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La Fototeca de Cuba
—emblemática institución
cultural enclavada en la
Plaza Vieja, de La
Habana colonial— acoge
hasta el próximo 2 de
octubre la exposición
Afrodescendientes,
Guanabacoa-Cuba, un
ensayo fotográfico de
Roberto Chile, quien con
ojo acucioso intenta
develar, en apenas 40
instantáneas, el
palpitar contemporáneo
de un grupo de
habitantes de esa Villa
que, a pesar del paso
del tiempo, mantiene
aires y tradiciones
traídos a la Isla en
tiempos del coloniaje
español.
En entrevista exclusiva
con La Jiribilla,
Chile recordó que el
presente 2011 fue
declarado por la UNESCO
el Año Internacional de
los Afrodescendientes, y
Cuba —por su historia—
posee un “gran legado”
traído de África. De los
africanos, asegura, “no
solamente heredamos el
pigmento de la piel,
sino también el vigor,
el coraje y muchas otras
virtudes que hay que
reconocer y recordar”.
Insistió que la muestra
parte de la “ética
martiana de que hombre
es más que blanco, más
que mulato, más que
negro” y, por lo tanto,
su propósito con la
exposición es
convertirla en un “canto
a la espiritualidad y a
la multiculturalidad,
pero a partir de una
mirada natural”.
¿Mirada natural?
Porque no voy en busca
del folclor, sino a
retratar a hombres y
mujeres en su entorno:
ya sea a un individuo en
medio de una calle, con
sus patines puestos y su
novia a su lado, o una
madre nganga con
sus atributos y sus
encantos o a los
muchachos del
Conservatorio de Música
de Guanabacoa e
igualmente al obrero
metalúrgico o de la
construcción. También al
partido de dominó o al
que se fuma un tabaco,
es decir, la gente, la
vida. Es un homenaje a
seres que existen y que
están con nosotros como
parte de nuestra
herencia y de la vida
cotidiana. Tenemos que
reconocer que no hemos
eliminado todos los
vestigios de segregación
racial —que van a durar
años—, pero no podemos
obviar que Cuba es uno
de los países que más ha
hecho por eliminar todo
tipo de discriminación
de las mentes de las
gentes.
Si en Cuba hay negros a
lo largo y ancho de toda
la Isla, ¿por qué
escogiste la Villa de
Guanabacoa?
Primero porque
Guanabacoa es tierra de
afrodescendientes y
segundo porque llevo más
de cuatro años
frecuentando Guanabacoa,
específicamente La Hata,
trabajando en un
documental dedicado a
Enrique Hernández
Almenteros, Enriquito,
que es uno de los
grandes sacerdotes de
las religiones cubanas
de origen africano de
nuestro país, conocido
internacionalmente.
También porque
Guanabacoa está
hermanada con la ciudad
española de
Getafe a partir de los
esfuerzos realizados por
Gabriel Navarrete,
presidente de la
Asociación Española de
Cultura y Cooperación
Internacional, quien ha
hecho posible que el
sueño se convierta en
proyecto y el proyecto
en realidad palpable.
Me parecía un acto
hermoso y simbólico el
hermanar a Getafe, una
ciudad de España, antes
la metrópoli, con
Guanabacoa, que fue uno
de los sitios donde se
trasladaban a los
esclavos que arribaban a
La Habana antes de ser
llevados a los mercados
negreros. Cuando algo
nos sale mal es
frecuente escuchar que
alguien te diga: “te voy
a llevar a Guanabacoa”,
porque es un sitio en el
que hay un fuerte
arraigo de las
tradiciones africanas,
pero ahora, como nos va
bien hemos decidido
hacerle un homenaje a
esa parte de la capital.
Podíamos habernos ido a
Matanzas o a Santiago de
Cuba o haber recorrido
Cuba entera, pero me
pareció que Guanabacoa
es la bandera de los
afrodescendientes
cubanos. Y eso te lo
digo con amor, porque
amo a Guanabacoa y a sus
hijos, como también amo
a Cuba y al pueblo
cubano, claro.
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Hay que mencionar
también y agradecer los
auspicios de la Oficina
Regional de Cultura para
América Latina y el
Caribe de la UNESCO, en
la figura de su director
el señor Herman van
Hooff; la Oficina del
Historiador de la Ciudad
de La Habana y en
particular al doctor
Eusebio Leal que tuvo la
gentileza de escribir
las palabras centrales
del catálogo; la
Comisión Cubana de la
UNESCO, la Sociedad
Cultural José Martí, el
Ministerio de Cultura,
la Asamblea municipal
del Poder Popular y el
Museo de Guanabacoa, y a
todos los que me
acompañaron en el
empeño, entre ellos al
imprescindible Marcos
Alfonso, a mi entrañable
compañero y amigo
Salvador Combarro y al
resto de mi equipo, a
Panchón, al
fotógrafo Adalberto
Roque, y en especial, a
los fotografiados. En
fin, me siento muy
orgulloso y feliz de
rendir homenaje a partir
de mis ojos —que están
conectados con hilos muy
sensibles a mi corazón—
a los afrodescendientes
y a Guanabacoa. Lo que
no hago a partir de una
coyuntura, sino con
sinceridad y pasión
verdaderas.
Estamos en la llamada
era digital y esas
técnicas ofrecen muchas
posibilidades, ¿cuánto
de truco hay en estas
fotos?
Insisto en que son fotos
naturales; lo único que
he hecho en la
computadora ha sido el
acabado de las imágenes.
Originalmente, las fotos
eran a color, pero
preferí el blanco y
negro porque es más
expresivo en este caso,
es decir, no hay
trucajes ni efectos
especiales: es pura
fotografía, así como
salió del corazón.
Entonces deduzco que no
te planteaste una doble
lectura o la
interpretación de algún
código…
La pretensión no es
mostrar que yo sé de
fotografía ni que soy un
artista del lente ¡ni
mucho menos! La esencia
ha sido —por supuesto
con todo el rigor y el
respeto profesional al
oficio— la calidad y a
partir de esa premisa
retratar a las personas
tal cual son.
Si caminas por
Guanabacoa —después de
observar estas fotos—
vas a identificar a
algunos de esos
personajes. No hay
maquillajes, no hay
segundas lecturas, no
hay poses. En la mayoría
de los casos ellos saben
que los estoy retratando
y aceptan que un
desconocido —es decir
que un intruso con una
cámara en la mano—
invada su privacidad e,
incluso, entre a sus
casas—. Ellos lo aceptan
y por su rostro dejan
saber un poco el estado
de ánimo que tienen en
ese momento. De ahí que
se ve la ternura, la
sonrisa, el optimismo, y
muchos de ellos dentro
de su humildad y algunos
en la pobreza —porque no
todos los fotografiados
tienen la posibilidad de
vida que quisiéramos que
tuvieran—, pero dentro
de esa estrechez
transmiten esperanza y
dignidad. Se nota que se
sienten seguros y
felices de vivir. Esta
experiencia me ha
enriquecido, son muchas
las anécdotas que podría
contarte…
¿Anécdotas?
Empecé a hacer este
trabajo, casi, como un
kamikaze y tengo que
aclarar que estas
imágenes fueron tomadas
mayoritariamente en el
primer cuatrimestre de
este año —excepto las
hechas durante la
procesión del San Lázaro
Milagroso, Santo Patrono
de La Hata, que, como se
sabe, ocurre allí todos
los 17 de diciembre—.
Cuando observé el
resultado de esas
primeras sesiones de
trabajo me di cuenta, de
inmediato, de que debía
continuar indagando para
obtener un número de
imágenes que me
permitiera hacer una
selección y,
posteriormente, una
exposición. Tengo que
agradecer el apoyo y el
respaldo espiritual de
Enriquito, quien
fue y es una constante
inspiración.
Es decir que trabajaste
en la idea…
Exactamente. Y fue ahí
cuando conocí a
Josefina, madre nganga,
también de La Hata, una
de mis imágenes
preferidas de la
muestra. También conocí
a Gilberto, el hombre
que aparece en la foto
más publicitada por los
medios cubanos e
internacionales y cada
vez que me lo encuentro
me dice ¡hasta dónde me
vas a llevar! pues se
siente sorprendido. Ese
es el homenaje: decirles
a él y a otros que son
importantes para
nosotros, que no son un
circo. Erróneamente hay
quienes reducen a los
afrodescendientes a
rituales, cánticos,
tambores. No:
afrodescendientes somos
todos.
Con esta muestra
pretendo acercarme a las
esencias y para eso
había que intentar
cubrirlo todo —aunque en
apenas 40 fotos es
imposible—, pero lo he
hecho con honestidad y
desinterés. Tengo que
agradecer la impresión
de las fotos, que se
hizo en España, a José
María Mellado, un
maestrazo de la
fotografía digital. La
curaduría es del
experimentado Juan
Carlos Moya, también
español, quien desde una
mirada más imparcial,
menos enamorada, hizo la
selección final y, por
último, ya en la
Fototeca de Cuba, la
museografía corrió a
cargo de su director
Nelson Ramírez de
Arellano. Todos ellos no
solamente respaldaron la
idea, sino que la han
hecho posible; pero el
agradecimiento mayor
tiene que ser para Cuba,
para Guanabacoa y para
los fotografiados
quienes de buen ánimo me
permitieron entrar en
sus vidas y perpetuarlos
para siempre.
Sueño, en un futuro,
hacer una selección de
esas imágenes y donarlas
al Museo de Guanabacoa.
Ahora las vemos como
algo común, pero cuando
pasen 30 o 40 años será
un acercamiento a un
grupo de personas
—algunos no estarán y
otros serán mayores— que
conformaron el momento
que les tocó vivir en
Cuba y, de alguna
manera, hicieron la
historia de nuestro
tiempo.
Esta es tu primera
exposición personal de
fotos, ¿por qué tan
tarde?
He dedicado la mayor
parte de mi tiempo a la
cámara de video, es
decir, a la imagen en
movimiento. Confieso que
probé muchas veces, pero
cuando registraba un
evento con las dos
cámaras, algo no quedaba
bien y sentí que mi
compromiso era con la
imagen en movimiento
para la realización de
documentales. Tengo
fotos y pude haber hecho
exposiciones personales
hace mucho tiempo y
sobre diversas
temáticas, ¡pero vino a
ser ahora y con qué
tema!, que ni siquiera
he abordado en mi
documentalística.
De todas maneras, no
abandono la imagen en
movimiento y sigue
siendo como ya te dije
una vez, mi mayor pasión
y espero muy pronto
estrenar un nuevo
documental que se titula
Soy Tata Nganga
dedicado a Enrique
Hernández Almenteros,
Enriquito. Del
resultado de este
trabajo me siento muy
satisfecho y, quizá, ese
documental vaya
acompañado de una
muestra fotográfica.
Pero habrá que esperar
un poco todavía, los
sueños se agolpan y no
hay que dormirse, pero
tampoco, pecar por
demasiada prisa. |