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David Leyva González
retó a quienes nos hemos
acercado de alguna forma
a Virgilio Piñera y en
un arranque de
abarcadora sensatez
halló un sinónimo para
toda la poética del
autor de Aire frío:
la libertad de lo
grotesco. Una
generalización que, sin
poner límites a las
interpretaciones
sucesivas que se
producirán sobre la obra
del escritor, se imponía
como diálogo teórico
ante tan numerosos
acercamientos.
Su principal logro como
investigador fue
entonces sistematizar
uno de los rasgos más
sobresalientes de la
poética piñeriana, antes
muchas veces enunciado,
pero solo desde el
empirismo. Su
acercamiento teórico
cobra importancia a
medida que continúa la
consolidación del mito
Virgilio Piñera, más
inminente con su
centenario a las puertas
en agosto de 2012.
El libro Virgilio
Piñera o la libertad de
lo grotesco tiene el
sello de la Editorial
Letras Cubanas, 2010. En
él Leyva González, no
conforme con identificar
los rasgos de tal
recurso literario —¿o
deberíamos decir
estético?—, en las
piezas más
representativas del
autor de Electra
Garrigó, pone a
dialogar su poética con
el contexto que le fue
inmediato. Como
resultado: una lúcida
prueba, otra más, de que
las valoraciones
sesgadas a la obra
piñeriana fueron casi
siempre producto de la
miopía de quienes la
analizaban.
Deja claro desde las
primeras páginas que
para él “La poética de
Piñera no sale de un
individual ‘demonio de
la más absoluta y
estéril antipoesía’,
sino de una saga
existencial de poetas
como José Jacinto
Milanés, Juan Clemente
Zenea, Julián del Casal”1,
contradiciendo así las
visiones con que Cintio
Vitier y Gastón Baquero,
cada uno desde su
pedestal, juzgaron
tempranamente a
Virgilio.
Para construir su
ensayo, Leyva parte del
presupuesto fundamental
de la existencia de un
corpus poético en la
creación piñeriana.
Desde tal perspectiva
analiza los rasgos
literarios de lo
grotesco, del absurdo,
el pesimismo y de la
estética resultante de
tales expresiones, que
identifica como péndulo
común en los cuentos, la
lírica y el teatro del
escritor.
Al Premio Alejo
Carpentier de Ensayo que
recibiera el texto se
sumó hace pocos días el
Premio de la Crítica
Literaria. Los
galardones se distinguen
como un reto a las
investigaciones futuras
de un ensayista tan
joven como Leyva
(Cienfuegos, 1981), y a
la vez legitiman esta
mirada entre todas las
que, casi siempre igual
de apasionadas, se han
producido en las dos
últimas décadas sobre la
temática.
La estructura del libro
comienza con un
acercamiento a las
primeras críticas, entre
las más polémicas y
notables, emitidas hacia
piezas valiosísimas de
Virgilio como Electra
Garrigó y el poema
“La Isla en peso”. Luego
propone una teoría de lo
grotesco, basándose en
un coro de autores que
lo han definido como
recurso creativo, entre
los que sobresalen las
ideas de Majaíl Bajtín y
de Wolfang.
Leyva caracteriza al
recurso, lo identifica a
través de la historia
del arte, y asegura que
“al igual que el
fenómeno de la risa, ‘no
es, por lo general, un
fenómeno constante y que
inspira una
trascendencia filosófica
a toda prueba’, al menos
aparentemente”2.
Expresión dentro de la
que enmarca los
sucesivos empleos por
parte de Piñera del
“descuartizamiento
corporal, la cópula, sus
referencias
escatológicas, la
antropofagia y la
autofagia, el
rebajamiento de figuras
elevadas, la
extroversión desenfadada
de sus personajes (en
especial de los
femeninos), así como
otras disímiles formas
de la imagen grotesca”3.
En páginas sucesivas, se
acerca a la presencia de
tal recurso literario en
los Cuentos fríos,
en una muestra de la
lírica piñeriana, así
como en algunas piezas
teatrales. Desde la
primera página de su
volumen declara el autor
que “apoyándonos en la
obra de uno de los
escritores cubanos más
destacados del siglo XX,
Virgilio Piñera Llera,
así como de los amplios
archivos que nos
facilitan la historia de
la literatura mundial y
nacional, pretendo
elaborar con la mayor
exactitud posible una
teoría de lo grotesco”.
Pero inmediatamente el
lector se percata que en
realidad ese es el
pretexto para sondear la
obra virgiliana, para
ensayar sobre ella,
apostillarla, leerla,
reconocerla en otros
autores.
Su preocupación por la
eficacia de tal
acercamiento tiene una
de sus máximas
expresiones cuando
deconstruye el grotesco
incluso en la fisonomía
de Piñera, en un ardid
ensayístico que muestra
a las creaciones del
autor de Cuentos
fríos como expresión
de sí mismo, o a sí
mismo como expresión de
su literatura. Postura
que recuerda una de las
frases más citadas del
propio Piñera al
referirse en una ocasión
a su pieza Electra
Garrigó:
“Mi teatro (perdóneme
por decir ‘mi teatro’)
soy yo mismo, pero
teatralizado.”
Leyva pone a dialogar a
numerosos ensayistas,
cubanos y extranjeros,
que alguna vez han
planteado sus hipótesis
sobre las creaciones del
autor de Aire frío.
Y produce, o retoma,
comparaciones más o
menos conocidas entre la
poética piñeriana y
algunas de sus piezas
específicas, con las de
otros autores como
Kafka, Sade, Rabelais,
el propio Bajtín,
Quevedo, Ramón Meza.
Suma su perspectiva a
dilemas literarios aún
vigentes sobre si
Virgilio marcó o no, se
adelantó o no a
tendencias estéticas y,
sobre todo, conceptuales
en relación con otros
autores. Una polémica en
la que, no obstante, el
ensayista no se detiene,
consciente de la poca
importancia que tendría
una respuesta definitiva
al respecto debido al
inmenso e indiscutible
valor de la estética de
Piñera.
Para él, Virgilio es
sobre todo un
existencialista, que
expresa sus “crisis
individuales” en su
obra, y como tal debió
ser valorado4.
Si bien no percibe una
ruptura en la poética
del escritor, como han
señalado algunos
investigadores, para él
la obra de Piñera
transita en diferentes
etapas de marginalidad
acentuada “analizadas
con suma claridad por
Antón Arrufat”, y que
como tal muestra
diferentes expresiones
de pesimismo o crisis
existenciales, más o
menos contestatarias
según su realidad.
La voz de Leyva,
amparada por un profuso
bagaje cultural y
conocimiento de la obra
virgiliana, se distingue
en el coro de criterios
que dialogan en su
volumen.
El joven es graduado de
Licenciatura en Letras
en la Universidad de La
Habana, y ya había
obtenido otros premios
en el género ensayo,
como el de la revista
Temas 2009.
Virgilio Piñera o la
libertad de lo grotesco
es un libro para leer
con calma. Un ensayo que
convida a escrutar otras
páginas, no solo las de
la narrativa, la poesía
y el teatro piñerianos,
también las de los
autores que desde sus
teorías o referencias
convergen allí como
teóricos. Los
presupuestos que David
Leyva González expresa
en sus líneas generan
cuestionamientos,
discrepancias,
reflexiones, como prueba
irrefutable de que
estamos frente a un
valioso volumen.
Notas:
1-
Leyva González,
David:
Virgilio Piñera
o la libertad de
lo grotesco.
Ed. Letras
Cubanas, La
Habana, 2010. P.
17.
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