|
Michaelis Cué
(Actor)
Guardo recuerdos
imborrables de mi
trabajo con Berta en
Madre Coraje y sus hijos
dirigida por Vicente
Revuelta. Conservo una
foto histórica que nos
muestra en la carreta
junto con Pancho García
y Raquel Revuelta. Yo
era muy joven entonces y
jamás olvidaré a Berta
llamándome aparte y
dándome consejos
oportunos. Era obsesiva
y rigurosa en su
trabajo, noble en
prodigar su
experiencia. Estaba al
tanto de todos los
detalles. Viéndola
construir su personaje,
apreciando su
maestría en
la elaboración de la
cadena de acciones y
recordarla ahora en su
interpretación de
Catalina la muda,
reconozco mi escuela.
Aprovecho este espacio
en La Jiribilla
para darte las gracias,
Berta.
Carlos
Alberto Cremata
(Director de la compañía
teatral La Colmenita)
Soy discípulo de Berta
más que directo. Fui su
único alumno en el ISA
en la carrera de
Dirección Teatral que me
convirtió académicamente
en director de teatro en
el año 1992.
Prácticamente todo lo
que sé sobre Teatro se
lo debo a ella, pero no
solo te hablo de la
estética teatral, sino
sobre todo de la ética
artística.
Cada vez que pienso cómo
tratar de ayudar a la
educación artística y
cívica de los cientos de
niñas y niños que
habitan La Colmenita,
pienso en cómo lo haría
Berta Martínez, pienso
mucho en cuando la vi
dirigir tantas y tantas
veces, su extrema
preocupación por el
detalle, su tan devota
dedicación al actor, su
extraordinaria sencillez
cuando de pronto se vira
en medio de un ensayo y
le explica lo más
sublime a quien tenga al
lado, sea un entendido o
no... Su auténtico y
apasionado amor al
Teatro y al ser
humano... Todos los días
de mi vida bendigo el
privilegio que me dio la
vida de haberme formado
viendo, escuchando y
tratando de seguir los
pasos de Berta Martínez,
mi Maestra adorada...
Doris
Gutiérrez
(Actriz y directora
teatral)
Puedo decir que los años
que pasé en Teatro
Estudio fueron una
verdadera escuela para
mí y para muchos otros
jóvenes de mi
generación. Aprendimos
mucho del rigor y la
disciplina. Y sobre todo
de la búsqueda
incansable de la calidad
artística, de lograr un
arte que elevara el
espíritu del artista y
del público. Guardianes
incansables de estas
aspiraciones eran Raquel
Revuelta, Vicente
Revuelta, Abelardo
Estorino, Armando Suárez
del Villar, Héctor
Quintero y quien ha
marcado muy
profundamente nuestras
carreras, Berta
Martínez. Con Berta se
aprendía hasta viéndola
actuar. Y si además
podías formar parte de
un elenco trabajando a
su lado, la experiencia
se volvía especialmente
enriquecedora como fue
la puesta de Héctor
Quintero de su obra
Contigo pan y cebolla
donde fui su hija
durante casi diez años.
Luego, trabajar bajo su
dirección en Don Gil
de las calzas verdes,
Bodas de sangre y
La casa de Bernarda
Alba fue como hacer
un posgrado y donde
descubrí el camino de la
dirección. Fue Berta sin
saberlo, solo con verla
dirigir, quien me hizo
sentir que me gustaría
hacer esta labor.
Después de algunos años
ya en La Compañía Hubert
de Blanck pude poner en
práctica todo lo que
había aprendido con
Vicente y con Berta.
Tengo que decir que las
veces que me desempeñé
como directora siempre
tuve presente a Berta y
su modo de dirigir y
muchas veces me
sorprendí pensando cómo
Berta encararía
determinado aspecto o
cómo Berta expresaría
tal problema para
comprensión de los
actores. Ella ha sido
siempre un misterio y
una revelación de alta
poesía escénica. |