo
hecho a “El manisero”,
con una introducción en
verdad interesante.
De los momentos más
sobresalientes del álbum
cabe mencionar la
interpretación de ese
clásico que es “Angoa” y
la realizada acerca de
“Al vaivén de mi
carreta”.
Particularmente, siempre
que vuelvo a escuchar el
disco, me llama la
atención la intervención
de Flora Más, una voz de
amplio registro vocal
que posee un timbre muy
grato.
Ahora bien, si me
preguntasen qué no me
gusta del CD,
respondería que la
intención de crear una
sonoridad a medio camino
entre la de las bandas y
la de las charangas. A
mi modo de ver, el
experimento no cuajó del
todo, y con ello el
fonograma se resiente.
Pese a tal señalamiento,
siempre es grato volver
a oír a un maestro de la
flauta como Richard
Egües, sin discusión
alguna uno de los
grandes en la historia
de la música popular
cubana de ayer, de hoy y
de todos los tiempos. |