La Habana. Año X.
24 al 30 de SEPTIEMBRE de 2011

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Entrevista con el fotógrafo Roberto Chile

Afrodescendientes somos todos

Estrella Díaz • La Habana

Fotos: Cortesía del artista

La Fototeca de Cuba —emblemática institución cultural enclavada en la Plaza Vieja, de La Habana colonial— acoge hasta el próximo 2 de octubre la exposición Afrodescendientes, Guanabacoa-Cuba, un ensayo fotográfico de Roberto Chile, quien con ojo acucioso intenta develar, en apenas 40 instantáneas, el palpitar contemporáneo de un grupo de habitantes de esa Villa que, a pesar del paso del tiempo, mantiene aires y tradiciones traídos a la Isla en tiempos del coloniaje español.
 

En entrevista exclusiva con La Jiribilla, Chile recordó que el presente 2011 fue declarado por la UNESCO el Año Internacional de los Afrodescendientes, y Cuba —por su historia— posee un “gran legado” traído de África. De los africanos, asegura, “no solamente heredamos el pigmento de la piel, sino también el vigor, el coraje y muchas otras virtudes que hay que reconocer y recordar”.

Insistió que la muestra parte de la “ética martiana de que hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro” y, por lo tanto, su propósito con la exposición es convertirla en un “canto a la espiritualidad y a la multiculturalidad, pero a partir de una mirada natural”.

¿Mirada natural?

Porque no voy en busca del folclor, sino a retratar a hombres y mujeres en su entorno: ya sea a un individuo en medio de una calle, con sus patines puestos y su novia a su lado, o una madre nganga con sus atributos y sus encantos o a los muchachos del Conservatorio de Música de Guanabacoa e igualmente al obrero metalúrgico o de la construcción. También al partido de  dominó o al que se fuma un tabaco, es decir, la gente, la vida. Es un homenaje a seres que existen y que están con nosotros como parte de nuestra herencia y de la vida cotidiana. Tenemos que reconocer que no hemos eliminado todos los vestigios de segregación racial —que van a durar años—, pero no podemos obviar que Cuba es uno de los países que más ha hecho por eliminar todo tipo de discriminación de las mentes de las gentes.     

Si en Cuba hay negros a lo largo y ancho de toda la Isla, ¿por qué escogiste la Villa de Guanabacoa?

Primero porque Guanabacoa es tierra de afrodescendientes y segundo porque llevo más de cuatro años frecuentando Guanabacoa, específicamente La Hata, trabajando en un documental dedicado a Enrique Hernández Almenteros, Enriquito, que es uno de los grandes sacerdotes de las religiones cubanas de origen africano de nuestro país, conocido internacionalmente. También porque Guanabacoa está hermanada con la ciudad española de Getafe a partir de los esfuerzos realizados por Gabriel Navarrete, presidente de la Asociación Española de Cultura y Cooperación Internacional, quien ha hecho posible que el sueño se convierta en proyecto y el proyecto en realidad palpable.

Me parecía un acto hermoso y simbólico el hermanar a Getafe, una ciudad de España, antes la metrópoli, con Guanabacoa, que fue uno de los sitios  donde se trasladaban a los esclavos que arribaban a La Habana antes de ser llevados a los mercados negreros. Cuando algo nos sale mal es frecuente escuchar que alguien te diga: “te voy a llevar a Guanabacoa”, porque es un sitio en el que hay un fuerte arraigo de las tradiciones africanas, pero ahora, como nos va bien hemos decidido hacerle un homenaje a esa parte de la capital. Podíamos habernos ido a Matanzas o a Santiago de Cuba o haber recorrido Cuba entera, pero me pareció que Guanabacoa es la bandera de los afrodescendientes cubanos. Y eso te lo digo con amor, porque amo a Guanabacoa y a sus hijos, como también amo a Cuba y al pueblo cubano, claro.
 

Hay que mencionar también y agradecer los auspicios de la Oficina Regional de Cultura para América Latina y el Caribe de la UNESCO, en la figura de su director el señor Herman van Hooff; la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana y en particular al doctor Eusebio Leal que tuvo la gentileza de escribir las palabras centrales del catálogo; la Comisión Cubana de la UNESCO, la Sociedad Cultural José Martí, el Ministerio de Cultura, la Asamblea municipal del Poder Popular y el Museo de Guanabacoa, y a todos los que me acompañaron en el empeño, entre ellos al imprescindible Marcos Alfonso, a mi entrañable compañero y amigo Salvador Combarro y al resto de mi equipo, a Panchón, al fotógrafo Adalberto Roque, y en especial, a los fotografiados. En fin, me siento muy orgulloso y feliz de rendir homenaje a partir de mis ojos —que están conectados con hilos muy sensibles a mi corazón— a los afrodescendientes y a Guanabacoa. Lo que no hago a partir de una coyuntura, sino con sinceridad y pasión verdaderas.  

Estamos en la llamada era digital y esas técnicas ofrecen muchas posibilidades, ¿cuánto de truco hay en estas fotos?

Insisto en que son fotos naturales; lo único que he hecho en la computadora ha sido el acabado de las imágenes. Originalmente, las fotos eran a color, pero preferí el blanco y negro porque es más expresivo en este caso, es decir, no hay trucajes ni efectos especiales: es pura fotografía, así como salió del corazón.

Entonces deduzco que no te planteaste una doble lectura o la interpretación de algún código…   

La pretensión no es mostrar que yo sé de fotografía ni que soy un artista del lente ¡ni mucho menos! La esencia ha sido —por supuesto con todo el rigor y el respeto profesional al oficio— la calidad y a partir de esa premisa retratar a las personas tal cual son.

Si caminas por Guanabacoa —después de observar estas fotos— vas a identificar a algunos de esos personajes. No hay maquillajes, no hay segundas lecturas, no hay poses. En la mayoría de los casos ellos saben que los estoy retratando y aceptan que un desconocido —es decir que un intruso con una cámara en la mano— invada su privacidad e, incluso, entre a sus casas—. Ellos lo aceptan y por su rostro dejan saber un poco el estado de ánimo que tienen en ese momento. De ahí que se ve la ternura, la sonrisa, el optimismo, y muchos de ellos dentro de su humildad y algunos en la pobreza —porque no todos los fotografiados tienen la posibilidad de vida que quisiéramos que tuvieran—, pero dentro de esa estrechez transmiten esperanza y dignidad. Se nota que se sienten seguros y felices de vivir. Esta experiencia me ha enriquecido, son muchas las anécdotas que podría contarte…

¿Anécdotas?

Empecé a hacer este trabajo, casi, como un kamikaze y tengo que aclarar que estas imágenes fueron tomadas mayoritariamente en el primer cuatrimestre de este año —excepto las hechas durante la procesión del San Lázaro Milagroso, Santo Patrono de La Hata, que, como se sabe, ocurre allí todos los 17 de diciembre—. Cuando observé el resultado de esas primeras sesiones de trabajo me di cuenta, de inmediato, de que debía continuar indagando para obtener un número de imágenes que me permitiera hacer una selección y, posteriormente, una exposición. Tengo que agradecer el apoyo y el respaldo espiritual de Enriquito, quien fue y es una constante inspiración.
 

Es decir que trabajaste en la idea…

Exactamente. Y fue ahí cuando conocí a Josefina, madre nganga, también de La Hata, una de mis imágenes preferidas de la muestra. También conocí a Gilberto, el hombre que aparece en la foto más publicitada por los medios cubanos e internacionales y cada vez que me lo encuentro me dice ¡hasta dónde me vas a llevar! pues se siente sorprendido. Ese es el homenaje: decirles a él y a otros que son importantes para nosotros, que no son un circo. Erróneamente hay quienes reducen a los afrodescendientes a rituales, cánticos, tambores. No: afrodescendientes somos todos.

Con esta muestra pretendo acercarme a las esencias y para eso había que intentar cubrirlo todo —aunque en apenas 40 fotos es imposible—, pero lo he hecho con honestidad y desinterés. Tengo que agradecer la impresión de las fotos, que se hizo en España, a José María Mellado, un maestrazo de la fotografía digital. La curaduría es del experimentado Juan Carlos Moya, también español, quien desde una mirada más imparcial, menos enamorada, hizo la selección final y, por último, ya en la Fototeca de Cuba, la museografía corrió a cargo de su director Nelson Ramírez de Arellano. Todos ellos no solamente respaldaron la idea, sino que la han hecho posible; pero el agradecimiento mayor tiene que ser para Cuba, para Guanabacoa y para los fotografiados quienes de buen ánimo me permitieron entrar en sus vidas y perpetuarlos para siempre.

Sueño, en un futuro, hacer una selección de esas imágenes y donarlas al Museo de Guanabacoa. Ahora las vemos como algo común, pero cuando pasen 30 o 40 años será un acercamiento a un grupo de personas —algunos no estarán y otros serán mayores— que conformaron el momento que les tocó vivir en Cuba y, de alguna manera, hicieron la historia de nuestro tiempo.

Esta es tu primera exposición personal de fotos, ¿por qué tan tarde?

He dedicado la mayor parte de mi tiempo a la cámara de video, es decir, a la imagen en movimiento. Confieso que probé muchas veces, pero cuando registraba un evento con las dos cámaras, algo no quedaba bien y sentí que mi compromiso era con la imagen en movimiento para la realización de documentales. Tengo fotos y pude haber hecho exposiciones personales hace mucho tiempo y sobre diversas temáticas, ¡pero vino a ser ahora y con qué tema!, que ni siquiera he abordado en mi documentalística.
 

De todas maneras, no abandono la imagen en movimiento y sigue siendo como ya te dije una vez, mi mayor pasión y espero muy pronto estrenar un nuevo documental que se titula Soy Tata Nganga dedicado a Enrique Hernández Almenteros, Enriquito. Del resultado de este trabajo me siento muy satisfecho y, quizá, ese documental vaya acompañado de una muestra fotográfica. Pero habrá que esperar un poco todavía, los sueños se agolpan y no hay que dormirse, pero tampoco, pecar por demasiada prisa.

 
 
 
 


galerÍa de imágenes

Exposición fotográfica Afrodescendientes

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.