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1. ¿Los
países hegemónicos han
tenido, tienen, tendrán
otro método que la
intervención militar
para lidiar con su
propia crisis y con los
países periféricos? La
fabricación de
armamentos motoriza la
industria. La recluta de
mercenarios ocupa y
aleja a los marginales.
La destrucción de países
para repartirse sus
recursos anima la
rebatiña financiera.
2.
¿Bastará la guerra
infinita para salvar al
imperialismo? El gasto
armamentista quiebra las
economías. El déficit se
enjuga con recortes del
gasto social que
fomentan la sublevación
interna. La economía de
casinos bursátiles
conduce de una crisis a
otra. La repetida
agresión externa
empantana a los imperios
en guerras que no pueden
ganar contra culturas
que no entienden. El
saqueo y derroche de
hidrocarburos concluirá
cuando éstos se agoten.
El actual estilo
civilizatorio no
sobrevivirá al
agotamiento de la fuente
de más del 90 % de su
consumo energético. La
rebatiña por petróleo,
agua y biodiversidad
lleva al enfrentamiento
entre grandes potencias
y a la Guerra Mundial.
3. ¿El
atentado contra Libia
modifica este panorama?
Bombardeos filantrópicos
de la OTAN allanan el
camino a una humanitaria
coalición de saqueadores
que comprende
especuladores
financieros de la
autocracia petrolera de
Qatar, ex funcionarios
de Gadafi,
fundamentalistas
sunitas, yihadistas,
grupos tribales
bereberes y fichas de Al
Qaeda. Esta benévola
pandilla se estrenó
asesinando a su primer
jefe, Younis. No parecen
cimientos para construir
una paz duradera ni una
victoria más rápida que
las infinitamente
postergadas en
Afganistán e Irak.
EE.UU. armó en
Afganistán a los talibanes, ahora sus
peores enemigos. Nueve
años de demolición de
Irak concluyeron en la
conquista del gobierno
por chiítas partidarios
de Irán, el primer rival
de EE.UU. en la
región. A fuerza de
bombas, la Alianza
Atlántica abre el camino
en Libia a gran parte de
sus enemigos. Todo
aliado de EE.UU.
deviene su víctima o su
adversario.
4.
¿Bastará no hacer nada
para que el imperio se
detenga? En entrevista
televisiva realizada en
marzo de 2007, el ex
comandante de la OTAN
general Wesley Clark
revela que apenas
semanas después del 11
de septiembre de 2001,
comenzada la invasión de
Afganistán, uno de los
generales que trabajaban
directamente con el
secretario Rumsfeld y el
subsecretario Wolfowits
le mostró papeles de la
oficina del Secretario
de la Defensa
diciéndole: "Esto es una
memoria que describe
como vamos a invadir
siete países en cinco años.
Empezando por Irak,
Siria, Libano, Libia,
Somalia y Sudán y para
terminar Irán" (“General
Wesley Clark: plan de
EE.UU. en 2001
para invadir siete países,
entre ellos Libia” www.forosperu.com
13-8-2011).
5. ¿El
latrocinio contra Libia
mejorará la suerte de
las autocracias
petroleras de Bahrein,
Arabia Saudita, Kuwait y
Qatar, de las potencias
que omitieron usar el
veto contra la
intervención, de los
consumidores de
hidrocarburos? Las
compañías imperiales
mantendrán los altos
precios, porque de ellos
dependen sus ganancias
exorbitantes. Las
autocracias petroleras
son útiles como peones
contra los países de la
OPEP todavía
independientes. A medida
que sean sometidos, las
autocracias petroleras
del Golfo devendrán
inútiles, se les pagará
cada vez menos por el
oro negro y sus pueblos
hambreados las
derrocarán. A Rusia y
China ya se las excluyó
del reparto del petróleo
libio. Pronto se las
excluirá del petróleo
mundial.
6.
¿Calmará el saqueo la
agitación global? Si el
botín no alcanza para
las grandes potencias,
menos llegará a los
pueblos. La recesión
incrementará el
desempleo; éste agravará
la discriminación contra
los inmigrados; la
crisis alimentaria
disparará el costo de la
vida; la decisión de los
gobiernos de arrojar el
peso de la crisis sobre
los trabajadores los
hambreará; estos
seguirán bajo las
banderas de la
Indignación, liberándose
del neoliberalismo y
derrocando autocracias
conservadores como las
de Túnez y Egipto.
7.
¿Bastan una crisis
terminal del capitalismo
y una oleada de motines
y de agitación popular
para detonar una
revolución
internacional? Las
fuerzas sociales se
disipan sin maquinarias
o proyectos capaces de
encauzarlas. Durante la
hecatombe neoliberal,
partidos e intelectuales
antes revolucionarios se
entregaron al
Pensamiento Único y
abdicaron la conducción
de la poderosa conmoción
que hoy sacude al
planeta. Urge la
constitución o
reconstitución de
proyectos
revolucionarios y de
partidos radicales
dispuestos a cumplirlos.
Solo esto nos separa de
la Revolución Mundial. |