“El agua impar de
Varadero era el
territorio de la
justa. No soportaba
verse entre los
otros sin parecer el
único. Entre
familias de obreros
que allí premiaban
su sacrificio lo
decía: soy un lobo
de mar ¿Quién se
atreve conmigo a
nadar hasta el
horizonte? Nadie le
hacía caso en su
medianía, solo un
gigante joven con
retraso, hijo de uno
de los mejores
amigos de mi padre.
Todos gritaban para
desalentarlos si
entraban en el mar.
Se confundían con
las toninas a lo
lejos que yo creía
ballenas. Y dejamos
de verlos por un
tiempo larguísimo. Y
vimos
las toninas esta
vez. Siento cuando
se cruzan el
silencio terror de
mi madre, un hombre
entrando en la
vejez, y que sale
del agua, que se
piensa invencible.”
“Encima de una noche
le llamaba a calmar
mi ansiedad. Pasaba
suavemente la punta
de sus dedos por mis
piernas y brazos, y
me cantaba para
dormir “Las
mañanitas”. A esa
hora mi padre era
solo para mí,
después de larga
ausencia — Mi madre,
exhausta de un día
de labor en
solitario, no era
fiel a mis voces—.
Él deslizaba sus
dedos lentamente y
entonaba como en la
serenata un
mexicano. Yo
olvidaba los gatos
que cruzaban mi
ventana, el horror a
lo oscuro, e
ignoraba si al
cubrirnos llegó o se
despedía la sombra.”
“Dice
un escritor que el
mundo se divide
entre los que fueron
acariciados cuando
niños y los que no.
Quizá una persona
que vivió para ti
pero nunca te dijo
que te quiere. Nunca
allanó los caminos
para el beso
espontáneo que
guardabas. Ofreció
calor y comida en
una cueva inmensa.
No descansó por ti.
El cuerpo, en un
espacio del mundo
que creé, que me
crearon. Y quien lo
hizo, quien te llenó
de besos y suaves
roces de seres que
se aman, tiranizó tu
vida cuando te dio
conciencia. Una
huella con filo la
memoria y el pecho.
Con un temblor de
aguas en el fondo
las cosas son.”
“No sé por qué
siempre tengo la
necesidad de hojear
tus libros… mis ojos
metidos dentro de tu
poesía. Siempre
busco encontrar las
mismas imágenes que
me enamoran
extrañamente, y
siempre espero
encontrar más.
Acepto que no tengo
siempre la capacidad
de encontrar más. Tu
poesía va
construyendo su
propio territorio
con restos de otros
territorios reales y
virtuales,
estancados,
sufridos,
desvirtuados de la
conciencia de una
generación; con
restos de cosas:
así: cosas,
circunstancias,
momentos íntimamente
colectivos,
falsedades
históricas,
filosóficas,
comportamientos
humanos. Hay en tu
poesía la ambigüedad
y el alineamiento
artificial de una
generación que ha
intentado de esto
hacer el fuego que
busca lo diferente,
lo verdadero… Hay
también en tu poesía
la mujer de una
manera muy real y no
desvirtuada por la
crema de lo sensual
o de lo que lo
social le ha
depositado. Por
momentos también se
pierde el sentido de
la diferencia sexual
y se queda una bomba
de intelecto, un
oficio, algo vivo en
el aire, con la
agudeza de una
garlopa sacando
lascas a la materia
del lenguaje. Ahora,
lo más importante
que tengo que
decirte es que tu
poesía me sirve para
pensar la poesía.”
Caridad Atencio:
Poeta y ensayista.
Nació en 1963 en La
Habana, Cuba.
Licenciada en
Filología por la
Universidad de La
Habana en 1985.
Trabaja como
investigadora del
Centro de Estudios
Martianos desde
1991, donde ostenta
la categoría de
investigadora
auxiliar, y miembro
del Consejo
Científico de esa
institución. Es una
de las poetas más
importantes de la
llamada Generación
de los Ochenta.
Entre otros
reconocimientos
posee la Distinción
por la Cultura
Nacional. En el 2011
recibió el Premio de
la Crítica por El
libro de los
sentidos. Entre
sus libros se
encuentran:
Salinas para el
potro (poesía)
Ediciones
Extramuros, La
Habana, 2001;
Recepción de Versos
sencillos: poesía
del metatexto
(ensayo) Editorial
Abril, La Habana,
2001; La Sucesión
(poesía) Editorial
Letras Cubanas,
2005; Génesis de
la poesía de José
Martí (ensayo)
Editorial del Centro
de Estudios
Martianos y
Universidad Estatal
a Distancia de Costa
Rica, 2005; Un
espacio de pugna
estética
(ensayo) Ediciones
Matanzas, Matanzas,
2006.