La Habana. Año X.
1ro al 7 de OCTUBRE
de 2011

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Una actriz de excelencia
Roberto Gacio • La Habana

Una actriz de excelencia, directora trascendental y siempre profesora, investigadora, técnica de altísimos quilates que constituye un genuino paradigma de la escena y de la cultura de la nación. Esa es Berta Martínez López (Yaguajay, 7 de abril de 1931).

La vi por primera vez a finales de 1957, en la pequeña y mítica sala Prometeo de Prado 111, cuando actuaba en el difunto Sr. Pic.

Había presenciado diferentes puestas en escena en los pequeños teatros de bolsillo, pero comprendí de inmediato al visualizar su caracterización de aquella anciana dominante y posesiva que yo estaba al fin frente al verdadero arte de la actuación, y cuál sería mi asombro al observar su juventud cuando, al terminar la representación, se acercó al proscenio para saludar a Adolfo de Luis, uno de los agradecidos espectadores.

¿Cómo iba a imaginar que solo dos años después iba a formar parte del conjunto de cortesanos y jueces de Santa Juana, de Bernard Shaw, que ella dirigió y protagonizó en Bellas Artes, cuando aún era el que les habla, un estudiante de la Academia Municipal y comenzaba en el ámbito profesional?

La heroína de Orleans obtuvo en su interpretación todos los matices y transiciones posibles, desde la ternura de la adolescencia hasta la luminosa transfiguración de su autodefensa ante los despiadados inquisidores.

Más adelante, en Fuenteovejuna, dotó a la reina Isabel de la inteligencia y argucias inherentes a su status y a los intereses que defendía.

Ya en Teatro Estudio, al incorporarse a la muda de Madre Coraje, realizó una de las múltiples faenas históricas e irrepetibles que guarda como regalo su escogido repertorio. Patetismo, lucidez, visceralidad se unieron aquí para dejarnos un recuerdo conmovedor cuando en la última escena, trataba de avisar a través del tambor el peligro que se avecinaba.

Luego en la pieza del inolvidable Héctor Quintero, Contigo pan y cebolla, su Lala Fundora creó un paradigma al sintetizar en la conducta y gestualidad del personaje, los rasgos reconocibles y perdurables de la sufrida madre cubana de la etapa prerrevolucionaria, tres actos diferenciados hasta la perfección a partir de las respectivas cadenas de acciones mediante las cuales transmite los diversos estados emocionales en la evolución cronológica del personaje.

En otros memorables estrenos, se hace ineludible recordar a la Duquesa de Belfor de El perro del hortelano, plena de contradicciones, debatiéndose entre el amor y el rango cortesano que ostentaba. El decir virtuoso del verso, sus deslizantes desplazamientos, casi volátiles sobre una enorme y enrevesada escalera y el manejo del vestuario de época eran entre otros muchos, logros incuestionables.

Años antes en mi academia, el reconocido diseñador Andrés García la señaló como una de las escasas actrices que sabían llevar y trasladarse con trajes de suma elegancia.

Debo añadir, por supuesto, la Esposa de La ronda, papel en el cual derrochó elegancia, encanto, coquetería y una gestualidad exquisita.

La Directora

Como directora artística, la Martínez impuso un sello muy particular, sus producciones se sustentan siempre en conceptos dialécticos, como ella misma ha señalado, entre la naturaleza humana, el arte y los vasos comunicantes entre estos dos términos con la psicología y sociología.

Sin traicionar nunca los principios esenciales de los actores escogidos, Berta ha sido en la dirección una y múltiple. Podemos reconocerla en La casa vieja, más apegada al realismo poético. Sin embargo, en Todos los domingos y ¿Quién pidió auxilio?, quizá es más onírica, abarcando el expresionismo y el absurdo.

En este breve recuento, no puede faltar Don Gil de las calzas verdes. Hermosa puesta, imaginativa, compleja en su composición escénica, sus imágenes deslumbrantes recuerdan las creaciones plásticas del barroco español. Sus diferentes escenas quedaron en la memoria como lienzos incomparables por su materialidad, color y juego teatral. Don Gil… resulta una de las joyas de la corona esplendente de sus éxitos.

Como máxima especialista en el teatro de Federico García Lorca, a quien tanto admira y ha estudiado, sus puestas en escena deviene modélicas plasmaciones artísticas. Primero fue Bernarda Alba, teatro de laboratorio y experimentación por la consecuente síntesis dramatúrgica y el empleo de los lenguajes no verbales y simbólicos.

Continúo con La casa de Bernarda Alba, donde los actores como una de sus constantes conformaban la escenografía que utilizó las acotaciones del texto para extrañar situaciones, escenas, diálogos.

Esa Bernarda Alba resultó sobria, expresiva, austera, como lo exigía la terrible tragedia de mujeres solteras, a pesar suyo, bajo el yugo despótico de una madre que pone por encima el orgullo y los interese de clase.

La zapatera prodigiosa trajo todo el encanto, la luminosidad y el colorido inherente a su dramaturgia, pero le permitió ahondar en el terrible mal de chismes, murmuraciones y el qué dirán que ponen en peligro el amor y los valores humanos más esenciales, como bordada en canevá, esta farsa colorida mostró una fina sensibilidad, a la par, de una visualidad filigrana.

Bodas de sangre, tragedia mayor lorquiana, le permitió lograr un espectáculo majestuoso, hondo, inquietante y aleccionador acerca, entre otros aspectos, de las catastróficas consecuencias de los matrimonios concebidos bajo los intereses económicos. La escena de la boda queda como inteligente interpretación de las técnicas stanislasvkiana y brechtiana, las cuales funden en un crisol que denotan su creatividad y el estilo que la caracteriza.


Bodas de sangre

La presencia de los recursos plásticos en sus variadas posibilidades forma parte de su imaginario y de su concreción escénica. Podemos percibirla en las construcciones de sus realizaciones, lo mismo en la distribución espacial, la composición general y particular de cada escena, las imágenes totales y las citas reelaboradas de los grandes pintores de la humanidad. También se destacan los conjuntos coreográficos que tanta relevancia y energía otorgan a sus representaciones. Todo ello favorecido por su conocimiento y dominio de la iluminación, no solo como hecho dramático, sino también al formar parte raigal de las imágenes seleccionadas.

Un aparente viraje en cuanto a temas, y movidos con el propósito de indagar en la herencia de nuestra identidad resultaron La verbena de la paloma y Las leandras, nuevas lecturas de zarzuelas tan conocidas de la escena española. Ella a través de sus búsquedas conceptuales logró imbricar nuestro sainete y la tríada del negrito, el gallego y la mulata, hermoso homenaje al teatro vernáculo.

En estas reproducciones donde encontramos de igual manera su consecuente poética, hay una valoración de la música, el baile y el canto propios de su tiempo, pero a la vez, actualiza con referentes cotidianos de nuestros días la acción, lo cual las hace más cercana al receptor.

Investigadora por antonomasia, en su vasta obra siempre descubrimos el acucioso análisis de los lenguajes y artificios del hecho teatral.

El afán perseverante por reconocer el trabajo del actor como creación cultural, humana, social y revolucionaria, se encuentra entre sus más caros afanes.

Siempre le ha interesado brindar al público su versión del mundo y el análisis evolutivo de la sociedad cubana y universal.

Insiste y trabaja sin cesar en el ideal de un actor vivo, sensible, comprometido con las ideas más avanzadas y transformadoras.

Humanista, consecuente tanto en la vida, como en el arte, Berta Martínez ha sido y es fiel a su visión del teatro, renovándose sin traicionar la esencia del mismo, como vehículo del pensamiento dialéctico y promoviendo a la reflexión y el intercambio inteligente con el espectador, de ahí que se muestre vital y actuante.

Maestra por excelencia, formadora de sucesivas generaciones de intérpretes y estimulante para los ya experimentados por su ejemplo y sus consejos. Ella ostenta las más altas condecoraciones y reconocimientos que otorga el estado cubano.

Admirada y reconocida por la crítica y los especialistas desde hace muchos años, su presencia, a través de las puestas en escenas, ha tenido resonancia, sobre todo en Europa. Hoy en este feliz cumpleaños de 80 hermosas primaveras, quiero poner de relieve ante todo, su profunda cubanía, la firmeza de criterios: patrióticos, artísticos, personales. Esa autenticidad e hidalguía, la sensibilidad hacia los demás, la manera de compartir hallazgos y reflexiones con los sentidos que se le acercan para enriquecerse en algo de ese surtidor de sabiduría que posee.

Celebro esta pasión sin límites que te acompaña.

Este texto fue leído en el homenaje a Berta Martínez, por sus 80 años de vida, organizado por la Sección de Crítica a Investigación Teatral de la Asociación de Artistas Escénicos de la UNEAC el pasado 9 de septiembre de 2011.

 
 
 
 


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