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En Parque Céspedes,
donde se han contado las
mejores historias del
son y la trova cubanas,
un grupo de músicos le
canta a la cintura
sensual de una joven
muchacha. La gente se
reúne a ver qué pasa y
empieza a bailar, porque
no hay nadie en aquella
ciudad del oriente de la
Isla que pueda
resistirse al sonido de
un tambor o una
guitarra. El Septeto
Santiaguero es el
responsable de estas
escenas, incluidas en un
videoclip de su último y
más completo trabajo
discográfico, que acaba
de ganar una nominación
a los Grammy Latinos.
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Se trata de la séptima
entrega de la
agrupación, que a partir
de su fundación en 1995,
comenzó a cultivar las
sonoridades más
populares de la zona
Este del país y hoy se
considera uno de los
exponentes más fieles
del son en Santiago.
Armada con el formato de
septeto, que tuvo su
momento de gloria en los
años 30 del pasado siglo
y un nuevo —aunque
moderado—apogeo hacia
los pasados 90, la
agrupación ha seguido
también los pasos de
Miguel Matamoros, Ñico
Saquito, Arsenio
Rodríguez, Beny Moré, el
conjunto Sierra Maestra,
los septetos Habanero y
Nacional y Son 14.
El Septeto Santiaguero
defiende un son “a su
aire”, han afirmado sus
integrantes más de una
vez a propósito del
lanzamiento del nuevo
álbum. Fernando Dewar,
director del grupo,
señala que detrás del
sonido actual “hay
muchos años de
asimilación de la
filosofía musical de
todos esos grandes que
nos antecedieron, con el
valor añadido de una
concepción tímbrica y
estructural más
contemporánea”1.
De esta manera, la
formación ha
seleccionado un
repertorio que, además
de repasar a los
clásicos de la música
popular cubana, incluye
composiciones propias
que se inscriben también
en el bolero, el
changüí, el nengón, la
guaracha y el danzón.
Oye mi son santiaguero,
el CD que competirá por
el Grammy este noviembre
y que había ganado ya en
la categoría de Música
Tradicional del
Cubadisco 2011, muestra
la habilidad del Septeto
para versionar temas
antológicos de la música
cubana, como es el caso
de “Cuestiones de amor”,
de Adalberto Álvarez.
Asimismo, la placa
incluye la voz de
Reinaldo Creagh (La
Sonora del 38, La
Orquesta Cristal, La
Estudiantina Invasora y
Vieja Trova Santiaguera)
en el corte “Flor de
ausencia”, y en “Oye mi
tono” a Ricardito Ortiz,
exlíder de Los Taínos y
también miembro de Vieja
Trova.
Luego de los álbumes
Septeto Santiaguero
(1996) y Son de
Santiago (1997), el
disco La pulidora,
además de fijar el
carácter definitivo del
grupo, mostró un
significativo trabajo de
rescate del patrimonio
cubano, al traer a la
luz un tema inédito del
fallecido Marcelino
Guerra, donde sobre la
voz y la guitarra
originales, fueron
grabadas el resto de la
instrumentación y las
voces.
Firmados con Nube Negra,
el resto de los discos (La
chismosa, 1991;
Para los bailadores,
2002; y Los mangos
bajitos, 2003),
aunque respondió en
mayor medida a las
demandas de los
bailadores, no exhibió
cambios sustanciales en
la propuesta del Septeto
Santiaguero. Sin
embargo, el último
fonograma, salido bajo
el cuño de una nueva
casa editora (Picap)
luego de cinco años de
impasse en los
estudios, presenta a una
agrupación con energías
renovadas y mucho más
madura, que ha repensado
su sonoridad en función
de recrear el ambiente y
la riqueza musical de su
ciudad de origen. En ese
sentido, Oye mi son…
fue favorecido por
la presencia de los
músicos en Santiago
durante la mayor parte
del proceso de
grabación.
Para el Sepeto —que ha
recorrido más de 15
países desde su
fundación y ha realizado
la mayor parte de sus
discos en Europa— la
Casa de la Trova, el
Patio de Los Dos
Abuelos, el Salón del
Son y los parques de
Santiago de Cuba siguen
siendo el entorno vital.
El santuario de la trova
de la calle Heredia vio
nacer al conjunto
Melodías del Ayer, del
cual se desprendió el
Septeto que hoy acoge a
Dewar en el tres,
Inocencio Heredia e
Ismael Borges en las
voces y percusión menor,
Rudens Matos en la voz y
la guitarra, Dayron
Aguilera en el bajo,
Alberto Castellanos en
la tumbadora, el bongó y
la campana, y Eddy
Lobaina en la trompeta.
La recolocación de la
música tradicional
cubana en el extranjero
luego del éxito del
Buena Vista Social Club,
ha abierto el camino
para que varios grupos
puedan acceder a
certámenes
internacionales como el
de la Academia Latina de
Grabación de Artes y
Ciencias, en cuya lista
de nominaciones se
incluyeron el año pasado
—por solo citar el
ejemplo más reciente—,
tres formaciones de la
Isla: el Septeto
Habanero, el conjunto
Sierra Maestra y el
disco Cien sones
cubanos, producido
por Edesio Alejandro.
Este 2011, con su nueva
reverencia al son, el
Septeto Santiaguero
comparte, junto al CD
Son de altura,
de Adalberto Álvarez, el
reconocimiento de haber
sido elegido entre los
mejores exponentes de la
tradición musical de
Cuba y del continente.
Nota:
1- En entrevista para la
revista Worl Music. |